Imágenes de la final de la Copa del Rey que se jugó en Sevilla en 1925
Imágenes de la final de la Copa del Rey que se jugó en Sevilla en 1925 - ABC

Final de la Copa del Rey 2019: La cuarta final sevillana

Barcelona y Valencia ya fueron campeones de la copa del rey en el estadio Reina Victoria y La Cartuja; el Zaragoza se llevó la última

Mateo González
SEVILLAActualizado:

En Sevilla se levantará la Copa del Rey por cuarta vez. Se estrenó con Alfonso XIII, en dos ocasiones fue Juan Carlos I y el sábado la entregará Felipe VI. Barcelona y Valencia, protagonistas del duelo en el Benito Villamarín, ya alzaron el trofeo en tierras hispalenses. El otro triunfador fue el Zaragoza. Tres ediciones previas a la que ahora se acerca con mucha historia y peculiaridades en un escenario diferente a los anteriores.

La primera final de la Copa del Rey que se jugó en Sevilla fue el 10 de mayo de 1925 en el desaparecido estadio Reina Victoria, que se encontraba en la Avenida de la Palmera, muy cerca del puente de las Delicias y del Hospital Fátima. Inaugurado el 21 de octubre de 1918, fue el feudo del Sevilla en aquellos años antes de trasladarse a Nervión de manera definitiva. La gran final la disputaron el Barcelona y el Arenas de Guecho. Las crónicas de la época cuentan que el viento influyó mucho en ambos conjuntos. Mundo Deportivo dudaba de que Sevilla hubiera llegado a ser una ciudad «futbolista» puesto que el lleno no fue «absoluto» y porque no se acogió con entusiasmo la celebración de este encuentro. En lo meramente deportivo venció el conjunto catalán por 2-0 gracias a los tantos de Samitier y Sancho pero destacó sobre todos Paulino Alcántara y también tuvo una buena actuación el meta Plattko. Unos 6.000 espectadores se acercaron hasta el estadio Reina Victoria para ver al Barcelona lograr su sexto título copero.

Hasta 75 años tuvo que esperar Sevilla para albergar otra final de la Copa del Rey. Esta vez fue en el Estadio de la Cartuja ante 45.000 espectadores. Llegaron Atlético de Madrid y Valencia. Y fue la noche de Mendieta, que sentenció en la primera mitad brillando con su polivalencia. Claudio Piojo López abrió el marcador en el minuto 21 tras un inicio arrollador de los de Claudio Ranieri. El tanto de Mendieta con un sombrero y volea será recordado como el mejor gesto técnico de esa final. El 2-0 que la sentenció. Luego llegó el tercero, obra de Claudio López en el tramo final del encuentro, pitado por Díaz Vega, que repartió muchas cartulinas amarillas a los atléticos, que no sabían cómo frenar al Valencia, que logró el título 20 años después. Pedro Cortés, su presidente, tenía tal alegría que señaló a los medios de comunicación que se iba a tirar «desde la Giralda volando y sin alas». Radomir Antic dirigía al equipo de un Jesús Gil que quiso aguar la fiesta del Valencia al anunciar que Ranieri estaba fichado por el Atlético para la siguiente temporada. Curiosamente el italiano acabó fracasando y el equipo rojiblanco descendió en esa 1999-2000 a Segunda división. Ranieri sólo dirigió al Atlético los primeros 23 partidos.

Dos años después, el Estadio de la Cartuja volvió a ser sede de la final de la Copa del Rey, pero sólo acudieron 38.000 personas. Era el turno para el Celta y el Zaragoza, que volvían a verse las caras después de la final del 94 que se llevó el bloque maño en los penaltis, entonces entrenado por Víctor Fernández. El Zaragoza en 2001 se salvó del descenso en la última jornada y se presentó en Sevilla con hambre de título. Y lo consiguió ante el Celta, precisamente, de Víctor Fernández, el técnico que había llevado a los aragoneses al triunfo en la Recopa de 1995 con aquel inolvidable gol de Nayim a Seaman. Los vigueses, con un equipo para recordar (Cáceres, Berizzo, Karpin, Mostovoi, Gustavo López...), se adelantaron gracias a Mostovoi en el minuto cuatro pero el Zaragoza fue implacable en su reacción. Aguado empató y justo antes del descanso marcó Jamelli de penalti el 1-2. El Celta, que era el favorito y que buscaba su primer título copero después de tres derrotas previas en finales (1908, 1948 y 1994), trató de reaccionar pero los aragoneses se defendieron bien y sentenciaron con el tanto de Yordi en el descuento, ya con diez justo tras la expulsión de Pablo Díaz. Las lágrimas del celtismo por otra final perdida fueron una imagen inolvidable.