Liga para el Betis en domingo de Feria
El capitán, Unamuno, recoge la copa en las oficinas del Athletic, anterior campeón, ante el presidente, Moreno Sevillano - ABC
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Liga para el Betis en domingo de Feria

Nada existe más allá de cuanto representan el Real Madrid o el Barcelona, inevitables aparceros in eternum

sevilla Actualizado:

Een otros tiempos. Unos tiempos que, contrariamente a lo que se pudiera pensar, llegaron a extenderse hasta la temporada 2003-04 cuando el Valencia se proclamó último campeón intruso de Liga tras vencer al Sevilla por 0-2 en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, en la antepenúltima jornada. Hasta hace un decenio, la Liga española no era aún el insufrible duopolio en que —consecuencias de un torticero reparto de los derechos televisuales— la han convertido tenaz e implacablemente, desalojándola así del nido de palpitante y plural interés competitivo. Nada existe más allá de cuanto representan el Real Madrid o el Barcelona, inevitables aparceros in eternum en la heredad de una competición de la que ya se reparten entre sí diez de los 12 títulos cosechados en lo que va de siglo XXI, ya que la mayor parte en las ayudas de la PAC peloteril —algo al respecto debería decir ya la Bruselas futbolera...— es para ellos.

Hasta la temporada 1934-35, el dominador de la Liga, fundada en la campaña 1928-29, fue el Athletic de Bilbao con tres títulos, por dos del Madrid y uno del Barcelona, obtenido precisamente en la inauguración del torneo. A partir de esa campaña, la nómina de campeones se vio incrementada con la inclusión del nombre del Betis Balompié, que por imperativo de la tolerancia en la idílica II República (por los co... lores rojo, gualdo y morado) vio suprimido su título regio. Un Betis que, aun estando en Segunda, ya había sido finalista de la Copa de España en 1931. Un Betis, en suma, que se convertiría en la temporada 1932-33 en el primer equipo andaluz en Primera y que sólo un par de años después habría de reunir, con más acierto y eficacia en la gestión que dinero y medios, un equipo capaz de proclamar en aquellos tiempos a toda España que el fútbol del Sur también existía... Un equipo —mister Patrick O'Connell de entrenador, Antonio Moreno Sevillano en la presidencia— que ya en el arranque de la temporada 1934-35 derrotó por 0-1 al mismísimo Madrid en el viejo Chamartín y que en la tercera jornada se encaramó en la primera posición, tras haberla ocupado efímeramente Barcelona y Athletic, para no abandonarla en ajustada pelea con los madridistas, subcampeones, hasta la conclusión de la campaña el 28 de abril de 1935.

Ese día fue domingo de Feria; una Feria en el Prado de San Sebastián con sólo cuatro días, más familiar e íntima, pero tan animada como la actual en Los Remedios, de mil y pico de casetas y seis días más los añadidos a pesar de la tiesura vigente en unas carteras que se muestran cual mojama de Barbate. En aquella Feria del 35 también llovió, y mucho, y en la caseta del manicomio de Er 77, la de los inefables Marqués de las Cabriolas y Conde de las Natillas, ambos palanganas, se homenajeó a Agustín López Macías, el gran Galerín. Mientras, en la otra punta del mapa, en Santander, Urquiaga; Areso, Aedo; Peral, Gómez, Larrinoa; Saro, Adolfo, Unamuno, Lecue y Caballero golearon por 0-5 al Racing en El Sardinero e hicieron bética la Liga, cuya copa fue recogida en Bilbao, por ser el Athletic el anterior campeón, antes de volver a una Sevilla que vibró en verdiblanco. En el agasajo del Ayuntamiento —Isacio Contreras, alcalde—, el presidente sevillista, Ramón Sánchez-Pizjuán, ensalzó la gesta bética y se fundió en un abrazo con su homólogo bético, Moreno Sevillano, colegas en el foro.

Aquel Betis campeón se desmembró pronto. El defensa Areso y el delantero Lecue, ambos internacionales, fueron vendidos poco después —necesidad de hacer caja— a... Barça y Madrid. ¿Le suena la historia?