55 años del Ramón Sánchez-Pizjuán

Por  16:30 h.

Cuando Ramón Sánchez-Pizjuán, allá por los años 30, imaginó en su mente un nuevo estadio para su Sevilla del alma, seguramente no llegó al extremo de pensar que su sueño se haría realidad décadas después y que la magna obra, pasado más de medio siglo desde su inauguración, pasa por ser uno de los estadios con más solera y tradición del fútbol español e incluso europeo. Hoy hace nada menos 55 años que el Sevilla y el Real Jaén inauguraron el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, bautizado con el nombre del mejor presidente de la historia de la entidad y creador de un proyecto, el de dotar al Sevilla de un gran estadio mejor que el antiguo de Nervión, que nunca llegó a ver hecho realidad. Su inesperada muerte lo impidió, aunque el sevillismo asegura que fue el primero en ocupar asiento en el tercer anillo, ese que se construyó antes que los otros dos para que el legendario presidente no perdiera detalle.

Hablar del Sánchez-Pizjuán equivale a nombrar buena parte de la historia del fútbol en España. Por las tardes de gloria y penuria que allí ha pasado el Sevilla, por el idilio invencible de su hinchada con la Selección nacional (el jugador nº12), por aquella final de la Copa de Europa perdida incomprensiblemente por el Barcelona, por el legendario zurdazo de Antonio Puerta (fallecido precisamente sobre el césped del coliseo sevillista), por el Mundial de 1982, por los derbis con el Betis, por los casi 50 años que permaneció invicto en Europa. Por tantas y tantas leyendas del balompié patrio. Más de medio siglo de fútbol, más de medio siglo de anéctodas e historias que contar. En 1956, muy poco después de la muerte de Sánchez-Pizjuán, fue colocada la primera piedra. Dos años más tarde, un 7 de septiembre, Arregui (Jaén), hacía el primer gol. El encuentro acabó con empate a tres, pero eso fue lo de menos.

El Sánchez-Pizjuán pasa por ser uno de los emblemas intocables del sevillismo, casi a la altura del escudo y la bandera. No en vano, fueron los propios hinchas del Sevilla quienes aportaron dinero para rematar las últimas obras del coliseo, allá por 1975. Eso lo proclama siempre orgulloso el sevillista. Por problemas económicos del club y políticos de la ciudad (se había construido un mega estadio para una candidatura olímpica que nunca fructificó), en los años 90 se especuló con la posibilidad de que el Sevilla trasladara su sede al Estadio de La Cartuja, vendiendo el Sánchez-Pizjuán para poder saldar sus deudas. La afición encolerizó, pero sólo la época de bonanza surgida a principios del siglo XXI desterró la idea. Del Nido prometió en época de bonanza una ambiciosa remodelación que hasta ahora no ha podido acometer. Pero en pleno 2013, 55 años después de aquel Sevilla-Jaén, el estadio que proyectó Manuel Muñoz Monasterio (el mismo que diseñó el Bernabéu o Mestalla) y que una vez soñó Ramón Sánchez-Pizjuán, sigue siendo el epicentro del orgullo sevillista. En cualquiera de sus tres anillos.