Atlético – Sevilla (1-1): Un punto y muchas enseñanzas para el futuro

El Sevilla se repuso con un tanto de Sarabia ante un Atlético que fue de más a menos y a punto estuvo de asaltar el Wanda Metropolitano

Por  9:38 h.

Un punto en Madrid contra el Atlético siempre debe ser una buena noticia, sobre todo con un Sevilla con dudas y complejos agravados en los duelos ante el Girona y el Leganés. Lo de ayer en la segunda parte, sin embargo, fue otra cosa. Rabia y orgullo, lo único que jamás puede faltar en un profesional. Ayer lo hubo. Fue tarde, es cierto, pero casi le sirve para asaltar el estadio más complicado de LaLiga si no llega a cruzarse con el omnipresente Oblak. De la decepción y el bochorno de los dos últimos duelos, partidos, ambos, donde el Sevilla perdió cualquier inercia positiva y quedó desdibujado, a generar (en la segunda parte del Wanda) el único modelo que te permite creer: dándolo todo. Los grandes, los ganadores, siempre lo hacen, pero, además, lo mantienen en el tiempo. Alguien se puede explicar cómo Rafa Nadal puede llevar tantos y tantos años demostrando su altísimo nivel. Las cualidades que tienen son indiscutibles pues jamás hubiera llegado a la cima, pero su gran diferencia radica en la mente. La mentalidad: dándolo todo. Creer.

Ayer, una vez más, el Sevilla tiró a la basura los primeros 45 minutos y, probablemente, con un Atlético más acertado el partido se hubiera quedado ahí. El Sevilla, sea por la razón que sea, se desconectó. No lo dio todo, como ante el Girona o el Leganés. Seguramente, hasta los periódicos capitalinos, visto lo visto en la primera parte, estarían ya preparando los titulares de fiesta del Atlético en la despedida de Godín. Todo estaba preparado. Era cuestión de tiempo. Porque desde que el colegiado del partido, De Burgos Bengoetxea, pitó el inicio del encuentro, los del Atlético parecían más en el terreno de juego. Los locales corrían con el balón y los sevillistas miraban sin corazón. Muy duro. Pero más duro era pensar que a pocos podía sorprenderle ese escenario. Con muy poquito, y con un Simeone mucho más tranquilo que de costumbre, el Atlético era capaz de desnudar las carencias del Sevilla y se abría paso rompiendo líneas. Era más de lo mismo. Pero con el Atlético enfrente y siendo el aficionado sevillista consciente de que en cualquier momento lo más sensato sería olvidarse de la ilusión por conseguir algo positivo en el Wanda. Uno, dos, o tres toques eran suficientes para que Vaclik empezara a sentir el aliento de los Griezmann, Morata y compañía. Demasiados problemas e infinitos espacios los que se dibujaban cerca del área sevillista. Al poco de empezar el encuentro, el meta checo intervino de manera excepcional para salvar a su equipo a remate de cabeza a bocajarro de Morata.

En la acción siguiente ya no habría perdón. Koke aprovechó las dudas defensivas del Sevilla y su disparo, tras tocar en Kjaer, le daría el primer gol al Atlético. Para más inri, Gonalons, lesionado (los problemas que está teniendo el francés son para analizarlos) tuvo que abandonar el terreno de juego y entraría Amadou. Tocaba pensar en cuántos podría marcar el Atlético a un Sevilla con la mirada perdida. La escena de la afición del Atlético mostrando con aplausos y cánticos su complicidad con Godín, y el hambre de los delanteros locales hacían presagiar lo peor, más aún cuando tras el descanso Caparrós se vio obligado a quitar a Kjaer, con problemas estomacales, y dar entrada a un carrilero, Aleix Vidal. Sin embargo, la probatura surtió efecto desde el principio. El Sevilla se estiró y con Rog, que entró poco después por Roque Mesa, el equipo se reinventó y olvidó los males anteriores.

Basta, muchas veces, con ver la cara de los futbolistas mientras juegan. Cuando sufren quedan delatados y las miradas pierden brillo. Ver a Navas correr detrás tantas veces de un jugador del Atlético duele. No porque al de Los Palacios le cueste, sino porque su fútbol está, sobre todo, para otras cosas. El cambió de tornas se generó por la derecha, con Navas más preciso arriba, y se pasó a la izquierda, con el Mudo Vázquez, capaz de poner un balón en largo a Sarabia para que el madrileño empatara y rompiera el guión que querían en el Wanda. En el 69, empate. Y la vuelta a los orígenes de un Sevilla que empezó a creer en su juego y que a punto estuvo de asaltar el Wanda si Sarabia, en una ocasión, si cabe, más clara de la que acabó en gol, y Aleix Vidal, en el descuento, hubieran estado acertados. Darlo todo siempre fue creer.

Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Redactor de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (Jefe de Deportes de ABC Sevilla). Profesor/Doctor en Comunicación (Univ. Loyola Andalucía). #ABP (SFC TV). Canario en Sevilla
@Alex_Pozo9 me alegro mucho por ti... Sigue igual. Abrazo - 15 horas ago