Messi celebra uno de sus goles
Messi celebra uno de sus goles

Barcelona-Sevilla: retratado tras sufrir un sometimiento

El equipo de Sampaoli deambula por el Camp Nou y sigue con su caída libre en LaLiga

Por  10:34 h.

A peor. Así va el Sevilla. La caída libre parece no tener fin, por más que haya palabrería desde el cuerpo técnico y el consejo de administración. El ridículo de los de Nervión ayer en Barcelona es inadmisible para un equipo que, hasta hace no mucho, le estaba peleando LaLiga tanto al cuadro culé como al Real Madrid. Pero parece que eso era un espejismo, porque  lo cierto es que el Sevilla actual da pena. Jorge Sampaoli ha perdido el rumbo y ha hecho que todos los jugadores sean peores. Motivos hay muchos, desde el desgaste físico, hasta la injusticia del entrenador a la hora de dar la camiseta de titular. Porque, por ejemplo, que Nasri juegue por decreto no tiene lógica, a no ser que esté firmado por contrato. Pero el del francés no es el único caso, ya que hay otros muchos futbolistas que ni siquiera le ponen ganas sobre el terreno de juego. De eso tiene mucha culpa Sampaoli, quien vendió el sometimiento como su estilo de juego y lo cierto es que poco de él se ha visto a lo largo de la temporada. Por supuesto, nada anoche.

Y lo peor es que no se trata de un partido aislado, algo que valdría de excusa si encima miramos que enfrente estaban Messi y compañía. Lo realmente duro es que este equipo parece haber bajado los brazos cuando todavía quedan ochos jornadas. Es decir, otros tantos partidos para intentar llegar a la tercera plaza, aunque ahora, para ser realistas, a ningún sevillista se le pasa por la cabeza otra cosa que no sea pensar en la cuarta plaza. Después de la mediocridad ante Alavés, Leganés y Sporting de Gijón, lo de ayer no pilla por sorpresa, pero eso no significa que tenga justificación. Es inexplicable la deriva a la que va un Sevilla que hasta hace no mucho recibía elogios por muchos aspectos. Ahora todo ha cambiado, todo va a peor, hasta el punto de que la autoexpulsión de Vitolo ejemplifica a la perfección el estado de ánimo por el que pasa el club, no sólo el equipo. La impotencia es la nota predominante desde hace algo más de un mes, de ahí que se entienda el nerviosismo que reina dentro de la entidad. Porque en Barcelona no sólo se quedaron tres puntos más, sino también mucho orgullo. Y todo esto no hace más que empeorar la situación para el encuentro del sábado ante el Deportivo de la Coruña. Jugar en casa se ha convertido en un suplicio para el Sevilla debido a los malos resultados y, sobre todo, al pésimo ambiente que se respira en el Ramón Sánchez-Pizjuán, el cual no parece que vaya a mejorar en la próxima cita. Más bien todo lo contrario. Incluso el homenaje a Monchi puede quedar relegado a un segundo plano como los de Nervión no se pongan por delante pronto. La situación de José Castro no es nada cómoda y, además, no está llevando bien de forma pública ninguno de los temas candentes del Sevilla. Los malos resultados, el tema de la afición y la marcha de Monchi le han hecho mucho daño al presidente, quien ahora también tiene que lidiar con el asunto de Sampaoli. El entrenador, inmerso en una crisis de resultados e identidad, se permite el lujo de exigirle públicamente al club un proyecto ambicioso o no seguirá. Ya es hora de que todo vuelta a su sitio. En el césped y fuera de él.

Del partido en sí tampoco hay mucho que contar, sobre todo si tenemos en cuenta que la segunda parte sobró porque el Barcelona ya tenía los tres puntos en el zurrón y se puso las chanclas. El dominio de los culés apareció nada más pitar el inicio el colegiado, aunque es cierto que Nzonzi pudo cambiar el encuentro si llega a marcar la ocasión que tuvo al cuarto de hora. Pero ahí desapareció el Sevilla. Llegaron entonces nueve minutos letales del Barcelona y el partido pasó del 0-0 al 3-0. Luis Suárez y Messi, por partida doble, sentenciaron gracias, en gran parte, a la fragilidad defensiva de los de Nervión. Nadie se salva, pero la realidad es que Mercado y Lenglet salieron en demasiadas fotos. Aunque si realmente hubo un jugador que enfadó al sevillismo, ése fue Nasri. El francés, como lleva haciendo desde que volvió de las vacaciones de Navidad, deambuló por el campo, volvió a tirar la camiseta. Su falta de actitud hace incompresible verlo partido tras partido como titular. Pero ni ahí acierta un Sampaoli que ahora mismo parece haber tirado la toalla y que vuelve a estar despistado con los cantos de sirena que le llegan de otros equipos y de la selección argentina.

Aun así, es cierto que el Sevilla mejoró en la segunda mitad y que, por lo menos, el Barcelona no le volvió a pintar la cara. La explicación, aparte de los cambios realizados por el técnico argentino (entraron Kranevitter y Sarabia por Mercado y Nasri), es que los de Luis Enrique se centraron en pesar en la próxima jornada. Eso provocó que los de Nervión tuvieran alguna que otra oportunidad, sobre todo gracias al trabajo de Sarabia, el único que le puso orgullo, calidad y cabeza. Del resto no se salva nadie, porque hasta Vitolo, que lo había intentado como siempre, cometió una imprudencia al buscar la expulsión que le hará perderse la cita del sábado ante el Deportivo de la Coruña. El partido ante los gallegos se ha convertido en una final para muchos. Para el equipo, si no quiere empezar a ver peligrar la cuarta plaza. Para Sampaoli, porque cada día está más cuestionado. Y para Castro, porque muchos le responsabilizan de todos los males del club. La temporada ilusionante va camino de ser una de las mayores decepciones de los últimos años.

Ramón Román

Ramón Román

Redactor Jefe de Deportes en ABC de Sevilla
Ramón Román
@jmtc13 Se puede contestar con más respeto y, sobre todo, con más coherencia. Si no he visto jugar, más allá de alg… https://t.co/sFMABSfdBI - 7 horas ago