Koundé celebra su gol ante el Bergantiños (Foto: Alexandre Varela)
Koundé celebra su gol ante el Bergantiños (Foto: Alexandre Varela)

Bergantiños – Sevilla: A la segunda ronda y aviso para lo que viene (0-1)

El Sevilla venció por la mínina con el gol de Koundé en la primera parte en Riazor ante un Bergantiños que nunca se dio por vencido

Por  9:37 h.

Con barro. Con frío y mucha lluvia. Con un estadio, el de Riazor, acostumbrado no hace mucho a vivir acontecimientos de primera línea europea, prácticamente vacío, y con apenas más gritos que los que llegaban desde el banquillo con Lopetegui desgañitándose, no recordará el sevillismo por mucho tiempo el encuentro de ayer ante el Bergantiños. Lo mejor, posiblemente, sea olvidarlo. O, como máximo, aprender de él. Había que jugarlo, ganarlo y fin. Lo hizo. Pero con sufrimiento; demasiado al final. La nueva Copa. El otro fútbol; feo, pero igual de válido; sin grandes alardes técnicos, pero sí muy físico; el de una competición que quiso premiar a los equipos débiles, y que plantea ahora, tal y como se desarrolló el encuentro, la duda de qué hubiera podido pasar si la RFEF no hubiera desterrado a los del Bergantiños a Riazor.

Aunque ganó, el Sevilla no hizo lo que tenía que hacer ante un rival menor. Venció, pero las fatiguitas ya nos se las quita nadie. La superioridad de los de Nervión, patente desde el principio, no fue suficiente para superar con facilidad lo que debía ser un trámite. Con un equipo nuevo, como acostumbra y le gusta a Lopetegui para tratar de meter a todos en la dinámica competitiva, los sevillistas tuvieron en la infame climatología el peor enemigo. No paró de llover durante todo el encuentro, y el césped, que empezó bien, terminó rompiendo cualquier atisbo de ataque de los de Nervión. Apenas se podía jugar por abajo. Y así llegaría el primer gol del Sevilla. En un saque de esquina muy bien sacado por Joan Jordán en el minuto 15, Koundé entraría con todo para superar a Cristopher. Empezaba bien, muy bien, el encuentro para los sevillistas. Con apenas nada, el cuadro de Nervión mandó en Riazor e hizo temblar las ilusiones del Bergantiños. Chicharito, por dos veces, también avisaría. El encuentro estaba para que el Sevilla lo matara. El Bergantiños, de hecho, y con el marcador en contra, ni siquiera cambió un ápice su estrategia conservadora con todos sus jugadores metidos atrás. Los minutos pasaban lentamente y sólo Lopetegui, con cara de tensión, parecía entender lo que necesitaba el duelo. El 0-1 era insuficiente y así lo comunicó en el vestuario, visto lo visto en la segunda parte. El Sevilla necesitaba darle una vuelta más al encuentro, meterle la intensidad necesaria para volver a superar a los gallegos y tratar de vivir los últimos minutos con una mayor tranquilidad.

Al poco de reanudarse el encuentro, en el minuto 53, Lopetegui metería a Rony Lopes por Ocampos. El ex del Mónaco apenas necesitaría unos segundos para darle el balón a Dabbur para que hiciera el segundo gol de la tarde, pero su disparo se iría al palo tras tocar en un defensa. Jugando con fuego. Lopetegui, que seguía sin verlo claro, abogó por meter a Banega por Óliver Torres. Buscando soluciones. Las respuestas en forma del segundo tanto no llegaban y el tercer jugador en entrar al terreno de juego sería Munir por Chicharito.

El Bergantiños empezó a gustarse. Verse con sólo un tanto en contra ante el Sevilla a falta de un cuarto de hora le dio confianza para empezar a buscar la portería de Bono. Y así tendría la ocasión más clara del partido con un fuerte disparo de Diego tras un buen pase de Aarón, el mejor del Bergantiños.

El Sevilla hacía ya un tiempo que se había ido del partido y trató de dormir el juego con muchos pases. Cualquier error de los locales debía ser la llave para sentenciar. Pero nada. Minuto 80, minuto 81, minuto 82… y el Sevilla seguía sin cerrar el partido y, por ende, la eliminatoria copera. Las dudas de los hombres de Lopetegui contrastaban con los arranques acelerados, ahora sí, de los jugadores de Borja Faca, entusiasmados por la oportunidad de empatar. A los sevillistas, paradojicamente, les tocaba sufrir en Riazor. Las cosas de no haber hecho antes los deberes. Por distintas razones, pero, sobre todo, por el desacierto arriba, el encuentro se puso del color rojo y azul del cuadro gallego. Para más inri, y en un error entre Bono y la defensa, el Bergantiños tendría una última gran oportunidad para llevar el encuentro a la prórroga si el disparo de Jorge Cano no se hubiera desviado. Lopetegui explotó entonces, harto de sufrimiento ante un rival que ocupa la posición número 16 en el Grupo 1 de la Tercera división. Lo que queda, y lo que toca: a la segunda ronda y aviso para lo que viene.