Franco Vázquez, al final del Sevilla-Barcelona de la Supercopa (foto: EFE//José Manuel Vidal)
Franco Vázquez, al final del Sevilla-Barcelona de la Supercopa (foto: EFE//José Manuel Vidal)

Cruel final para un prometedor Sevilla (1-2)

Esta vez sí, compitió y rozó el título en Tánger ante un Barcelona al que obligó a remontar; Ben Yedder falló un penalti en el descuento; Muriel, el mejor

Por  9:34 h.

Se le escapó la final por los pelos a una gran versión del Sevilla de Machín. Compitió, como quería el entrenador. Vaya si compitió. El colombiano Luis Muriel fue la gran novedad del once en el Stade Ibn Battouta. El técnico le dio la camiseta de titular, contra todo pronóstico, y lo ubicó como el hombre más adelantado en detrimento de Ben Yedder. Fue el mejor del equipo. El partido arrancó y el Sevilla no tuvo reparos en cederle la pelota al cuadro de Valverde. Los nervionenses, fieles al esquema de Machín, juntaban líneas con éxito y buscaban las salidas rápidas a la contra. Ahí Muriel se convirtió en un quebradero de cabeza para el conjunto culé en los primeros minutos. Velocidad y desequilibrio para reivindicarse en la puesta en escena en Tánger. Se olía que el Sevilla podía dar el zarpazo. Y lo dio pronto. A los ocho minutos se adelantó el equipo hispalense en el marcador. El colombiano volvió loco a Piqué, lo mandó con dos quiebros a la hierba de Tánger y asistió con gran clase a Sarabia para que éste celebrara su casi renovación con el Sevilla poniendo el 1-0 en el marcador. No sin suspense… porque el asistente intentó anular el gol. Lo corrigió el VAR. Sarabia estaba en clara posición reglamentaria. Bendito invento para el fútbol. El tanto subió al electrónico y los sevillistas entraron en éxtasis. Ventaja en la Supercopa en un estadio repleto de barcelonistas que quedaron atónitos.

El golpe del Sevilla era de aúpa. El Barça se enrabietó para intentar reaccionar. Messi tiró del carro y pudo marcar hasta en dos ocasiones claras. Lo evitó, a bocajarro, un inconmensurable Vaclik. El orden del Sevilla era espartano. Los azulgranas tenían más el balón, pero era el Sevilla el que lo movía mejor. Con criterio y peligro. También sufría el Barcelona con otra de las especialidades de Machín, paradigmática de ese estilo directo del que está impregnando poco a poco al Sevilla: los balones largos a la espalda de la defensa, con Roque Mesa como uno de sus grandes especialistas. Lenglet y Piqué corrían atrás mirando al cielo de Marruecos.

Pero el Barça es mucho Barça. Con poco le iba a bastar para empatar el partido. El Sevilla, quizá por desgaste, se fue echando cada vez más atrás y picó el anzuelo con una pueril falta de Banega en la frontal del área. Y eso, con Messi en el campo, resulta mortal. El argentino ejecutó el lanzamiento y Vaclik logró desviar, pero Piqué fue el más rápido de todos para cazar el rechace y consiguió la igualada. 1-1.

El Sevilla había llegado vivo a la segunda mitad. Planteamiento bastante correcto. Eso sí, se echaba en falta que gente como Banega o Mudo entraran más en juego. Lo hicieron. El segundo acto comenzó como un auténtico correcalles de un área a otra. El Barcelona atacaba y el Sevilla respondía con el mismo o mayor peligro. El partido lo podía ganar cualquiera. Rozando la hora de choque, Muriel, sin más gasolina tras su gran primera parte, dejó su sitio en la delantera al último fichaje sevillista, André Silva, que debutaba así poco más de 24 horas después de aterrizar en la capital hispalense. Lo primero que hizo fue forzar un córner que botó Banega para que Mudo Vázquez peinara en el primer palo y estrellara su remate en el palo. Ahí estuvo la final. Jesús Navas también la tuvo después con un disparo a media altura que logró abortar Ter Stegen. Dejó buenas maneras el punta luso en su estreno. El Sevilla no aprovechó su chance… y sí lo hizo el Barcelona. Primero avisó con una doble ocasión de Suárez y Messi ante la que se lució Vaclik con otros dos paradones. Era la antesala del fin. En la siguiente acción Dembélé finiquitó la Supercopa con un trallazo monumental desde fuera del área que perforó las mallas del meta checo del Sevilla. Estalló el Estadio de Tánger. El título se le escapó a un sólido Sevilla por muy poco… porque para el colmo de la mala fortuna, Ben Yedder falló un penalti en el descuento. Lo tiró horrendo. Acertó Ter Stegen. Muy cruel el final para los de Machín, que dejaron una prometedora imagen en Tánger.