Aficionados del Sevilla en el estadio de Tánger (EFE/José Manuel Vidal)
Aficionados del Sevilla en el estadio de Tánger (EFE/José Manuel Vidal)

Dando la cara en tierras lejanas

El sevillismo, inferior en número, hizo lo que pudo en un escenario propicio para los intereses del Barcelona

Por  10:16 h.

El Sevilla, como club, ya sabía ayer al saltar al terreno de juego que iba a tener que ganarse el título contra viento y marea, dando la cara. A la dificultad de por sí de vencer a esa conjunción de estrellas mundiales que tiene el equipo de Ernesto Valverde, había que sumarle el tener que hacerlo en un territorio desconocido, en el extranjero, y con minoría sevillista. Y es que la ciudad de Tánger, acogedora eso sí, estaba eminentemente volcada con el Barcelona y, sobre todo, con Lionel Messi, ídolo absoluto en Marruecos. Fue significativo el hecho de que el Sevilla se llevara una sonora pitada cuando saltó al terreno de juego en un estadio abarrotado de oriundos con la zamarra azulgrana. También lo fue el estallido de júbilo en el tanto de Dembelé, y los cánticos corales en favor de Messi.

Sin embargo, el poco sevillismo (unas 1.200 personas) presentes en el estadio de Tánger se hizo notar. El Himno del Centenario sonó en varias ocasiones, y fue especialmente perceptible justo antes de que los equipos saltaran al terreno de juego para dar comienzo al choque. Joaquín Caparrós no dudó en acercarse a ellos, tocándose la mano en el corazón, para darles las gracias por su presencia e insuflarles ánimo ante la evidente situación de inferioridad numérica.

El resto del día no ofreció ningún problema. Es más, la gente de Tánger fue muy hospitalaria con los seguidores españoles que habían decidido cruzar el estrecho para animar a sus respectivos equipos. A pesar de que el Sevilla llegó a mediodía a la ciudad, al presidente de la entidad, José Castro, le dio tiempo a inaugurar la sede de la peña sevillista de Tánger, primera del club en África. Una cita que congregó a muchos marroquíes con camisetas del conjunto de Nervión. Sí se lamentaba el aficionado que había decidido viajar a apoyar a su equipo de que no se hubieran hecho las cosas mejor desde la Federación, hasta el punto de enfadar al sevillismo y provocar que muchos decidieran no interrumpir sus vacaciones o aprovechar el fin de semana para estar con el Sevilla en una nueva final.

Como experiencia piloto no estuvo mal, pero en el pensamiento queda que estas citas en territorio ajeno benefician más a la imagen del club más grande y con más trascendencia mundial.