Chicharito, cabizbajo tras una acción fallada en el Osasuna-Sevilla (Foto: AFP)
Chicharito, cabizbajo tras una acción fallada en el Osasuna-Sevilla (Foto: AFP)

La falta de acierto penó al Sevilla en El Sadar (1-1)

Los de Lopetegui sólo fueron capaces de sacar un punto ante el Osasuna a pesar de haber jugado con un hombre más durante prácticamente 30 minutos

Por  10:11 h.

El Sadar, por historia y por la casta de un Jagoba Arrasate que debió perder varios kilos en su zona técnica con tantos movimientos, es pasión, lucha y entrega. Para el Sevilla FC. Y para cualquiera. Este estadio será un dolor de cabeza para quien lo visite. Es la visita al dentista. Un escenario sólo para los que no tienen reparos. Ayer, con todo perfilado para que el equipo de Lopetegui ganara su cuarto partido consecutivo tras expulsar el colegiado, Estrada Fernandez, a Oier a falta de 30 minutos para el final, la dicha de Lopetegui y los suyos tornó en decepción con la bravura de los locales, incansables hasta el final. El equipo perdió dos puntos. No hay más. Escuchar a cada uno de los protagonistas del Sevilla al término del encuentro fue sintomático y realmente esperanzador para un conjunto que no se ha puesto límites. Es la otra lectura de un Sevilla que se marcha de tierras navarras con el lógico enfado y malestar por no haber sido capaz de enderezar el rumbo de un partido que se le había puesto muy bien con el gol de Munir. El Osasuna sabe a lo que juega, y eso, hoy por hoy, te salva media temporada. Muerde como nadie y se tira al barro con tanta facilidad que se producen encontronazos a cada momento. Lo sabe Chimy Ávila, un delantero que se va a la guerra hasta con un cuchillo. Ayer, sobre todo en la primera parte, desesperó a la defensa del Sevilla, habituada a mover los hilos a su antojo. El encuentro tuvo de todo y, a buen seguro, para cualquiera que no fuera aficionado del Sevilla o el Osasuna, tuvo que ser un duelo interesante para cerrar la jornada número 16.

Además de la rabia de los locales, también hubo minutos, muchos, para disfrutar del excelso juego de Banega. El argentino no se resfrió en el norte y muy pronto le enseñó a la grada de El Sadar sus habilidades en forma de arte. ¡Qué manera de ver dónde otro ni siquiera se atreven a mirar! Hasta cinco asistencias dio Banega a sus compañeros para que doblegaran a Juan Pérez. Pero ayer no era el día. Pocas veces tendrá el Sevilla tantas ocasiones como anoche en Pamplona. Con el empate a uno justo al final del partido, obra, como no, del omnipresente Chimy Ávila, el Sevilla salió del vestuario con la idea clara de abrir más el juego y darle protagonismo a Navas y Reguilón por las bandas. El Osasuna, a las primeras de cambio, optó por morder de nuevo, y el encuentro se puso imprevisible. Podía caer para un lado o para otro. La mejor calidad de los de Lopetegui contrastaba con el empuje de los locales. Cada falta del Osasuna era protestada por la afición Y así, erre que erre. Cualquiera diría que el partido era el último de la temporada y que los dos conjuntos se jugaban sus respectivos objetivos. Es lo que tiene la pasión entendida en el Osasuna y en el Sevilla. Porque este Sevilla, elogiado en lo que va de temporada por mostrar muchas cosas buenas, también se ha hecho mejor dándole orden e intensidad a su juego.

Cuando el partido ya podía desnivelarse a un lado para otro, Estrada Fernández dijo basta y expulsó a Oier a falta casi de 30 minutos para el final. Lopetegui, que antes había metido a Carriço y el Mudo Vázquez, se movió rápido y le metió más mordiente al ataque: Dabbur por Óliver Torres.

El guión estaba marcado. El Sevilla empezó a jugar a otra cosa. El jugador de Israel, de hecho, a punto estaría de marcar el tanto de la victoria si su balón, tras una pared con Chicharito, no se hubiera ido al palo tras un túnel al meta local. El Osasuna se encerró y únicamente daba algún voleón de vez en cuando para ver si Chimy Ávila era capaz de seguir fajándose con Fernando y compañía.

Chicharito también, con más espacios, tuvo alguna oportunidad, y, de hecho, el colegiado llegaría a pitar penalti al entender que Juan Pérez lo había derribado. Las imágenes luego en el VAR dictaminaron, sin embargo, que el portero había tocado el balón. Juan Pérez, que había debutado apenas unos días antes, frente al Espanyol, en la máxima categoría, se mostró como un veterano y ordenó a su defensa en todas las acciones. A los sevillistas, los desesperó. El Mudo Vázquez, poco dado a mostrar su estado de ánimo, explotaría cuando en un disparo en el segundo palo que ya se colaba.. sería repelido, como no, de nuevo por Juan Pérez. No había manera. El Osasuna encontró un salvador, y el Sevilla, una ocasión perdida para haberse llevado tres puntos y alejarse de los equipos que luchan también por los puestos de la Liga de Campeones.