Ocampos conduce el balón ante Kubo en el Mallorca-Sevilla (EFE)
Ocampos conduce el balón ante Kubo en el Mallorca-Sevilla (EFE)

Mallorca – Sevilla FC (0-2): Qué cansino debe ser jugar contra el Sevilla

El Sevilla agotó al Mallorca con los goles de Diego Carlos y Banega y termina el año 2019 tercero y con un nuevo triunfo como visitante

Por  9:38 h.

El orden, bendito orden; las jugadas a balón parado y las revisiones del VAR le bastaron al Sevilla para terminar el año 2019 con la satisfacción que sólo dan los triunfos. Así, la vida se ve mejor. Alegría para los sevillistas y satisfacción para un Lopetegui que ha encontrado en los partidos como foráneo un estilo ganador. No brilla, pero gana. No fulmina, pero gana. Compite, siempre. Una, y otra vez. Las sensaciones se pueden discutir; los resultados, jamás. Y los números apuntan que este Sevilla es el mejor visitante de LaLiga con un estilo muy definido, un manual que le ha servido prácticamente en el ecuador de la liga para que los contrarios le respeten… y terminen odiándole.

Debe ser muy cansino tener enfrente al Sevilla. El equipo sevillista se queda con el balón, y, cuando lo pierde, da bocado. La presión, articulada por movimientos memorizados, agota a quien sea. El Mallorca, con el 0-2, se dijo basta y dejó de luchar. Lógico, por otra parte, cuando no paró de correr durante 60 minutos y se dio cuenta que tanta intensidad no le había servido absolutamente para nada. Fernando puso la brújula, Jordán ocupó los espacios y Banega inventó. Resumen: nuevo triunfo del Sevilla, el sexto lejos de Nervión en LaLiga.

Luego, falta lo de casi siempre… ¡Más gol! Con Navas y Reguilón apuntalando por las bandas, con Munir y Ocampos metiéndose por dentro, no deja de ser llamativo los numerosos problemas que tiene el cuadro sevillista para llevar el balón hasta la portería contraria. De hecho, los dos tantos de ayer en Son Moix llegaron en jugadas a balón parado, el primero de cabeza de Diego Carlos tras un saque de esquina sacado por Banega, y el segundo, del argentino de penalti. No hubo mucho más en materia ofensiva. Lo justo y necesario.

El primero en avisar, sin embargo, sería el Mallorca, en el minuto dos, con un disparo fuera incomprensiblemente de Lago Júnior tras irse Kubo de Reguilón. El gol estaba cantado. Pero el costamarfileño se hartó de balón y la tiró por encima del larguero. Vaclik estaba sentenciado. Después, y en un ejercicio de pundonor de Ocampos desde la banda izquierda, le tocaría al Sevilla ser protagonista. En el 9, el delantero tiraría fuera. Y en el 16, sería el portero, Reina, el que hizo una buena intervención para desbaratar la oportunidad de los de Lopetegui. En avisos, estaban los dos equipos casi igual.

El partido andaba trabado. Y el equipo nervionense se hizo grande en las jugadas de estrategia. Apenas unos instantes después, en el 20, aparecería Diego Carlos dentro del área pequeña para rematar de cabeza un centro medido de Banega. Ahí empezó la aventura del VAR. Hasta en tres ocasiones tuvo el colegiado, Gil Manzano, que estar pendiente de las imágenes de televisión para tomar una decisión. Con el gol de Diego Carlos, apenas necesitaría un minuto porque se veía claramente que el brasileño había hecho un remate limpio, pero poco después, justo al final de la primera parte, estuvo el árbitro extremeño con el reloj parado durante más de dos minutos para anular un tanto del Mallorca al estar Budimir en fuera de juego. El jugador croata tenía ligeramente adelantado el hombro y la afición del Mallorca la tomó con el colegiado.

Penalti a Jordán

Aún quedaría más. En el inicio de la segunda parte, sin apenas ocasiones y con el Mallorca tratando de ponerle una marcha más, el VAR avisaría de nuevo a Gil Manzano para notificarle que Baba había pisado a Jordán dentro del área. Penalti. Banega pidió el balón y lo puso dentro de la meta del Mallorca. A partir de ahí se acabó el partido. El equipo de Vicente Moreno se diluyó. Desapareció, literalmente. El Sevilla, muy cómodo, optó por seguir controlando el partido. Lopetegui metería a Koundé por De Jong e instruyó a los suyos para que nada cambiara. Luego, y con Mudo Vázquez en el terreno de juego tras entrar por Jordán, el Sevilla se estiraró un poco más para tratar de hacer el tercero. Pero lo hizo sin firmeza, sin necesidad. El «22» sevillista, de hecho, tendría una ocasión clarísima para marcar, pero disparó, a pase de Banega, sin maldad. Le faltó el instinto asesino que se le pide al Sevilla arriba. Ayer fue el a balón parado. Pero habrá días, sobre todo, visto lo visto, en el Sánchez-Pizjuán, donde el cuadro nervionense necesitará tirar de un mayor acierto arriba.

Lo que vale es el gol. Lo que marcan las diferencias son las áreas. Este Sevilla, que sigue en construcción tras haber protagonizado este verano una auténtica revolución en materia de fichajes, puede convertirse en un conjunto de referencia internacional. Como visitante lo está bordando. Como local, le falta. Pero hay tiempo. Tras 18 jornadas, los guarismos indican que el camino es el correcto. El año 2019 acaba para el Sevilla y lo hace con el equipo en la tercera posición, con plaza para jugar la Liga de Campeones, el gran objetivo del club para que la idea de crecimiento que se tiene se pueda llevar a cabo. Trabajo, trabajo y trabajo. Eso, lo tiene. El orden sólo se gestiona desde el trabajo.