Roberto Alés, José Castro y Monchi, en agosto de 2000 (Foto: Díaz Japón).
Roberto Alés, José Castro y Monchi, en agosto de 2000 (Foto: Díaz Japón).

Monchi, la humildad del comienzo

Pasó de delegado a secretario técnico y su primer fichaje fue Antonio Notario

Por  20:40 h.

El Sevilla FC descendía de manera inapelable en la temporada 1999-2000. Monchi había colgado las botas y los guantes tras la promoción de ascenso frente al Villarreal. Ahí se dio cuenta de que sus días como futbolista habían terminado. Pasó a ser delegado del equipo nervionense y, con el nuevo fracaso y descenso a Segunda, su figura creció hasta hacerse cargo de la secretaría técnica, ya que entonces no se estilaba el puesto de director deportivo. En esas fechas, con el futuro determinado desde jornadas antes de finalizar el campeonato (bajó con 28 puntos), el Sevilla tenía que reestructurarse. Roberto Alés, el presidente que puso los cimientos de la enorme estructura actual, apostó por Monchi como hombre de la casa y por su bajo precio. Ese paso delante de Alés le salió bien pero era muy arriesgado en ese momento. Monchi confió en Joaquín Caparrós, un sevillista de corazón que había destacado en el Recreativo años antes pero que en la campaña 1999-2000 fue destituido del Villarreal, en Segunda, a las primeras de cambio.

Monchi redefinió la política de fichajes hasta el momento imperante en el fútbol español. En un Sevilla con telarañas en la cuenta corriente se las ingenió para reclutar futbolistas de poco nombre y muchas ganas de crecer que formaron un cóctel adecuado a las órdenes del motivador Caparrós. Antonio Notario fue su primera adquisición. Hasta entonces jugaba en el Granada, en Segunda B. Otros futbolistas como David, Pablo Alfaro o Casquero sirven también como paradigma del nuevo impulso que el proceder de Monchi iba a traer al creciente Sevilla. Todos con experiencia y personalidad suficientes para subir peldaños de principio a fin en una temporada que acabó con el Sevilla como campeón de Segunda con cinco puntos de diferencia con respecto al segundo clasificado, el Betis. La limpieza obligada por el descenso tuvo límites porque el acuerdo con el agente uruguayo Paco Casal, de años anteriores, hacía que el Sevilla tuviera que mantener a muchos elementos de aquel país. Sin embargo, la buena química del vestuario hizo que hombres con valía futbolística como Nico Olivera o Marcelo Zalayeta fueran fundamentales en aquella campaña. La eclosión de canteranos como Gallardo, el regreso de Tevenet y el peso de Prieto también fueron decisivos.

El paso del ascenso a las primeras de cambio hizo que el Sevilla de Monchi afrontara un nuevo reto, que era evitar la condición de equipo ascensor que había sufrido en los años precedentes. La responsabilidad y prudencia que eran la marca de Roberto Alés en su gobierno del club se trasladaron también a una secretaría técnica que mantuvo la línea de contrataciones de jugadores menos conocidos y a bajo coste que fueron creciendo al amparo de un equipo que se reencontraba con su historia tras años muy complicados. Los fichajes ya en la máxima categoría tampoco despilfarró Monchi, que contuvo el gasto e incorporó a hombres como Moisés o Javi Navarro que ayudaron a apuntalar a un equipo que ya había mostrado sus señas de identidad en el crecimiento de los jugadores que acogía en su seno, algo que le ha ido acompañando, ya con mayores cifras en los traspasos y en las cuentas corrientes, en los años sucesivos hasta tocar el preciado metal en tantas ocasiones.