Perotti, el estigma del hijo rebelde

Por  16:19 h.

El argentino, en el choque ante el FriburgoPensaba Diego Perotti, futbolista dechado de virtudes para la práctica de su profesión, que el mayor de sus enemigos estaba focalizado en las inoportunas lesiones musculares. Una lucha titánica y encomiable la suya para superar un complejo hándicap en el plano físico en la que otros hubieran arrojado la toalla. Sin embargo, para infortunio propio y del club, parece que el argentino no ha sabido controlar su enérgica personalidad en momentos puntuales de forma tan acertada como su cuerpo, y ha terminado mordiendo algunos anzuelos peligrosos que pueden estigmatizar su figura en Sevilla.

La afición fue testigo el pasado domingo, nada más finalizar el choque contra el Almería, de cómo el sector más radical de la grada de Gol Norte del Pizjuán le dedicó un sonoro cántico de protesta al jugador: “Perotti vete ya”. Estos hinchas dejaron muy claro que no le perdonarán fácilmente su feo gesto en el anterior encuentro de la Liga Europa ante el Friburgo, en el que, tras marcar de penalti, se quitó la camiseta puerilmente y con mucha rabia, y se dirigió de modo desafiante a los Biris. La noche fue muy caliente en las redes sociales, con decenas de sevillistas que, por ejemplo, se pronunciaron en Twitter con la etiqueta #PerottiFueraDelSevilla.

Pero el divorcio viene de tiempo atrás. En enero de 2012, el argentino tuvo una trifulca con un aficionado a la llegada del autobús del equipo al hotel Los Lebreros tras el partido frente al Español. Perotti se bajó del autobús y, mientras se hacía una foto, un hincha le increpó. Terminaron llegando a las manos. El futbolista aseguró después que esa persona le había estado mandando mensajes amenazantes a su móvil personal. La cosa no fue a mayores gracias a la intervención de las fuerzas de seguridad y del delegado del equipo, Juan Martagón.

Desde aquel encontronazo, nada fue igual para Perotti, que, desgraciadamente, cayó en más de una provocación con origen en las peligrosas redes sociales, intercambiando duras acusaciones con algunos aficionados. Complicada trampa. Aunque quizás, como futbolista de élite, debió saber controlar los incómodos factores externos. Es el estigma del hijo rebelde. De un futbolista de calidad que ha dado mucho al Sevilla y que hasta quiso dejar de cobrar su salario cuando estuvo lesionado. ¿Lo ha traicionado su carácter o es exagerado el castigo de la afición a su soberbia?