Lara cae en una jugada que pudo ser penalti en el Sevilla Atlético - Villarrobledo (Foto: Juan Flores)
Lara cae en una jugada que pudo ser penalti en el Sevilla Atlético - Villarrobledo (Foto: Juan Flores)

Sevilla Atlético – Villarrobledo (2-2): Dos puntos que se esfuman de forma inexplicable

El Sevilla Atlético pecó de confianza en los finales de ambas mitades y se llevó un insuficiente punto ante el colista, que no es lo que valió la exhibición de Carlos Álvarez

Por  13:57 h.

Empate desconcertante que no tiene ningún sentido. No se puede decir que fuera injusto, porque al Sevilla Atlético le debieron valer los dos goles de Pejiño y la maravillosa actuación de Carlos Álvarez durante todo el partido, pero el filial se dejó dos puntos en el camino empatando ante el Villarrobledo, un colista que no gana desde diciembre, regalándole la vida que no mereció por su juego para que a través de un gol de Agus Alonso al final de la primera mitad, y otro de Montero en los últimos suspiros de partido, tras dos imperdonables desconexiones nervionenses, se pudieran firmar las temidas tablas que ilusionan poco en el Jesús Navas. Muy poco.

En la jornada 28 -hay que ver cómo vuela la temporada-, Gallardo decidió apostar por Juanlu -delantero centro- en el lateral derecho a pesar de tener disponible a Genaro. Alfonso recuperaba la meta pese a la gran actuación de Lucho en Talavera. Mena y Diabate, según fuentes del club, no llegaban a tiempo por unas molestias que no eran graves, pero que les impedía vestirse la elástica franjirroja hoy.

El Sevilla Atlético le hizo un homenaje a Daniel Carriço en los diez primeros minutos. Porque salió a comandar con las ganas esperadas que tiene el equipo de conseguir buenos resultados para competir hasta el final, veremos cuál, en la categoría de bronce. Gallardo volvió al banquillo tras su sanción para poner la quinta marcha del filial nervionense, que juega con seis día sí y día también cuando aparece el niño que hace sonreír al graderío cuando la toca, y cuyo nombre es Carlos, de apellido Álvarez. Los rivales lo saben y no llegan a entrarle, porque va a otro ritmo de juego. Incluido el de sus sus compañeros. Además, ya recibe sus primeras heridas de guerra. Y no es mala noticia: ha hecho suficiente ruido en la zona del mediocampo defensivo rival en muchos partidos como para tenerle en cuenta como un peligro real y constante. Nadie subestimaría tanto talento en tan poquita carne y aún menos hueso.

El sanluqueño no estaría sólo, como se ha visto otros días, en la empresa de perpetrar el atraco de los tres puntos que debían quedarse hoy en Sevilla. En dicha tarea se estiraba el arco con tres afiladas puntas de flecha: Simo -vibrante y con ganas de demostrar y de mostrarse- por la izquierda, el bueno de Lara, cuyo fútbol madura a cada lance de partido, y un Pejiño arriba con una confianza saludablemente soberbia.

Pejiño controla un balón en el Sevilla Atlético - Villarrobledo (Foto: Juan Flores)

Pejiño controla un balón en el Sevilla Atlético – Villarrobledo (Foto: Juan Flores)

Un arranque apocado y un dominio sevillista audaz

No hubo demasiadas presiones ofensivas en el inicio por parte de ambos equipos. No por miedo, sino por ganas de hilvanar un plan óseo en ataque. De presentar una oferta ofensiva con astucia y soberanía. En esas estaba intentando crear peligro el Villarrobledo cuando el Sevilla Atlético respondió a los diez minutos la pregunta de qué es lo que pasó en Talavera. Aquí encontrarán la respuesta: Que no estuvo Pedro Ortiz. El balear dibujó un amago preciso en el borde del área para que Pejiño encontrase el carril definitivo y su disparo pegado al poste entrara como una buena noticia de domingo al sol en el Jesús Navas. Quede constancia de la belleza de la jugada sobre el tapete cuidadísimo que es el campo principal de la ciudad deportiva, una alfombra finísima que va de verde por ley.

Irónicamente, el gol metió aún más en el partido al Sevilla Atlético. La prueba del delito la personificaba Lara, que se dolía en el suelo tras una pugna dentro del área con Mauro. Caía el canterano sevillista de forma muy rigurosa en el choque con el defensa del club villarrobletano. Había que levantarse y seguir. Así lo entendía el filial nervionense: reponiéndose de sus ocasiones erradas y sin dejar que el cuadro villarrobledense acrecentara su ánimo por medio de ocasiones. Otro buen ejemplo fue el robo de Juanpe, que sigue a gran nivel para fortuna del filial, oxigenando la banda de Lara para asociarse otra vez con el talentoso Carlos. Le pesó mucho la mochila de la responsabilidad ahora al pequeño gran futbolista, que vio cómo su disparo se fue desviado. Aún no había que recurrir a la lámpara de sus deseos.

Habrá que encontrar algún motivo lógico y físico por el que intentar conocer cómo los 163 centímetros de Carlos Álvarez casi le valieron al sanluqueño -ganando en el salto a su par-, para destapar el aroma de todas las fragancias que salvaguardaba Salcedo llegando a un balón de cabeza que casi se colaba en la escuadra de la meta del equipo de Castellanos. El Sevilla Atlético olía la sangre del segundo gol pero no terminaba de divisar la presa entre la hierba. Ni con Pejiño en una velocísima jugada en la que el barbateño creyó llegar por encima de los casi mil presentes en el Jesús Navas y ceder atrás para un valiente Simo que asomaba. El chut del marroquí, a bocajarro ante un buen Salcedo, lo repelió de forma involuntaria el guardameta con su rostro.

Pedro Ortiz pelea por un balón en el Sevilla Atlético - Villarrobledo (Foto: Juan Flores)

Pedro Ortiz pelea por un balón en el Sevilla Atlético – Villarrobledo (Foto: Juan Flores)

Otro error que condena

Todo era un cielo azul lleno de sonrisas y oportunidades en la carretera de Utrera. Hasta que volvió a ocurrir aquello de lo que debe huir el filial si quiere tener motivos para ilusionarse de aquí a final de temporada. Un disparo manso del Villarrobledo, obra de Chato, acababa con un mal despeje de un Alfonso que dejaba la bandeja para que Agus Alonso se sirviera un empate que no esperaban ni los castellano-manchegos. Y con este dolor de muelas tan inesperado, a pesar de cuajar una casi impoluta primera mitad de no ser por esa mancha que teñía las esperanzas, los de Gallardo se tuvieron que conformar con irse al vestuario viendo el triste 1-1 en el marcador.

Volvían pronto para seguir batallando. El Villarrobledo, que sabe que respirar cada minuto de vida en la liga de bronce vale y cuesta a partes iguales, empezó a sentirse mejor tras poner unas tablas que no beneficiaban a nadie en la capital andaluza. Alfonso pulverizaría todas las dudas que se cernían en la sombra del error evitando lo que podía haber sido el gol de la remontada a través de un remate de Mauro que el bujalanceño lograba tapar con el muro de cemento creado con su intervención, y Agus Alonso casi aprovechaba la segunda jugada para poner la segunda firma goleadora del hispano-uruguayo. Ahora sí: el filial necesitaba llamar al genio de Sanlúcar La Mayor. Había que frotar la lámpara.

Y entonces apareció el genio

Tras una nueva ocasión clarísima a favor de Simo, entraba sólo el zaguero Mauro para rematar un saque de esquina cuyo testarazo lo desviaba con la mirada Alfonso. Apeado de sus necesidades y franqueado por un Villarrobledo con más moral que los que juegan en Alcoy, el Sevilla Atlético se encomendaba a su joya. Era el momento de acariciar el amuleto implorando que apareciera el genio. Y así fue: Carlos Álvarez hizo acto de presencia en el carril del 8 para ver la jugada que todavía no había ocurrido. Como siempre. La melena del jovencísimo sanluqueño no se inmutaría cuando condujo la pelota con esa fiereza y ese temple que tersa las miradas ante la maravillosa asistencia que deliciosamente recogía Pejiño, que volvía a reivindicarse para poner el segundo gol a favor de las filas del Sevilla Atlético. Los deseos sevillistas son órdenes para el extraordinario Álvarez.

Seguía el filial nervionense apretando para amarrar un resultado ahora positivo, pero el colista seguiría sonrojando a momentos la defensa desajustada de un filial más centrado en atacar que en defender. Con síntomas algo preocupantes, y una actitud alicaída de los nervionenses, Rubén Sánchez era el autor de la ocasión más clara en este tramo, tras ver llegar un centro desde la derecha cuyo remate en nada.

Era el momento del reconocimiento a lo trabajado y el acierto a la hora de hacer las sustituciones. Salía Juanpe bajo un gran eco de merecidos aplausos y Paco Gallardo y Carlos Marchena maquinaban los últimos cambios para terminar de matar el partido. Casi lo hacía Simo, tras un excelso control previo de Pejiño -qué partidazo se marcó-, que fue el que se la puso susurrada como la única brisa que hubo en Sevilla. El extremo marroquí casi colocaba el cuero allí donde Salcedo no hubiera llegado.

Un golpe terrible

Y como las películas del filial sevillista no pueden terminar hasta que los créditos los guionizan sus guardametas, Alfonso llegó a mano cambiada para salvar el tanto de la igualada que Iñaqui buscaba con una falta peligrosa botada por el lateral. El córner posterior lo empalaba Valerio para poner el penúltimo suspiro sostenido del Jesús Navas. Ya puede venir al estadio del filial el último clasificado, que aquí no se gana sin apenas sufrir. O no se gana. Pana pudo sentenciar -y debió, porque su participación en el equipo se ha visto muy reducida- pero el partido daba sus últimos coletazos con lo que parecía que sería una victoria por la mínima.

Nada más lejos de la realidad. El Villarrobledo tiraba de casta para sacar algo positivo después de que el Sevilla Atlético pusiera todo el juego sobre la ciudad deportiva nervionense. Y vaya si lo encontraba. Un pelotazo de Montero desde la Pablo de Olavide -un golazo-, rubricaba un empate que dejaba las bocas abiertas y el corazón vacío en el Jesús Navas. Hay días en los que cuesta encontrar las razones exactas por las que pasan ciertas cosas en el fútbol. Hoy es uno.

Sevilla Atlético: Alfonso; Juanlu, Kibamba, Berrocal, Javi Vázquez; Juanpe (Ryan Johansson, m. 65), Pedro Ortiz, Carlos Álvarez, Lara, Simo (Genaro, m. 77) y Pejiño (Pana, m. 81).

Villarrobledo: Salcedo; Pablo García, Dani Cabezuelo, Montero, Chato (Toribi, m. 45); Agus Alonso (Pekes, m. 55), Iñaqui, Mauro (Álex Valerio, m. 75), Abel Moreno, Rodríguez y Rubén Sánchez.

Árbitro: Domato Pedreira, del Comité Balear. Amonestó con tarjeta amarilla a Rubén Sánchez, Mauro, Juanpe, Simo, Ryan Johansson, Abel Moreno y Pedro Ortiz.

Goles: 1-0 (m. 10): Pejiño. 1-1 (m. 45): Agus Alonso. 2-1 (m. 63): Pejiño. 2-2 (m. 92): Montero.

Estadio: Jesús Navas, ante 800 espectadores.