Diego Carlos despeja el balón en el partido ante el Granada
Diego Carlos despeja el balón en el partido ante el Granada

Sevilla FC: retorno a la esencia del bilardismo

Los de Nervión han mutado a un equipo rocoso, fuerte, sólido y competitivo

Por  4:26 h.

La frase es del propio Monchi, director deportivo del Sevilla: «Bilardismo elevado a su enésima potencia». A modo de escueto análisis, el dirigente sevillista elogió así las formas de su equipo tras el victorioso debut en el RCDE Stadium hace una semana. Una frase perfectamente aplicable al segundo triunfo del equipo de Julen Lopetegui el viernes en Granada. El concepto, muy extendido en el sevillismo, viene a reunir diferentes señas con las que el Sevilla y su hinchada se sienten plenamente identificados desde hace mucho tiempo: competitividad, oficio, intensidad defensiva, inteligencia táctica y ganar por encima de cualquier otro objetivo. Un compendio de características que hizo suyas un entrenador que dejó profunda huella en Nervión y en el propio Monchi, Carlos Salvador Bilardo. No ha dudado el de San Fernando en fijar en su mente esa paleta de colores a la hora de realizar el ya famoso cuadro del Sevilla 2019-20.

En sólo dos partidos, dejando al margen el fútbol ficción de la pretemporada, el equipo nervionense ha dejado claro su estilo bilardista, de la mano de un entrenador, Lopetegui, que pronunció no hace mucho otra frase clave para visualizar el camino emprendido por el Sevilla: «Tenemos que aprender a jugar con la portería a cero, es básico». El Sevilla ya le ha dicho a todos qué es lo que quiere ser. Un equipo rocoso, sólido, fuerte físicamente, incómodo y hasta cierto punto desagradable para los rivales, a quienes pretende exigirles el máximo si desean crearle peligro. Ni Espanyol ni Granada le hicieron cosquillas a Vaclik, portero sevillista, en más de 180 minutos. Para gozo de Lopetegui, cero goles encajados y casi sin ocasiones sufridas. Para alegría de Monchi, seis puntos de seis posibles, aunque las dos citas no vayan a pasar a los anales de la historia del fútbol ni prácticamente haya habido jugadas dignas de triunfar en Youtube.

Recuperemos otra frase del de San Fernando: «El equipo va a ser un reflejo de lo que es el gen sevillista, competitivo». Se trata de un giro en toda regla no sólo al disfraz que el Sevilla se puso en las dos últimas temporadas sino también respecto al camino abierto por el propio Monchi con la llegada de Jorge Sampaoli tras el adiós de Unai Emery (2016). Aunque a los mandos del técnico argentino saliera bien la cosa, el Sevilla fue perdiendo progresivamente bastantes de las caracerísticas que le llevaron a protagonizar los dos ciclos gloriosos del presente siglo, con Juande Ramos y Emery en el banquillo. Un estilo que, además, le ha llevado por el momento a dejar aparcada su tradicional dificultad para rendir al más alto nivel fuera de casa.

La intensidad de este Sevilla se refleja en un dato nada habitual en las últimas campañas: hizo más faltas que el Espanyol (11-17) y que el Granada (13-14). Su solidez, en otro aún menos frecuente: sólo dos paradas de Vaclik, ambas en la primera jornada y de tiros muy lejanos. Y ningún gol encajado, claro. Su fuerza física, además de ser palpable en numerosos duelos divididos ganados en el centro del campo, se refleja igualmente en el juego aéreo, recurso que se han visto obligados a aplicar sus dos rivales hasta el momento, por no hablar de la resistencia a la hora de llevar a cabo la tan exigente presión adelantada que quiere Lopetegui. Y dos de los tres goles, marcados en los tramos finales de los partidos.

Desde 1990
Fue en la campaña 1990-91, hace ya 29 años, cuando el Sevilla comenzó la Liga por última vez con dos partidos consecutivos dejando su portería a cero, aunque, en aquella ocasión, lo hizo ganando un encuentro y empatando otro. El equipo de Lopetegui, que el viernes jugará ante el Celta en el Sánchez-Pizjuán, tiene por delante la posibilidad de hacer historia, pues jamás ha completado las tres primeras jornadas del campeonato con su portería inmaculada. De los nueve primeros clasificados en la campaña 2018-19, sólo el Espanyol (50) recibió más tantos que el cuadro nervionense (47). Un aspecto, el de los goles encajados, que es quizás el dato más revelador para analizar si un equipo es fiable o no y si puede aspirar a estar en los primeros puestos de la Liga, objetivo sevillista. Sólo su excelente pegada amortiguó la pasada temporada un agujero defensivo que empezaba en la medular. Con Carriço y Diego Carlos como centrales, y ayudados por hasta tres centrocampistas, sobre todo, con Fernando y Jordán como refuerzos, el cuadro nervionense ha mostrado que es un equipo complicado de batir.

Un objetivo, el de encajar poco, que el Sevilla está dispuesto a conseguir con no pocas modificaciones, tanto colectivas como individuales. Sin haber podido ver a todos los nuevos en acción, y dejando claro Lopetegui que aún tienen margen de mejora, ya hay mucho que destacar. La agresividad de Diego Carlos en la defensa. El oficio de Fernando y Joan Jordán (con Gudelj de perfecto recambio) como reflejo de la línea clave en esta mutación general, la del centro del campo. La envergadura de Ocampos y De Jong. La coordinación de todas las líneas. El minucioso trabajo táctico de Lopetegui. La rentabilidad de los goles anotados. El recuperado gen sevillista. El bilardismo con el que tanto se identifica la afición del Sevilla, incluido su gran diseñador, Monchi.

Javier Santos

Javier Santos