Iborra y Juan Ignacio Martínez: elogios de Sevilla a Valladolid y viceversa

Por  2:56 h.
Duelo más que especial el que vivirán el domingo a partir de las 21.00 el entrenador del Valladolid, Juan Ignacio Martínez, y el futbolista del Sevilla Vicente Iborra. Casi cinco meses después, concretamente 141 días, y después de firmar juntos durante dos temporadas las mejores de la historia del Levante, los dos se volverán a ver las caras, en esta ocasión, para defender intereses bien opuestos. Ya no será el mediocentro la extensión en el terreno de juego de la estrategia del extécnico del conjunto levantino ni tampoco su referencia fuera y dentro del terreno de juego. Todo será distinto en la próxima jornada, más aún si tenemos en cuenta el debe que presentan los dos equipos en lo que va de temporada. El equipo de Nervión lleva sin ganar 17 años en el Nuevo José Zorrilla y más de uno sin hacerlo como visitante en la Liga mientras que el Valladolid, decimoséptimo en la tabla, tiene sólo seis puntos. Es, por lo tanto, un duelo de necesitados. Y con Iborra y con Juan Ignacio Martínez. Pero con los papeles cambiados.
«Para mí Vicente lo fue todo en el Levante. Mire lo que le voy a decir: defensivamente es muy bueno, posee capacidad ofensiva, el cambio de orientación que hace lo hacen pocos jugadores, tiene pegada, de cabeza te marca cada año algunos golitos… ¿Qué más quiere? Yo a él se lo decía. No sabe lo bueno que es. O, dicho de otra manera, no es consciente del potencial que tiene. Hay futbolistas que los ves y sabes que serán de una manera determinada; Vicente cada año que pasa es mejor. Parece que no tiene techo. Es el futbolista total», señala el hoy entrenador del Valladolid, recordando los años pasados en el Levante.
Juntos hicieron de un equipo humilde y que había vivido poco antes un proceso concursal marcado por la crisis y por la horrorosa gestión de sus directivos un conjunto competitivo y admirado por los grandes de Europa. Iborra, de hecho, y durante las dos temporadas que militó Juan Ignacio Martínez al cargo del conjunto valenciano, fue el hombre más utilizado y comenzó a subir su cotización como la espuma. Disputó un total de 87 encuentros, una media de 43,5 duelos por temporada. Dicho de otra manera, para el entrenador de Alicante en el Levante jugaban Iborra y diez más. En el primer curso, en el 2011-12, el hoy futbolista del Sevilla participó en 38 encuentros, entre la Liga y la Copa del Rey, mientras que la campaña pasada lo hizo en nada más y nada menos que 49 duelos. «A Vicente lo que le falta, como es lógico, es que se adapte a la ciudad y al equipo. Pero yo estoy convencido de que triunfará. Tiene todas las cualidades para hacerlo. Es un chaval humilde, muy centrado, que ha tenido vivencias que le han hecho madurar. Yo de verdad que lo quiero mucho… A veces nos ‘whatsapeamos’. Igual le digo algo para picarlo cuando vea el reportaje», dijo entre bromas el preparador alicantino.
El cariño es mutuo. Sólo basta con hablar un rato con Iborra. Cuando sale el nombre de Juan Ignacio Martínez, el mediocentro no tiene reparo en elogiar su figura. Y lo hace con mucho afecto. «Ha sido un técnico muy importante para mí. Es un entrenador que le gusta que sus equipos traten bien el balón, que tengan posesiones largas. Lo que pasa es que en el Levante tuvo que adaptarse a otro estilo de juego y lo cierto es que lo hizo muy bien. Pero los que lo conocemos sabemos cuál es su idea. Lo tiene muy claro y eso se nota en los entrenamientos. Ha sido para todos el mejor entrenador de la historia. ¡Ahí están los resultados deportivos que cosechó!».

El mediocentro, además, habló de la de importancia de su segundo, Javier Pereira: «Juan Ignacio es bastante tranquilo. Aunque también es verdad que hay en determinados momentos, en situaciones puntuales, que tiene un temperamento muy fuerte que le hace reaccionar bastante rápido. En los entrenamientos le gusta mantenerse al margen. Cuando te habla, te habla…», señala con admiración Iborra. El domingo, antes del partido, ambos se fundirán en un abrazo y se desearán a buen seguro suerte. Para después del encuentro…