Contraprestación para posponer un previsible adiós

Por  21:29 h.
Sevilla: Geoffrey Kondogbia
La mejor defensa es un buen ataque. Este principio, que sólo los más atrevidos son capaces de poner en práctica, define mejor que ningún otro símil la estrategia emprendida por José María del Nido para retener, al menos durante esta temporada, a Geoffrey Kondogbia. «No existe posibilidad alguna de que el Sevilla negocie ahora el traspaso de este futbolista», reiteró ayer el presidente del Sevilla, quien volvió a remitirse a la cláusula de rescisión del centrocampista francés, establecida en 20 millones de euros, como única vía factible para que el jugador, una de las promesas más deseadas del fútbol internacional, pueda abandonar este verano las filas del club nervionense y dar el salto a uno de los grandes de Europa.
Esta inflexible postura ya era conocida, aunque Del Nido, fiel a su estilo, ha ido un paso más allá. «En las últimas conversaciones que hemos mantenido con su padre y representante hemos hablado más bien de mejorar y ampliar su actual contrato, que es bajo porque no hay que olvidar que Kondogbia llegó aquí con 19 años y procedente de un equipo de la segunda división francesa», anunció el presidente sevillista, que así justificó su manifiesta intención de no perderlo: «Queremos mejorarle sus condiciones en todos los sentidos y que se quede con nosotros, porque los técnicos así lo prefieren, porque creemos que él puede seguir creciendo en el Sevilla y porque, evidentemente, el margen de maniobra que nos quedaría a estas alturas para traer a un sustituto sería pequeño».
Del Nido, negociador de reconocido prestigio, sabe muy bien lo que hacer en este caso. Primero, cierra de un portazo la puerta de salida, echa el pestillo y esconde la llave; y después, le hace un regalo al jugador para calmar sus ánimos, no vaya a ser que se rebele ahí dentro. En las manos del propio futbolista está aceptar o no dicha propuesta, que a buen seguro incorporaría contraprestaciones para no torpedear tanto su hipotética salida el año que viene por estas mismas fechas. Todo ello, claro está, con la «anuencia» de Doyen Group, el «socio» del Sevilla en este opaco «negocio», que hace unos días vino a decir que la entidad blanquirroja será la que decida los designios del francés y que todo lo que haga en este asunto estará bien hecho.
No es el momento
Que al Sevilla no le conviene perder ahora a Kondogbia es una aseveración que prácticamente admite poca discusión, ya que no tiene la necesidad imperiosa de vender -en las últimas semanas ha ingresado en traspasos unos 70 millones, cantidad más que suficiente para sanear sus cuentas y hacer un equipo muy competitivo- y que su pérdida, a nivel deportivo, sería un importante contratiempo para un equipo que esta temporada tiene ante sí una oportunidad muy buena para hacer olvidar la oscuridad de las últimas campañas. Por eso, Del Nido, que cuando hace negocios sólo entiende de números y nunca de sentimientos, se agarra a la cláusula de rescisión, el comodín más poderoso con el que cuentan los clubes del fútbol español, aunque, qué cosas, entre ellos pactaron un día no volver a ejecutarlas para ahorrarse algunos impuestos. Ésos, en cambio, sí tendría que afrontarlos cualquier equipo extranjero que quisiera arrebatarle a Kondogbia, aunque el Sevilla nunca recibiría más de los 20 millones ya citados, cantidad que tendría que depositar el futbolista en la Liga de Fútbol Profesional y que tendría que ser abonada íntegramente, condición que casi ningún club, por muy encaprichado que estuviera con el futbolista, estaría dispuesto a aceptar. Ayer, L’Equipe ya publicaba que el Mónaco, tras haber ofrecido 15 millones, está a punto de cesar en su empeño.
«Se considerara un acto de agresión y las consecuencias fiscales va a ser exigidas por nuestra parte», avisó un Del Nido felizmente enrocado y deslizando una clara advertencia al futbolista. Después de este órdago, al presidente del Sevilla no le queda más remedio que cumplir lo afirmado a rajatabla. Lo contrario iría en su contra y podría sentarle mal al aficionado, que, en líneas generales, ha entendido las ventas anteriores pero que en ningún caso aprobaría ésta en unas condiciones diferentes a las repetidas tan insistentemente.
Juan Morilla

Juan Morilla