Emery, buscando el equilibrio

Por  20:34 h.
Sevilla: Unai Emery
Ahora le toca a Unai Emery. Es él quien, una vez que la plantilla por fin ha quedado definida, debe explotar al máximo las virtudes de sus futbolistas para que el equipo funcione y esté a la altura de las expectativas, algo que no fueron capaces de conseguir sus predecesores más cercanos. Entonces, las circunstancias eran otras, pero ahí queda el dato. El banquillo del Sevilla, como bien es sabido, ni mucho menos es de los más cómodos de la Primera división, porque la gloria pasada aún murmura, aunque este reto no tiene por qué intimidar a un entrenador que durante cuatro temporadas, que se dice bien pronto, no sólo sobrevivió a la alta exigencia que permanentemente marca el día a día del Valencia sino que, además, fue capaz de mantenerlo en el techo de sus posibilidades.
Emery, salvo en su breve estancia en el Spartak de Moscú y en la media temporada que dirigió al Sevilla en el pasado curso, cuando no fue capaz de reconducir a un grupo enviciado y desnortado, siempre dio resultados. Y eso, resultados, es lo que se le va exigir desde ya por la cúpula de este Sevilla que, aunque no ha fijado abiertamente su objetivo como antaño y habla de sentar las bases de un proyecto a medio plazo, entiende que, vista su plantilla y el teórico nivel de la competencia, no debe caerse de los puestos europeos bajo ningún concepto.
José María del Nido y Monchi ya hicieron lo que les correspondía durante un verano extraordinariamente frenético en Nervión y que quizá ha deparado más movimientos de los deseados. Ahora que el incesante ir y venir de futbolistas ha remitido, ahora que es cuando realmente empieza la temporada, tiene que empezar a notarse con claridad la mano del entrenador, la aportación de un técnico que le echa a su trabajo tantas horas como el que más y de cuya inspiración dependerá en buena medida la suerte del club en el presente ejercicio. Los siete primeros encuentros oficiales del curso ya disputados son, por tanto, más una referencia que un sólido argumento. El equipo, renovado en un gran porcentaje y sobre la marcha, tiene que definirse, algo que, evidentemente, lleva su tiempo y requiere paciencia por parte del entorno, que, por norma general, no suele tenerla y sólo entiende de victorias y derrotas. El carrusel de partidos que se avecina en las próximas fechas, con hasta siete choques en tres semanas, no es, desde luego, el mejor escenario para esta misión que tiene, por encima de cualquier otro asunto pendiente, un objetivo prioritario: encontrar el equilibrio entre la decidida apuesta por el fútbol ofensivo que se quiere poner en práctica y la siempre necesaria solidez defensiva.
Término de moda
Equilibrio. Ésta ha sido la palabra más repetida en el último mes en Nervión. No es casualidad. Es lo que le ha faltado al Sevilla en los encuentros que ha disputado como local, lo que le castigó contra el Atlético de Madrid y el Málaga. El equipo hizo el fútbol con la clara vocación ofensiva que quiere Emery, ése tan vistoso que le gusta a todo el mundo, pero fue tal su ímpetu por perforar la meta rival que, cuando el plan se vio interrumpido y lo pillaron al contragolpe, se encontró con la zaga indefensa y en una preocupante inferioridad numérica, castigo que terminó pagando con goles en su portería que, a fin de cuentas, son puntos de menos en su casillero.
La solución no pasa por que el equipo se vuelva más conservador y cambie de estilo. Eso sería un sinsentido, pues del centro del campo hacia delante tiene calidad y efectivos de sobra para hacer mucho daño a los contrarios y no para especular. Más bien, la clave está en pulir el balance defensivo, en hacer mejor esa transición hacia atrás cuando se pierde el esférico, responsabilidad que incumbe a todos los que están sobre el terreno de juego. Sólo así, el Sevilla podrá ser competitivo al máximo nivel.
No habrá grandes cambios
La solución quizá tampoco pase por un cambio de piezas. El sistema seguirá siendo un 4-2-3-1, que, con ligeros matices según qué casos, es el que utilizan prácticamente todos los clubes de Primera. Y si el dibujo táctico no va a variar, da la sensación de que las caras, salvo cuando las circunstancias lo fuercen, serán las mismas que hasta ahora. Mucho se ha hablado sobre la idoneidad de seguir manteniendo en el doble pivote a Rakitic, que tiene un perfil más creativo que de contención, aunque Emery, tras el empate frente al Málaga, ya dejó claro que por su cabeza no pasaba la opción de moverlo de ahí. Esa convicción del técnico se debe fundamentalmente a que el puesto de mediapunta, donde el croata más ha brillado como sevillista, está reservado a Marko Marin, quien en sus primeras comparecencias como sevillista ha demostrado tener un don especial para hacer daño justo detrás del delantero centro.
Otra cosa es que Emery termine cediendo ante la evidencia o la presión —Del Nido no quiso pronunciarse al respecto el otro día, pero la ambigüedad de su respuesta dio a entender que preferiría un doble pivote con dos jugadores de contención—. Mientras esto se produce, si es que se produce, tendrá que elegir entre Iborra, al que sorprendentemente sentó en el último envite, y el recién llegado Mbia, que aporta algo muy importante en la medular: músculo.
Juan Morilla

Juan Morilla