Nolito dispara a portería durante el Sevilla-Villanovense (J.J. Úbeda)
Nolito dispara a portería durante el Sevilla-Villanovense (J.J. Úbeda)

Sevilla-Villanovense: Cuánto trabajito costó

Un gol de André Silva en la segunda parte fue suficiente para que el Sevilla pasara a los octavos de final de la Copa ante un combativo Villanovense

Por  9:52 h.

El Isla Cristina o el Racing de Santander o viceversa. O los dos, dependiendo de la edad del aficionado, aparecieron en la mente de cada hincha del Sevilla en una noche que tuvo por momentos tintes de jornada trágica. Cuánto sufrimiento. Cuánto trabajito le costó al cuadro nervionense ayer eliminar a un Villanovense muy combativo y que llegó vivo a los últimos minutos presto y dispuesto a reventar el estadio Sánchez-Pizjuán. Con el 1-0, marcado por André Silva al comienzo del 48, un tanto de los extremeños hubiera generado el pánico en la Copa del Rey, ese malestar galopante que aún perdura de las noches del Isla Cristina y del Racing de Santander… Con lo fácil que parecía el doble partido con los de Villanueva de la Serena cuando el sorteo le ofreció al Sevilla un rival de Segunda B y, sin embargo, lo difícil que se puso por muchas razones.

Eso sí, por ocasiones no lo sería. Porque después de los titubeos del principio, el arranque de ilusión del Villanovense y el dibujo de Machín con hasta siete jugadores nuevos con respecto al duelo de Vitoria, el guión entraría bajo lo previsto: dominio del Sevilla y asedio por momentos. El balón era de los locales. Lo esperado. La diferencia de calidad entre unos y otros enseñó muy pronto las obligaciones de cada uno. Mientras que los de Machín apretaban, en el conjunto extremeño bastante tenían con tratar de romper tanta verticalidad. La diferencias clasificatorias en las ligas, con el Sevilla segundo en la máxima categoría y el Villanovense luchando por no descender a la Tercera división, así lo exigían. Pero el gol, lo que da de comer, no llegaba y el meta del Villanovense, Isma Gil, quedó condecorado en el Sánchez-Pizjuán con unas muy buenas paradas. La primera, en el minuto catorce, después de que Promes centrara al palo derecho y André Silva disparara con una volea; y la segunda, y apenas un minuto después, con un disparo fuerte de Nolito desde fuera del área al que también respondió a la perfección el meta del cuadro extremeño. En apenas unos segundos, se vio mucho en el partido. Demasiado para lo que pretendía el Sevilla con un rival de perfil bajo. Pero era lo que tocaba con la falta de chispa arriba y el desacierto continuado. Hasta la buena suerte se alineó con el rival cuando en una falta lanzada por Muriel el balón se fue al palo. La afición sevillista, en torno a los 20.000, pidió más. La inquietud y el nerviosismo se percibía y también los recuerdos agrios del Racing de Santander, Isla Cristina. Malas sensaciones y peores augurios en una noche extraña.

El gol pasó a ser una obsesión. Tras tres partes (los 90 minutos de la ida y los primeros 45 de Nervión), el equipo de Machín necesitaba el tanto que le diera algo de equilibrio. Y así sería. Cuánto trabajito… En una buena jugada individual de Muriel, el meta del Villanovense caería en la trampa y le haría penalti al colombiano a los dos minutos de reanudarse la contienda. Habría más tiempo aún para la incertidumbre pues André Silva falló el penalti y marcaría a posteriori tras llegarle el balón rebotado casi en la misma línea de meta. Por fin.

Machín pidió otro. Sabía que un tanto del Villanovense le condenaba y metió a Ben Yedder por André Silva. Después a Banega y Sarabia por el Mudo Vázquez y Muriel, respectivamente. El duelo entró en la fase de la inquietud y bajo el recuerdo de las noches dolorosas y de infausto recuerdo del Isla Cristina o el Racing de Santander. Los aficionados, que se las prometían muy felices en lo que se preveía que debía ser un duelo sencillo, sobre todo, por el bajo nivel del Villanovense en la categoría de bronce, empezaron a preocuparse. Demasiada inquietud. Los minutos pasaban y Muriel, muy activo y con ganas de agradar al entrenador, no terminaba de marcar al verse una y otra vez con el meta rival. Hasta tres ocasiones clarísimas tuvo el colombiano para haber sentenciado la eliminatoria. Pero nada. Isma Gil quiso para él la noche y lo paró todo. Por contra, atrás, en la defensa del Sevilla, cualquier córner del Villanovense comenzó a verse como si fuera un penalti. La sensación de agobio por los pocos minutos que iban quedando y la posibilidad de que al Villanovense le diera por marcar tenían también a algunos jugadores acongojados. Banega se llevaba el balón arriba y Promes se iba hasta el córner si hacía falta. Pero luego quedaba ese miedo difícil de controlar. Juan Soriano, que apenas tuvo trabajo, dio un paso adelante y tiró de mucha personalidad para mandar desde atrás. Los balones por arriba, única estrategia que le quedaba al cuadro extremeño, eran suyos y ello desbarató muchas acciones de riesgos. El colegiado terminó dando tres minutos de prolongación y los aficionados lanzaron sus energías para el último esfuerzo. Los octavos estaban ya en la mano. Pero cuánto trabajito costó…

Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Redactor de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (ABC) Profesor/Doctor en Comunicación (Univ. Loyola Andalucía). ABP (SFC TV). Canario en Sevilla