Todos miran desde abajo al Sevilla…

El triunfo ante el Celta (2-1) y el empate del Barcelona en Mestalla (1-1) sitúa al cuadro nervionense como líder de LaLiga tras ocho jornadas

Por  8:32 h.

Alas 20.15, cuando el sol ya se había marchado y dejaba de atosigar las gradas del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, el hincha sevillista se marchó con la satisfacción de lo que había vivido, una nueva victoria, la cuarta consecutiva en LaLiga, y con la ilusión de que su equipo, el mismo que se fue al primer parón liguero con la decepción tras caer ante el Betis, pudiera acabar la jornada octava como líder. Dicho y hecho. El Sevilla cumplió (2-1) y el Barcelona no pudo horas después con el Valencia en Mestalla (1-1), dibujándose el mejor final posible antes de empezar el segundo parón liguero: el Sevilla es el líder.

Hay que reconocer que no juega mal el Celta. Sabe lo que quiere y los hombres de arriba conocen bien el manual de Mohamed: presión alta con los Iago Aspas, Maxi Gómez y Pione Sisto corriendo como posesos buscando el error de la barrera de tres de Machín. Pero este Sevilla, el titular, el once que cada aficionado es capaz de recitar de carrerilla, el que parece que juega de memoria, es equilibro, disciplina y paciencia cuando el duelo se atasca y es vértigo, chispa y golpeo cuando el balón se mueve hacia al frente. Este equipo ha aprendido a sufrir atrás (sólo hace falta mirar unos minutos cómo corren y luchan jugadores como Banega y Mudo Vázquez)y arriba se comporta como una máquina bien enlazada y que repite una y otra vez los mismos movimientos. Seguramente, la pizarra de Machín tendrá muchos conceptos y aristas, pero lo que es indudable es que el juego que pretende hace que su comparación con un gran elástico sea cuanto menos oportuna. Y esa es una gran noticia. Se alarga y se estira con tanta facilidad que por las bandas ver el balón parece una quimera. Vuela. Navas es el mejor ejemplo. Quién le iba a decir este verano al de Los Palacios que iba a encontrar a sus 32 años con Machín el mejor profesor. El soriano le pide que sea un puñal. y él, que nació con puro nervio, se lo toma al pie de la letra. De arriba a abajo, y con la tranquilidad que le da tener a Carriço atrás resguardándole las espaldas, es un lujo apreciar las carreras de Navas. Igual que los mecanismos de trabajo de cada uno de los futbolistas que ayer jugaron, caso de Ben Yedder y André Silva, más poderosos cuando están juntos. Es una cuestión de espacio. Cuando un defensa del Celta, como ayer pudieron ser Roncaglia y Cabral, tapan a André Silva, aparece Ben Yedder… O Sarabia, que una vez más, mostró su eficacia. Hizo el primer gol y dio el segundo. Cuánto puede valer hoy en día un futbolista como Sarabia. Hasta de cabeza, funciona.

Aunque el primero en avisar fue Pione Sisto con un remate abajo que atajó Vaclik de manera sobresaliente, el Sevilla sería el primero en golpear. Uno, avisó; el otro, dañó. Mientras que el Celta se ofuscaba por haber fallado una ocasión clara tras haberse encontrado con Vaclik, Sarabia acertaba al rematar de cabeza tras aprovechar un centro medido de Navas.
Al Sevilla le hacía falta personalidad. Y la mostró. Y un poquito de arte, de esa que el Mudo Vázquez despliega cuando se va del rival y mira de frente a los defensas rivales. El Mudo tiene ese don. Como los futbolistas antiguos, esos que miraban al frente y estiraban las piernas haciendo unos movimientos armónicos, esos que eran capaces de llevarse a varios rivales… para que sus compañeros aprovecharan los espacios. El argentino arrastra. Como ayer. De hecho, el primer gol del Sevilla comenzó con una jugada iniciada por el argentino.
Llegó el gol, y también aparecieron los espacios. El Celta se precipitó. El encuentro, de hecho, le invitó a ello. Fue el menú de una tarde con el sabor que pretendía Machín. No hay mejor forma de admirar el sistema del soriano que con el marcador por delante. Ahí, con el rival inquieto, las ideas de Machín fluyen más rápido. Si a ello le unes que el Celta se quedó con uno menos por la expulsión por doble amarilla de Araújo en el minuto 58, miel sobre hojuelas. Sólo tres después el Sevilla hizo el segundo. Ben Yedder, que había tenido ya dos ocasiones para marcar, no perdonó tras recibir una asistencia de Sarabia. El 2-0 subiría unos segundos más tarde pues el VAR tuvo que confirmar que no había fuera de juego. La jornada ya estaba ventilada. Sólo el golazo final de Boufal al final le dio algo de emoción al encuentro, pero más por el miedo e inquietud que se pudo general por unos minutos entre la afición sevillista, que por el juego real del Celta. Los azules ya se habían despedido. Hasta lo reconoció segundos después de que acabara el partido Hugo Mallo. «Este es un estadio muy complicado», dijo con cara de agobio. Punto y final. Fue una realidad. La cuarta victoria consecutiva del Sevilla en LaLiga… ¡Y líder!

Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Redactor de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (ABC) Profesor/Doctor en Comunicación (Univ. Loyola Andalucía). ABP (SFC TV). Canario en Sevilla
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