Unai Emery vuelve a Mestalla

Por  2:00 h.

Habría que escribir un libro para explicar con detalle los secretos de la relación de amor y odio que mantuvo Unai Emery con la afición del Valencia, equipo al que entrenó durante cuatro temporadas e hinchada a la que visitará este fin de semana. El técnico vasco, actual preparador del Sevilla, regresa a Mestalla, estadio que fue el suyo y en donde tiene recuerdos de todo tipo, buenos y malos. Allí Emery escuchó, por ejemplo, a una buena parte de la afición llamarle "burro" insistentemente tras un cambio, pero allí el vasco fortificó a un gran Valencia que se asentó en el tercer escalón de la Liga pese a la continua venta de sus estrellas. Ni siquiera eso estabilizó su crédito por la capital del río Turia, donde sus detractores le tildaban de no saber manejar bien las eliminatorias, sobre todo las europeas.

El destino ha querido que Emery acuda este fin de semana a Mestalla como posible verdugo de Djukic, entre la espada y la pared tras perder en el Villamarín ante el Betis y mantener una relación con los jugadores que permanece bajo sospecha. Y no sólo eso, sino que el propio Emery se juega mucho, pues su Sevilla marcha aún peor que el conjunto ché, si bien el crédito que rodea al vasco es mucho mayor que el que tiene el entrenador serbio. Será la primera vez que Emery se mida al Valencia en territorio valenciano tras dirigirlo, por lo que el morbo estará servido. Morbo justificado en la división que su figura creó entre el valencianismo, con defensores y contrarios a su labor inmersos en un debate eterno. Algo similar a lo que sucedió en Nervión con Manolo Jiménez.

La historia de Emery con Mestalla se adereza con dos anécdotas más. La primera versa sobre su llegada al Sevilla. Fue precisamente tras una derrota en Valencia cuando Del Nido decidió destituir a Míchel y entregarse al de Fuenterrabía, que había acabado mal su periplo en Rusia dirigiendo al Spartak de Moscú. También fue en el estadio valencianista cuando Emery quedó prendado de Marko Marin, en una eliminatoria europea donde el alemán hizo diabluras vestido con la camiseta del Werder Bremen y que originó un plan especial para pararle elaborado en el propio descanso del encuentro. Ahora lo tiene a su servicio, como pieza básica en un esquema que no termina de carburar. El partido de Mestalla se juega en el césped, pero el morbo estará en los banquillos.