Banega se lleva un balón ante Iborra, durante el Villarreal - Sevilla (Foto: EFE)
Banega se lleva un balón ante Iborra, durante el Villarreal - Sevilla (Foto: EFE)

Villarreal – Sevilla (2-2): Los ojos que observan a Éver Banega

En El Madrigal volvió a hacer una demostración de lo que es jugar al fútbol

Por  10:24 h.

Cuando Banega quiere, cuando está cómodo, cuando toca el balón y le sale la primera jugada, ya saben los rivales que poco o nada pueden hacer contra su corriente de desequilibrio. Éver siempre fue a otro ritmo, y Monchi lo sabe. Los artistas, los que tienen esa sensibilidad para profundizar donde otros ni siquiera se atreven a mirar, dibujan caminos de emoción. Ayer, Banega lo volvió a hacer. Y ahora, con el tiempo en contra, cada partido que juega es un regalo.

Los minutos pasan y menos queda para que deje de ponerse la camiseta del Sevilla, la remera, como dicen en su país, que más ha querido en Europa. En El Madrigal volvió a hacer una demostración de lo que es jugar al fútbol… y reiteró con la mejor actitud que le duele el Sevilla. Lo segundo, conociendo sus cualidades, es lo más importante. Ante el Barcelona aceptó su rol de suplente y en la segunda parte la rompió; ayer, ante el Villarreal, uno de los dos equipos que no había perdido tras reanudarse el campeonato liguero, se hizo lo que él quiso.

Siempre tuvo esa facilidad. Pero, a ello, únanle ahora el mayor deseo que tiene el futbolista justo cuando su tiempo se acaba en la ciudad hispalense: salir por la puerta grande. Calidad y actitud suelen ser suficiente.