De Jong protesta ante Martínez Munuera en presencia de Jesús Navas y Marcelo durante el Real Madrid-Sevilla (Foto: AFP).
De Jong protesta ante Martínez Munuera en presencia de Jesús Navas y Marcelo durante el Real Madrid-Sevilla (Foto: AFP).

Asco de fútbol

«Por eso me alegro tanto cuando a los grandes conocidos los eliminan de la Champions»
Por  12:12 h.

No es una excepción, ya lo sabemos. En el fútbol pasa como en tantos otros campos, y no sólo en el de la política, aunque este suene más. Allí donde hay un chico y un grande, donde hay poder y obediencia, donde hay intereses casi siempre oscuros, donde el acostumbrado a mandar tiene que seguir mandando a costa de lo que sea, hay maniobras que dan asco, mucho asco. Sabemos de políticos influyentes -de cualquier tendencia- que están de mierda hasta las cejas y siempre encuentran a alguien que les tira un cabo para sacarlos, lavarlos y que parezcan impolutos. Sabemos de depravados que han llevado siempre una vida -una segunda vida- manchada por todos lados, y como tenían poder, lo usaron, con dinero o con favores, y escaparon de la quema. Sabemos de empresarios que se han prestado a crímenes con una estilográfica, a tareas de defenestración, acoso y derribo de personas honradas, y siempre han tenido cerca al pelota de turno que los defendió o los salvó. Ya lo dice la copla flamenca, «…que al que no tiene dinero, / requiescat in pace, amén.» Y así, el fútbol.

Al Madrid le ha costado llegar ahí arriba, y tiene que mantenerse, como sea, en la cabeza de la tabla de la primera división de fútbol, y si para ello hay que sacrificar a cien corderos, se sacrifican y aquí no ha pasado nada. «Por eso me alegro tanto cuando a los grandes conocidos los eliminan de la Champions», me dice un amigo, y estoy con él. ¿Qué dice usted, que el Sevilla está acorralando al Madrid en su área, en el Bernabéu, y que incluso ha tenido la desfachatez de meterle un gol de cabeza? Pues como en el VAR, que en el caso de los grandes tiene pinta de ser el roVAR, está uno de la cuerda, y pitando en el campo está un acojonado que teme que en Madrid le echen una bronca o le cierren puertas, hay que revisar la jugada. Y miran y miran y nadie con dos dedos de frente ve nada, pero los cagados, sí. Y va el árbitro y, tras comprobar el roVAR, anula el gol. Se agiganta este asco a los poderosos que se mantienen gracias a maniobras así. Nacen las clases. El Madrid tenía que ganar. Y al día siguiente, en Barcelona, un Granada que le estaba plantando cara a los azulgrana, cuando ya pensaba en volverse a la tierra con un justo empate, ve cómo otro cagado, otro árbitro de la cuerda de los del roVAR, le expulsa injustamente a un defensa. Tenía que ganar el Barcelona. Ayuda al Madrid y al Barcelona. A los poderosos, para que no dejen de serlo. Qué asco de fútbol y qué asco de intereses así. Malditas sean las influencias que sacrifican a los chicos para beneficiar a los grandes. Maldito sea el poder que se mantiene por ajeno sacrificio.

antoniogbarbeito@gmail.com

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión