Diego Carlos, De Jong y Ocampos saltan tras Burca en busca de un balón aéreo durante el Cluj-Sevilla FC (Foto: EFE).
Diego Carlos, De Jong y Ocampos saltan tras Burca en busca de un balón aéreo durante el Cluj-Sevilla FC (Foto: EFE).

¿Dónde estaremos mañana?

No hay camino más directo para pegártela que no darle al adversario la posibilidad de que te coma...
Por  9:20 h.

En el bombo. Ahí estaremos mañana. En el bombo de nuestra competición. En el bombo de una nueva eliminatoria. En el bombo que nos hace creer que todo el año brilla como la plata y es rojo como los claveles de mayo. Ahí estaremos mañana. Jugándonos a la suerte otro emparejamiento uefo, otro peldaño más que subir hasta llegar a nuestro destino natural. Pero para estar mañana en el bombo hoy hay que saber lo que tenemos enfrente. Y en absoluto tomárnoslo a barato, como se lo toman los envidiosos que les gustaría estar en nuestra piel roja y blanca, que sostienen que el Cluj es un equipo de la local sevillana, de los que juegan en Piscinas Sevilla, un equipo con tres banderines más que el Calavera y el Revilla FC. Un equipo de amiguetes que, por orden del entrenador, tienen un vale sexual a la semana y que desfogan menos que un perro sin las patas delanteras. Ese equipo tan descartado y ninguneado por los que viven mirándose en nuestro espejo, para llorar la carga de su destino, es el equipo que le ganó al Rennes (sin comentarios) al Lazio y al Celtic. Y que acaba de campeonar en la liga regular rumana. Que no es que sea la inglesa. Pero tampoco es la de Malta.

Así que, dejando las cosas claras, pasemos a lo que hoy nos importa. ¿Dónde estaremos mañana? Estaremos en el lugar que hoy conquistemos en Nervión. Y estaremos donde nuestro sentido de la realidad nos lleve. Antes que nada hay que considerar que el Cluj, como el Mirandés, te puede convertir en colilla y dejarte sin cenicero, tirado en mitad de una cuneta con los ojos vueltos pensando quién me dio la pedrada. El realismo siempre fue muy buen compañero de batalla para saber que los duelos son cosas de dos y de tu instinto de salvación.

Y no hay camino más directo para pegártela que no darle al adversario la posibilidad de que te coma. Con realismo y prudencia se abren las líneas del contrario para asaltar los castillos más inexpugnables. Pero todo pasa primero por ahí, por saber que si hoy no se es más listo, más pragmático y más eficaz que un contrario que te quiere vencer, caeremos en la fatalidad del dentista que tiene la muela picada.

Máximo respeto. Máxima intensidad. Y mañana sabremos en dónde estaremos. Sin olvidar que al equipo de Petrescu le pasa lo mismo que al nuestro: suele rendir mejor fuera de casa que en la propia. Esta actitud de respeto al contrario debe de estar fundamentada en el realismo, jamás en la jindama o en el miedo. El miedo para las cosas que difunde la OMS. No hay respeto más deportivo que el de considerar a tu contrario como lo que es, pero nunca apalancado por las temblaeras del
miedo. Seamos realistas esta noche. Y olvidemos los goles de Getafe y de Rumanía. Con el pasado lo único que podemos hacer son estadísticas. Conel presente, las mejoramos o las empeoramos. Los goles que metamos hoy son los que nos llevarán al bombo y a considerar mañana uno de esos días donde la luz de Nervión es de plata y el estadio un clavel reventón en la solapa del mes de mayo. Y para terminar, solo una pincelada: si Bilardo fuera de la partida, los enconados sexuales del Cluj ya tenían dirección, taxi y cita en Los Daneses. Fijo.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión