Jesús Navas celebra su gol ante el FC Barcelona (J. M. Serrano)
Jesús Navas (J. M. Serrano)

El partido

Porque en Huesca no jugamos un partido, nos jugamos el partido; el ser o no ser
Por  11:17 h.

¿Os gusta la ruleta rusa? ¿Os devora el vértigo de jugároslo todo a una carta? ¿Os puede el gusano final de la botella de mezcal para abandonarse al todo o nada? Ok. Si es así ya tenemos establecidos los términos del debate. Nos gustan los duelos a un solo tiro. Cruzar el desierto sin cantimplora. Tirarnos sin paracaídas… Esa sensación de pánico feliz, de angustia consentida, es la que anda repartiendo nuestro equipo durante estos días. Porque en Huesca no jugamos un partido. Nos jugamos el partido. El ser o no ser. La moneda al aire con la cara o la cruz. El salir de ese juego de cartas con el as en la mano o con el dos de hierro para marcarnos en la derrota. De tanto perder colchones, de tanto hacerle caso al presidente de gobierno, hemos ido dejando puntos y más puntos caer, de forma inconcebible, por el agujero de la depresión que nos acalambra. Cien lesionados. Números de descenso en lo que va de año. El adversario ha hecho el doble que nosotros en el citado periodo. Pizarras cargadas de veneno. Partidos contra equipos muy menores perdidos sin corazón. Caritas tiznadas sin que apenas nadie levante la voz y rompa una mesa con el puño para decir basta. Basta y ni una más, Santo Tomás. Basta y se acabó esa terrible leyenda que se ha ganado el equipo en los últimos tiempos que le hace decir, en monumental osadía, a un equipo como el Huesca, que somos un equipo bizcochable al que se le puede ganar. ¿Por qué no?

 

 

Pues porque no. Porque leer unas declaraciones como esa, que sin ser descalificantes ni antideportivas, lesionan el orgullo de mi equipo y colocan al escudo al nivel de las calcomanías donde se envolvían los chicles antiguos, duelen y sonrojan. No podemos servir en la Cruz Roja. No podemos ser la aspirina genérica de un laboratorio indio que quita los dolores de cabeza a los equipos con jaquecas. No podemos ser el Mañara de las escuadras más pobres y desahuciadas a las que recogemos en nuestros brazos para sanarlos a nuestra costa. Por ahí se llega bien a premio Nobel de la Paz. O a equipo Venerable. Pero no a conquistar una cuarta plaza para meter al club en la dinámica económica de los privilegiados.

 

 

Os podrá parecer una anécdota más dentro del lenguaje de las previas de enfrentamientos futbolísticos. Os podrá parecer un comentario sin más alcance que una boca caliente en el pesaje para la prensa de dos boxeadores que tienen que llenar un Madison Square Garden o el hotel Caesar en Las Vegas. Pero que último de la fila marque con tinta en los periódicos, como un grito de rebeldía, que le pueden ganar al Sevilla desde la humilde condición deportiva en la que militan, eso no se hace por casualidad. Se hace porque se ha visto a un equipo sin alma en Bilbao, en Vigo y en Villareal. A un equipo con los brazos bajos y la mandíbula de cristal. Con más incienso que gloria. Y más camiseta que escudo sobre el corazón. Y tú mismo te vas tejiendo la leyenda del perdedor de colchones. Las cosas han llegado tan lejos que hasta el entrenador del Slavia de Praga dice que sabe cómo amargarnos el envite tras ver el Sevilla contra Messi y diez más.

 

 

Así las cosas, mañana en Huesca, no quedará más camino que dejar la sangre, el sudor y las lágrimas en cada metro de hierba que habrá que conquistarle a unos deportistas desahuciados pero que saben de lo que es capaz el orgullo y el compromiso. Se enfrentarán como los espartanos a los persas. Y son capaces de dejarnos tirados en el paso de las Termópilas que da acceso a no descolgarnos de los objetivos. La pistola está sobre la mesa. Solo hace falta darle jarilla al tambor y cerrarla para comenzar a disparar. ¿Os gusta? Pues esa es, aproximadamente, según mis cálculos, la situación que atravesamos. Un disparo y nos matamos. Un disparo o los hundimos. Pura ruleta rusa. No hay más. Es el partido. Léanlo con letras mayúsculas. El partido donde o nos reencontramos o se abrirá la caja de Pandora de la que salieron todos los males del mundo para volverlo del revés. No quiero ni pensar que esa caja no se cierre para siempre en Huesca y el equipo que lo fue generador de ilusiones y bien juego hasta diciembre, se pierda en la neblina de las estadísticas bajo cero. Para comenzar un calvario que siempre acaba con más de tres cruces en el monte de los olvidos futbolísticos. Recen y luchen. Como si fuera el último día. Sí, sí, contra el Huesca…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión