La afición del Sevilla, en el partido contra el Celta (J. M. Serrano)
La afición del Sevilla, en el partido contra el Celta (J. M. Serrano)

Elogio del malajismo

Nuestro destino y ambición son ganarlo todo, hasta el menosprecio de los otros
Por  9:56 h.

Dicen por ahí que, en un presumible ranking de estimaciones, el Sevilla FC es el cuarto equipo más malaje de España. El cuarto. Palanganas, no lo estamos haciendo nada de bien. Nos estamos equivocando muchísimo. Más que el que hizo las cuentas de las Setas. Nuestro destino y ambición son ganarlo todo. Hasta el menosprecio de los otros. De los que te envidian. De los que te imitan silbando para despistar. De los que sueñan en blanco pese a que sus escudos tengan coronas y laureles. Qué poco nos quieren. Y cuánto te quiero, Sevilla. Qué poco necesitamos de esos quereres y cuánto nos sobra de querernos a nosotros mismos. ¿Hablamos de autoestima? ¿Hablamos de ambiciones? ¿Hablamos de barcos por el río cargados de plata? ¿Hablamos de autobuses parando en la Catedral para presentar nuestros triunfos? ¿Hablamos de condenarnos a muerte para resucitar una temporada después tan altos como la luna? ¿De qué hablamos, palanganas? ¿De que somos muy malajes porque vamos del corazón a nuestros asuntos? ¿De que bajo nuestra camiseta solo hay piel blanca y roja y no la de Cristianito ni la de Messi?¿De que nos sobramos y nos bastamos para ser nosotros sin contar con la bendición de los otros?

Si hablamos de eso, de malajismo, de gente que no necesita compasión y le sobra pasión para aspirar a lo que sea, estamos hablando bien. Se nos entiende todo. No confundimos a nadie. Ni de nadie esperamos que nos preocupe su confusión. Nuestro mundo empieza en Nervión y termina donde nos lleve nuestro orgullo. Nuestra ambición. Nuestros retos cada vez más empinados y difíciles. Somos malajes porque el mundo nos hizo así. A otros los hacen independentistas de salón. A los de más allá merengues por su tendencia al pasteleo. A otros, altares desconchados de su automisericordia. Dan pena. Y con esa pena, penita, pena mendigan el cariño ficticio de la limosna sin corazón. No queremos ese cuarto puesto del malajismo. Queremos también ser los primeros. Nos cabrea no serlo. A ver si hay que pedir dimisiones por no alcanzar esa meta…Queremos ser los más antipáticos, los más enojosos, los más intragables. Porque si así nos ven, nosotros, los palanganas, nos vemos como los más alegres, los más divertidos, los más tratables. Sin que nos haga mella la opinión de los que tienen la máquina de repartir carnés de simpatía.

Hoy deberíamos ganarnos más desafectos. Claro que sí. Muchos más desafectos me pide el cuerpo. Tantos como los que puedan sumarse en Lieja metiéndole al Standard unas cuantas coles de Bruselas. No hay argumento mayor que justifique el malajismo que la capacidad inquebrantable de seguir sumando victorias. De proyectar esa imagen de seguridad que tanto desvertebra a los inseguros. Ande yo caliente y… más goles en Lieja. Más banderas al viento. Más bufandas moviéndose por sevillanas. Más himnos cantados con tanto amor que derrite el Ártico de la envidia. Seamos tan inalcanzables que los de pequeña talla no puedan rozarnos ni en el sillón del siquiatra. Seguimos en la pelea. En la lucha. En la batalla de ser únicos y sin necesidad de ser graciosos. Porque la única simpatía a la que nos consagramos es la de reconocernos en nuestro escudo, en nuestra bandera y en nuestra afición. La más malaje del mundo y la que tiene las vitrinas de su historia como un galeón indiano. Las risas para el circo. Y las bulerías para los estadios con compás: obí, obá, cada día te quiero más…Regresen de Lieja como nos toca. Victoriosos y poniendo en algunas bocas a punto de nieve la envidia que los gobierna…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión