Los jugadores del Sevilla, justo antes de comenzar el primer partido de la fase de grupos   de la Liga Europa, ante el Standard de Lieja
Los jugadores del Sevilla, justo antes de comenzar el primer partido de la fase de grupos   de la Liga Europa, ante el Standard de Lieja

Elogio de la humildad

El Sevilla afronta esta tarde la ida de la eliminatoria de la Copa del Rey ante el Villanovense
Por  11:09 h.

El jugador que se vista en un vestuario de segunda B, con grave riesgo de que el agua no esté caliente y que el linimento haya que comprarlo en la Farmacia de guardia, no debe olvidar jamás de donde salió. Porque ni el más grande de la serie top de jugadores mundiales salió nunca de un spa o de una cámara de frío. Sino de vestuarios modestos, húmedos, desconchados y con bancos rotos. Volver a ellos es reencontrase con uno mismo. Con la infancia de los sueños. Con la juventud de las ambiciones. Y con el pasado que ningún pelotero de ley puede olvidar ni despreciar.

Hoy, los soldados del Sevilla, la línea B de un equipo muy tocado en defensa, volverá a vestirse donde muchos años atrás lo hicieron la mayoría de ellos. En vestuarios de esparadrapos y solerías de polveros. Donde los tacos de las botas les sonaron, alguna vez, a repique de campanas de sueños de fama. Así que ni un desprecio, ni una mirada por encima del hombro, ni creerse más que nadie porque más que nadie no existe. Al menos en la competición. Donde el Ebro llevaba tanto caudal en Zaragoza que casi ahoga al equipo de la ciudad del Turia.

Esto que os escribo hoy no es una arenga. No puede serlo. Esto que os escribo hoy es un elogio de ese fútbol humilde, de saco de carga y panaderos y oficinistas de profesión. Gente de Villanueva de la Serena que, con la verdad primera que da este deporte, el compromiso con un escudo y la ambición de ganar al poderoso, saldrá esta tarde a quitarle el jamón al Sevilla. Y lo harán como lo hacen los que nada tienen que perder. Mordiéndose la lengua en cada carrera. Y echando el bofe cuando los pulmones andan vacíos. Es su feria futbolística. Su apoteosis deportiva. Meterle el pie al jugador que ven en la tele los fines de semana y se echan las manos a la cabeza por lo que son capaces de hacer en el perímetro de una loseta. A mi esa clase de partidos me ponen muchísimo. Quizás porque sigo siendo un romántico. Y veo la verdad, lo auténtico de este deporte en lo que late debajo de un escudo. Ya sea de segunda B o de Champion.

Así que respiren esa humildad en los vestuarios de la polvarea. En los vestuarios donde muchos de vosotros, soldados de Nervión, arrancasteis como jugadores. Y pensad lo que pensabais cuando, en alguna ocasión, os toco jugar con el poderoso. Ese ansia, ese deseo por ganar te da más alas que Redbull. Y solo es capaz de desplumarlas la humildad. La sencillez. Y la entrega más absoluta. Como si frente a nosotros saliera un Milan de otros tiempos. De aquel tiempo donde Rijkaard, Gullit, Van Basten, Maldini, Costacurta y Baresi rompían la pana. Sed humildes y respetad al contrario. Que una mano tonta derribó alguna vez a todo un peso pesado. Vayan y jueguen con la humildad de un cartujo, con la firmeza de un espartano y con la grandeza de saber que alguna vez nos vestimos en vestuarios sin spa ni cabinas para el frío. Ojo a lo que digo. Porque no hay guerreros más rabiosos y comprometidos que aquellos que sueñan con vencer al grande, al que tiene en el ropero del vestuario ropa cara y colonia italiana. Después, si eso, hablamos de la Real. Pero antes hagamos un elogio de la humildad. Que es como alcanzamos la mayor grandeza los que no creemos que a Villanueva de la Serena se va a ganar solo con la postura y la guapería…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión