Sarabia celebra su gol contra el Barcelona en la ida de los cuartos de la Copa del Rey (Foto: EFE).
Sarabia celebra su gol contra el Barcelona en la ida de los cuartos de la Copa del Rey (Foto: EFE).

En tus ojos

El valiente va, triunfa y vuelve. Y Sevilla, una vez más, se hará grande con vuestra grandeza
Por  10:04 h.

Si te tiemblan las piernas, te sudan las manos, te acoquinas con la grada y crees que, delante de tus narices tienes a un semidiós chiquitito y diabólico, capaz de darle la vuelta a tu suerte, no salgas al campo. Piérdete. Lloriquea por los rincones. No salgas del cuarto de baño. Vomita tu jindama y defeca tu pusilanimidad. Pero ten presente que tú no eres el hombre que necesitamos. Hazte y hazle ese favor a tu equipo. Quédate en la caseta. Lesiónate colocándote las tobilleras. Dile al entrenador que tienes gripe. Pero no salgas. Porque el partido de hoy solo está hecho para corazones fuertes, para estómagos duros. Para tipos tan fríos y tan apasionados a la vez que no tienen vértigo en los desfiladeros. Esta noche nos espera un desfiladero de los de caída vertical o vuelo sobrenatural. Me apunto a lo segundo. A volar como los ángeles. Siempre y cuando los jugadores se apunten a lo que digo. A ese sentimiento de rabia, casta y coraje bajo el imperio de la inteligencia que no siente temblar las piernas ni sudar las manos cuando delante de sus narices se le planta el pistolero más letal de la tierra. Prohibido arrugarse. Prohibido bajar la mirada. Mantenedla siempre clavada en los ojos del adversario, Como hacen los grandes pesos en la ceremonia impostada del pesaje. Pero en nuestro caso sin simulación alguna. No rehúyan los ojos del otro. Porque en los ojos del otro habita también la incertidumbre. Y esa es la que necesitamos conquistar para que sea nuestra socia. Guapearlos, chulearlos, torearlos si falta hiciera. Pero nunca jamás mostraros ni tiernos, ni blanditos. Los yogures para los niños sin dientes…

El miedo es tan poderoso como arma que gana un partido antes del calentamiento. Hoy debería tener la caseta de nuestro equipo un espantapájaros del mal miedo para ahuyentarlo, para trasladarlo a otro vestuario. Ese pájaro negro del infortunio que vuele sobre otros trigales, sobre otras masias. Pero jamás sobre la nuestra. En la nuestra, en nuestra caseta, hay carteles colgados con tu nombre, Valor, que nos recuerda lo que les decía Patton a sus soldados en Italia. Patton animaba a sus guerreros diciéndoles que después de la batalla engrasarían sus tanques con grasa de
los huevos de los alemanes. Tampoco es para tanto. Pero sí hay razones para que sepáis, futbolistas de nuestro orgullo de Nervión, que el verdadero valor consiste en no tomar nota del miedo. En esa libreta no se anotaningún temblor del pulso, ni ningún suspiro de ansiedad. En esa libreta no cabe otra cosa que valor y estrategia, casta y cerebro. Si esas cualidades se dedican a hacer un rondito esta noche en Barcelona, seréis capaces de acabar con la soberbia de los intocables y, de paso, con el conflicto de los taxistas. Nadie pudo jamás con el corazón y el cerebro cuando caminan juntos. Como decían los griegos: mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve…

Eso es lo que queremos hoy de vosotros. Que volváis triunfantes tras una espera de infarto. Pero para eso no hay mejor método que clavar tus ojos en los del adversario y encontrarle dónde esconden su temor. Decía Joe Louis que una vez que suena la campana estás solo. Tú y el otro hombre. A vosotros nunca os ha pasado eso. Porque cuando suena el silbato del árbitro jamás habéis sentido ni orfandad ni soledad. Porque el cielo protector de los vuestros, de los arrebatados, de los de la bufanda colorá, de los que empujan como arietes legionarios sobre la puertas donde han secuestrado al triunfo, siempre están con vosotros. Para quitarle la razón a lo que dijo el gran Joe Louis. Vuelvan con el escudo o sobre el escudo, decían las madres espartanas a sus hijos cuando iban a la guerra. Ya sabéis que los que caían con gloria, valor y heroísmo en las batallas lejos de Esparta regresaban a su tierra sobre sus propios escudos. Si hoy hay algún miedo que conjurar es precisamente el miedo. Tenedles miedo al miedo. Que no ocupe ni una micra de vuestro corazón ni de vuestro ánimo. Miradle a los ojos, describid su debilidad y percutir sobre ella. Y comprobad cómo los griegos llevaban razón: el valiente va, triunfa y vuelve. Y Sevilla, una vez más, se hará grande con vuestra grandeza.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión