Jordán es felicitado por sus compañeros tras marcar en el Alavés-Sevilla (Foto: AFP)
Jordán es felicitado por sus compañeros tras marcar en el Alavés-Sevilla (Foto: AFP)

La ruta de la plata

Eso de que somos una gente que nunca se rinde no es una estrofa literaria redonda. Es redonda porque además de ser bonita es cierta
Por  10:02 h.

No jugamos una final desde el mes de agosto del pasado año. Y cómo lo echamos de menos. La plata de este año no ha sido por campeonar en Europa. Sino por acariciar la canastilla de una Pasión muy sevillana. Y yo no sé si podré acostumbrarme a comer sucedáneo cuando tantas veces hemos saboreado el caviar de las victorias y los triunfos en el mes de mayo. Estos chicos de Nervión nos han acostumbrado tan mal que quedar clasificados para la UEFA provoca ardores en estómagos acostumbrados a digerir platos exquisitos, de master chef. Y no queremos darnos cuentas que hay, cerca y lejos de Nervión, muchísimos anhelos por jugar una competición que consideran menor… hasta que la juegan. Entonces la UEFA es un sueño, una conquista, una hazaña de primer orden para unas vitrinas que huelen a soledad. Hoy nos estrenamos a siete horas de vuelo de Sevilla. En la capital de una república rica, barata y petroleada muy cercana al mar Caspio. Vamos a Bakú a por algo más que una victoria. Vamos hasta la capital de Azerbaiyán a empezar el largo y tortuoso camino de nuestra ruta más hermosa, la de la plata. Un camino que se comienza en septiembre y, si no nos tropezamos por el camino, nos llevará hasta el mes de mayo para vivir la gozadera de los pentacampeones. Por eso me importa poco quien vaya a sacar hoy Lopetegui.

Y me importa poco porque entiendo que los que salgan y los que se queden sentados en el banco, pese a ser la mayoría nuevos en la familia, ya saben cómo son nuestras costumbres. Y nos hemos acostumbrados a participar, a pelear y a ganar. Eso de que somos una gente que nunca se rinde no es una estrofa literaria redonda. Es redonda porque además de ser bonita es cierta. Cuando el equipo disolvió sus señas imperecederas de identidad en un amaneramiento rococó, la grada, la gente del escudo, la bandera y la bufanda, movía la cabeza viendo a un equipo que no los representaba. No es esto, no es esto, decían para sí mascando la tragedia de ver lo que estuvimos a punto de perder. Y otra vez volvemos a ser lo que fuimos. Gente con fe en un equipo construido desde atrás y sin miedos a devolver el mordisco que te den los doberman contra los que competimos.

Nos hemos vuelto a hacer hombres, guerreros, soldados para ir, de trinchera en trinchera, a por lo que es nuestro. Hemos dejado el tiqui taca de la nada con sifón para abrazar la verdad del futbol directo, vertical y de mentón duro. Y esas costumbres familiares que nunca debimos arrinconar parecen que las volvemos a dominar. Y yo me siento enormemente feliz y seguro. A la guerra se va con mala leche. De lo contario la pierdes y te quedas sin leche y con alma de prisionero. O con una cruz en lo alto de tu boca…

Convencido estoy que tanto Lopetegui como los doce nuevos de la familia saben ya esto. Lo llevan tatuado en las muñecas y en el espinazo. Nunca nos rendimos. Podemos perder. Pero a base de que el contrario se deje en el campo la sangre, el sudor y las lágrimas. Esta es la principal razón de que no me interese mucho quiénes van a salir hoy a jugar con el Qarabag o quiénes se quedarán sentados en el banquillo. Tantos unos como otros saben que se gana atendiendo a los principios identitarios de nuestra fe y nuestro credo. Y el que no lo tenga asimilado, no vale. No sirve para lo nuestro. Es posible que pueda jugar en equipos donde la exigencia es menor y se aplauden las derrotas. En Nervión se interpreta eso como un crimen horrendo. No queremos perder. No sabemos perder. No es la derrota la inspiración de nuestra historia más épica. Estamos a siete horas de la Giralda porque allí comienza una historia que nos parecerá interminable. Pero que siempre acaba en mayo y en mayo queremos ser protagonistas de una más, de otra final más. Nos gusta la plata europea. Y, palanganas, hoy empezamos a pelearla como se pelea por el honor y por la victoria. A dentelladas frías y certeras.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión