Monchi, José castro y Julen Lopetegui, durante el acto de Fieles de Nervión (Foto: Sevilla FC).
Monchi, José castro y Julen Lopetegui, durante el acto de Fieles de Nervión (Foto: Sevilla FC).

Sevilla FC: Los Monchis

Son los amigos que en estos días de baja liguera se dedican a apuntar nombres y a largarlos en las redes como fichajes indispensables para el equipo
Por  10:13 h.

Verán el titular y, algún despistado, pensará que les voy a hablar de los dos geniales arquitectos sevillanos, Cruz y Ortiz, autores, entre otros edificios de maestría contrastada, como Wanda estadio o el de la Cartuja sevillana, por seguir ejemplificando con los neocoliseos deportivos. A Cruz y Ortiz se les conoce en el mundillo como los Monchis. Pero no estamos hablando de arquitectura. Sino de fútbol. Y en ese espacio donde el deporte se apasiona y la militancia se lleva en la sangre, los Monchis no son los afamados arquitectos sevillanos. Son los amigos que en estos días de baja liguera se dedican a apuntar nombres y a largarlos en las redes como fichajes indispensables para el equipo. Son los Monchis. Unos jartibles del mismísimo caraho. Que se están viendo el sub 21, la Copa América y la africana con libreta en mano y bolígrafo en estado de alerta. Para apuntar al primero que no le de con la uña negra y convertirlo en objeto imprescindible para que nuestro equipo se refuerce.

¿Qué tu no tienes un Monchi en el grupo de guasá o en la barra del bar cuando te hincas una fresquita? Pues entonces, como cantaba el Marchena, hay que decirte que tú ni tienes perro ni ná. Si no tienes un Monchi en tu entorno más cercano no vives de verdad estos días de orfandad futbolística. El Monchi es un tipo singular. Un ser que de no existir habría que crearlo. Porque él es un generador de alucinaciones, una máquina de crear mundos imposibles, capaz de convencerte de que ha visto con Camerún una perla negra cuyo nombre solo puede pronunciarlo Tarzán cuando decía aquello de ankawa Chita. Y en la Copa América acaba de descubrir con Trinidad Tobago que se desenvuelven peor sobre la hierba alta que los de Jamaica, que de hierbas saben más que el Servicio de Jardineria municipal de Sevilla. Apunta todo lo que se mueve. Y ve estrellas futuras hasta en el tipo que vende mirindas y fantas en un cubo de latón con hielo. El otro día me dio una brasa la mar de simpática porque decía haber visto un mandinga desconocido en la selección congoleña, ideal para un centro del campo tan modosito como el que hemos venido usando estas dos últimas ediciones ligueras. Yo amo a los Monchis. Sin ellos, sin sus llamadas a destiempo, si sus mensajes de voz absolutamente sobrenaturales, sin esos descubrimientos de diamantes en bruto que son capaces de realizar a golpe de Cruzcampo y televisión, este mes sería insoportablemente aburrido.

Lo que más me gusta del Monchi de mi grupo es que es el primero en mandarte un twitt con las claritas del día diciendo que somos tan grandes que Neymar se va al Barcelona y el PSG ficha a Sarabia. Es para comerle la cara entera. Un Monchi con estos kilates no te lo encuentras ni en un escaparate de Tiffanys. Porque de esos fogonazos tan irreales vivimos, sobrevivimos y superamos al mes más antipático del año. El mes donde la pasión se pone las chanclas y la militancia de la sangre no riega el corazón rojo que nos late. Los fichajes que por prudencia, estrategia y conocimiento no nos anuncia el León de San Fernando los suple el Monchi de andar por casa que tenemos entre nosotros. Es verdad que todo tiene un límite. Y que hay propuestas absolutamente dislocadas. Las mismas que nos permiten reírnos un rato y echar de menos al Monchi de verdad que sigue pintando su cuadro. Y que por el silencio que envuelve su gestión tiene toda la pinta de que va a ser un cuadro cartujano. Pero no desesperen. Todo está dentro de los tiempos que marcan el calendario exclusivo del mercado futbolístico.

Un día nos levantará nuestro Monchi con una noticia del Monchi verdadero. Incendiando la pantalla del móvil para decirnos que el León se presenta en la sala de prensa del club con un saco lleno de futbolistas. De los de verdad. De los que en un par de año triplican su valor de coste. Ese día nuestro Monchi de Vodafone se marchita, se pierde, se agosta porque deja de tener sentido su encendida imaginación y su libreta mágica. Ya no fichará a uno de Camerún capaz de hacerte un túnel con un tambor rociero. El Monchi de verdad le ha dejado sin razón de ser. Y solo queda dominar nuestra ansiedad y que el absoluto director técnico del SFC convoque a los muchachos para descorrer el velo que tapa su cuadsro y admiremos, regocijados, su composición y larga perspectiva. Oliendo a pintura nueva, a colores que te llenan de vida y sueños…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión