Imagen de los incidentes del pasado miércoles en Madrid en los aledaños del Vicente Calderón
Imagen de los incidentes del pasado miércoles en Madrid en los aledaños del Vicente Calderón

De Madrid al infierno

Allí la guerra la hacen los aficionados. Aquí, los ultras
Por  9:40 h.

Desde que ocurrieron los hechos hasta que salieron a la luz de los medios hubo, al menos, un silencio que minutaba la vergüenza de su doble vara de medir. Madrid mide el hedor de sus excrementos con el tiempo que sabe manejar para enfriarlos y, después, servirlos en la mesa de la comunicación nacional, sin temor a que nadie se queme. Lo importante es que no se quemen ellos. Que la realidad de sus actos no los abrasen pese a que estuvieron en el infierno. En un infierno de botellas, pedradas, agresiones y violencia extrema que llegó a acorralar a una partida de policías. Los malos llevaban una camiseta puesta, perfectamente identificable. Con escudo y rayas. Con la violencia en su Frente. Pero nadie habló del frente madrileño, de la guerra de Madrid, de la pelea urbana donde los cristales estallaban contra las lecheras policiales y sus escudos. Confundiendo a conciencia hinchas con ultras, aficionados con bandoleros. Nada que envidarle, en su salvaje espíritu, a lo que pasa en Inglaterra, Polonia o Argentina. En absoluto. Los mismos perros con diferentes collares balompédicos. Pero chitón. Silencio. Apagón informativo perfectamente medido. Nada se dijo en la noche de la clasificación blanca para la final de Champion. La mierda había que enfriarla.

Los programas de televisión se volcaron sobre el hecho deportivo. Sobre la genial jugada de Benzema, sobre el partidazo de Isco, sobre una nueva final madridista y, tiene cohones, sobre la gran deportividad que respiró el enfrentamiento local. En la calle se estaban partiendo la boca. O reiventando el territorio comanche de Sarajevo. Pero shhhhhhh. Silencio. No era el momento para decir nada, para denunciar algo tan reprobable, para enseñar el cuadro torcido que el cielo madrileño tiene en el salón de casa cuando se convierte en infierno. Ninguna cadena nacional abrió sus informativos con aquel averno capitalino. No era el momento. Aquí, en cambio, los condenables hechos del Papelón fueron noticia de apertura de casi todos los informativos que, puntuales, asistieron a la divulgación de la salvajada. Los bárbaros sureños, los neandertales nervionenses, llenaron las pantallas televisivas de España aquella desafortunada noche. El miércoles no. El miércoles el espectáculo lo daba Madrid. Y esas cosas se cocinan antes de servirlas al público.

Mientras por las redes sociales galopaban los vídeos de la salvajada atlética, los informativos televisivos y programas de uso tópico, secuestraban la noticia con nocturnidad y alevosía. Y no fue hasta ayer, cercana las 24 horas de lo ocurrido, cuando algunos telediarios de la tarde caían en la guerra de Madrid. Aunque tuvieron la desfachatez de envolverla en el celofán previo de cómo dos aficiones apasionadas animaban a sus equipos, se enfrentaban en un ambiente modélico, casi de público de ajedrez, en las gradas. Con semejante mezcla de nata y crema te remitían después a los hechos violentísimos de la calle. Con epidural. Aquí sin anestesia. Lo de aquí fue un papelón. Lo de Madrid un papelillo. Pero todos sabemos que Madrid tiene dos varas de medir las cosas más violentas del fútbol. Una para ellos. Y otra para provincias. Pues no son ni mejores ni peores que las barras provinciales. Son idénticas en su extremado salvajismo. Y con idéntica severidad habría que juzgarlas desde los organismos oportunos. Ya sea Interior o la Liga. ¿Tendrán lo que hay que tener para hacerlo? Con Sevilla, seguro. Con la capital…menos paso quiero. Nos sobran los motivos para pensar que Madrid siempre nos la juega con las cartas marcadas. No extrañarse de que cierren el Pizjuan por la guerra de Madrid. Porque allí la guerra la hacen los aficionados. Aquí, los ultras. Realmente son increíbles…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión