Mercado lucha con Boufal y Okay ante Roque Mesa durante el Celta-Sevilla (Foto: AFP).
Mercado lucha con Boufal y Okay ante Roque Mesa durante el Celta-Sevilla (Foto: AFP).

Sevilla FC: Marca de la casa

No es tendencia nueva ni capricho del destino lo que nos pasa cuando el equipo tiene que medirse lejos de nuestro estadio
Por  10:01 h.

El debate abierto, aún por cerrar, de la solidaridad extrema del Sevilla FC cuando juega lejos de Nervión, ha ocupado el tiempo que entretienen los grandes duelos. Porque como de un duelo se salió de Balaidos. Y mandándonos pésames hemos estado toda esta semana. Hasta que nos nazca una nueva ilusión en el Pizjuán bien por una goleada como la registrada ante el Levante, bien porque el equipo fue capaz de sumar tres puntos convenciendo con juego y actitud a los parroquianos. Pero la pregunta seguirá en el aire: ¿y el anillo de fuera pa cuándo? Porque no es tendencia nueva ni capricho del destino lo que nos pasa cuando el equipo tiene que medirse lejos de nuestro estadio. No sumamos o sumamos menos de lo que debe hacerlo un aspirante a la cuarta plaza de la Liga. Pero no es nueva la tendencia. Y he llegado a pensar, ciertamente desnortado por tanto vinagre en la boca, que esa generosidad extrema de nuestro equipo, esa capacidad para resucitar moribundos, es una marca de la casa. Y que nuestros jugadores, en esas circunstancias, se olvidan de lo que hay que tener para ganar (mucho más que testiculina, por supuesto) para convertirse en misioneros redentoristas de causas perdidas. Realmente es desalentador. Y alguna explicación objetiva debe tener. O, quizás, una suma de razones lógicas que expliquen el argumentario. Se han manejado factores de todo tipo. Y todos la mar de lógicos y fundamentados.

Desde las lesiones que han convertido la competición en la carga de nuestra caballería en Taxdirt, tan heroica como sangrienta, al enorme desgaste producido por una competición que nos ha hecho jugar más que a nadie y que cuenta, en la tabla de los jugadores europeos que más encuentros llevan jugados, con algunos con la camiseta sevillista. Eso son datos objetivos que deben explicar algunas cosas. Tampoco conviene olvidar que la sala de máquinas nos alerta con fatiga de materiales por uso continuado. Pero a mí siempre me asalta la misma pregunta ¿por qué en casa superamos tan sólidos hándicaps y ganamos y puntuamos? ¿Por qué las bajas por lesión y el cansancio de una competición maratoniana dan para salir como mosto aljarafeño por Nervión y cagarla, días después, en Balaidos? Ojo, en Balaidos. No en la masia del chiquitito. Ni en la casa blanca del Paco de Lucia de Camas. En Balaidos. Y es verdad que el equipo ha jugado más que nadie y que las lesiones se lo han comido como dos compadres una olla de menudo. Pero en Nervión no pasa eso. En Nervión, por el contrario, pasa que se derrotan a los grandes y se suma como hay que sumar con los corrientes.

Hace años, con el Narigón recién llegado a la ciudad, le escuché a tan inalcanzable personaje que no entendía una cosa del fútbol español. Creo que he referido más de una vez esta nota de Carlos Salvador Bilardo. Argumentaba que no acababa de comprender por qué razón en España se jugaba de una forma de local y de otra como visitante. En casa se jugaba a ganar. Fuera se jugaba a no perder. O sea, a empatar como mucho. Solo los creyentes ortodoxos le ponían un 2 en las quinielas a nuestro equipo. Parece que el análisis de Bilardo continua vigente en Nervión. Porque, salvo ocasiones muy poco repetidas, el Sevilla no es equipo de regresar en avión con muchas alegrías en la Liga. En otras competiciones, ahí están las vitrinas, el equipo compitió de tal forma que su recompensa fue en plata labrada europea. Llevaba tanta razón Bilardo que hoy seguimos padeciendo en la Liga de esa extrema generosidad que, tan antipática y estomagante, resulta.

Ni el cansancio natural, ni las bajas con las que hemos cojeado durante la Liga, para colocarnos muy arriba durante unas semanas, lo explican todo. Tampoco me dejan absolutamente convencidos los ataques de entrenador de Machin, que cuando cambia las maracas por los timbales, su música suena a tambores de lata. Estos hechos explican una parte tan solo de tan complejo laberinto porque el equipo sigue en la cuarta posición. Eso sí: más cerca de sus enemigos naturales y con una crisis de fe abierta en la grada. Pero seguimos sin comprender cómo se cae estrepitosamente en lo más llano del camino de forma recurrente. ¿Marca de la casa? Si eso es así, deberíamos de cambiarla en El Jueves. Ya. Si de verdad queremos instalarnos en los puestos del dinero, en los puestos del bussines. En esas alturas no se consienten tics de equipo menor. Que por supuesto, no lo somos. Aunque fuera nos empeñemos en parecerlo… ante los más tiesos.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión