Este domingo se juega el Sevilla Girona
Los jugadores del Sevilla FC celebran uno de los goles en el Sevilla-Rayo (EFE)

Media docena de biscotto

" El último partido de la Liga nos exige darlo todo, como en una fiesta rave pero deportiva, sin pararnos ni mucho ni poco en las bajas"
Por  9:50 h.

Búsquenlo, sáquenlo de donde sea, pero no pisen el césped del Pizjuan amilanados, como niños sin merienda, como coquinas buscando la arena para esconderse. El último partido de la Liga nos exige darlo todo, como en una fiesta rave pero deportiva, sin pararnos ni mucho ni poco en las bajas por lesión, en los desertores o en los que, a fuerza de impostura, se escondieron tras un tendón rotuliano y llevan mes y medio pensando lejos del Sevilla y de Sevilla. En nada de eso podemos demorarnos y enredarnos. Somos los que somos. Los que quedamos. Los que van a encarar este último asalto del combate liguero como Rocky ante Apolo. A cara de perro. Invocando la fuerza del carácter. Porque el encaje de bolillo, la artesanía en los respiraderos del centro del campo, la pura excelencia creativa se nos fue del aire. Quedó desarmada con Banegas por un ataque de irresponsable inmadurez. Y está en manos de un Mudo que no sabemos si se arrancará como el de Triana cuando veía a la Señora de Pureza o no dirá ni mú. Con lo que hay, que es mucho más músculo que cerebro, se ha de ganar un partido al que le están regalando continuamente bandejas de biscottos, de los que yo desconfío como un vegano de las asaduras.

 

Apelo al carácter, a la uña negra , al tobillo de adoquín, a los pulmones de acero y a la ingle del toro para sacar adelante un partido que se ha querido meter en el horno del pasteleo y que a mi me cuesta muchísimo trabajo entender que los leones, pudiendo comer gacela, se conformen con media docena de biscotto. Si un león te ve cojeando, te come. No te araña, no. Te come. Le sirves para presentar un temporadón desde que Garitano lo pillara en un arcén de la carretera tras un accidente mortal y lo restableciera de tal forma que, al final del torneo, queda clasificado sexto para jugar la UEFA. Un absoluto éxito. Y los éxitos no le sientan mal a nadie. Por eso apelo a lo que tenemos. A la honradez y al sacrificio. A la extenuación y a la entrega absoluta. A lo que nos queda. A los últimos guerreros en pie tras una batalla larguísima, complicada y sangrienta que nos hizo sumar más bajas que ningún otro equipo del campeonato. A esos que quedan en pie, con más coraje que estilo, les cabe la gloria de sumar los tres últimos puntos de la temporada, los que nos darían la sexta plaza y el horizonte despejado de iniciar el próximo curso en tiempo y hora. Y no en el mes de julio cuando los pies solo quieren chanclas.

 

Dejen los biscottos para la hora del te o del café. En Los Angelitos los hay de todos tipos. Pero lo del sábado no pide azúcar. A gritos nos reclama el vinagre del enfrentamiento y la acidez de la batalla. Y aunque los perfiles que sumamos sean bajo en esos índices, tendrán que hacerlo sí o sí. Lo del sábado es una cita con lo innegociable. Sin disyuntivas. No cabe el esto o lo otro. Solo es bien recibido cumplir con la obligación y sumar tres puntos del tirón. Y dejar, al menos en pie, después de tantos castillos en el aire como se construyeron allá por diciembre, el apartamento de la esperanza bien amueblado. Y a partir de ahí empezar otro proyecto de la mano casi infalible de Monchi. En esa seguridad se descansa. Pero olviden los biscottos. Una manada de leones comandados por un tal Garitano Aguirrezabal, nacido en Bilbao y no en la Barzola, pasa de pasteles y viene a por solomillos. Saquemos los dientes que nos quedan y que la carne se la lleven de Makro, no de Nervión, por muy familiar y casero que les resulte el nombre…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión