Lopetegui, en el Sevilla-Apoel (EFE)
Lopetegui, en el Sevilla-Apoel (EFE)

No hay arenga

Así que hoy no esperen ni alegatos que inflamen la bravura, ni citas de Braveheart o de Patton...
Por  9:59 h.

Para un partido como el de hoy, pregunto, ¿es necesario una arenga? Las arengas son para los partidos grandes, complicados, donde nos jugamos seguir o quedarnos en la estación sin subirnos al tren de mayo. Para esos partidos que nos hacen sentir y vibrar convirtiéndonos en la música que le llega al equipo desde la grada. Una música necesaria, que suena a victoria y pelea, donde tan bien se desenvuelve una afición forjada en el fuego y en la lealtad sin fisuras. Así que hoy no esperen ni alegatos que inflamen la bravura, ni citas de Braveheart o de Patton. Hoy nos enfrentamos a un equipo menor, mucho más aún que el año pasado, noveno en la liga luxemburguesa que no es precisamente un dechado de exigencia. A la porra eso de que no hay equipo pequeño ni otros recursos pautados de sala de prensa. Porque hay que decir algo. Porque hay que respetar al rival siempre. Pero esta noche no nos enfrentamos ni a la Lazio ni al Arsenal.

 

Esta noche hay que pasar un trámite y a los trámites no se le pone ni coraje ni casta. Se le echa mucha profesionalidad. Y ni un gramo de mandanga… La arenga de hoy es a la inversa. Tiene que escribirla eso que llaman segunda unidad, los suplentes de toda la vida, desde el campo a la grada, que le echará valor para no desertar de su compromiso y pasar el frío de este octubre traicionero con temperatura de diciembre. De ese equipo que apenas se ve en las alineaciones de Lopetegui, algunos semi inéditos para la afición, tiene que nacer el calor de una cita de trámite que no hay que convertir en angustia. Somos mucho de las penas en las sienes y caernos en lo más llano. Somos mucho de convertir los trámites en epopeyas. O en catástrofe. Por eso invoco a la profesionalidad para espantar la mandanga.

 

Y que los que no suelen ser habitualmente de la partida, salgan a hacer los deberes lo más pronto posible. Intuimos, sin necesidad de ser Sherlock Holmes, que los luxemburgueses se pasarán, antes del partido por Leroy Merlin, para abastecerse de los argumentos de su defensa: ladrillos, cemento, palustre y ni siquiera una mala plomada. Porque vendrán a levantar un muro que haría feliz a Trump y repartirán más berza que una zambomba de Jerez.

 

Equiparar a ambas escuadras es sencillamente un insulto. No hay color. Es como comparar una guitarra de tómbola con la de Paco de Lucía. Esta noche no necesitamos arengas. Esta noche exigimos que sean los jugadores los que la escriban con su compromiso profesional y les baste para cerrar el partido lo antes posible. No me interesa si juega uno o lo hace otro. Me interesa exclusivamente que pasen por ese previsible muro de ladrillos y pescozones con la misma facilidad que un cuchillo entra en la manteca. Y que ni se les ocurra que por mandanga los luxemburgueses nos comen la tostá… como hicieron con un Apoel al que le metieron cuatro en su casa.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión