Ben Yedder, Gonalons y André Silva, en el Espanyol-Sevilla (EFE)
Ben Yedder, Gonalons y André Silva, en el Espanyol-Sevilla (EFE)

Nueve finales, nueve

Nos quedan nueve partidos. Nueve finales. En una Liga que tampoco es nada de cara. Hoy nos jugamos otra
Por  9:57 h.

¿Está el equipo para afrontar semejante pulso? ¿Tiene la escuadra de Nervión casta, coraje y juego para enfrentar un reto tan abrumador? En cualquier otra circunstancia, el equipo se hubiera crecido ante tan espinoso destino solo por la fuerza de su carácter. Se forjó dando la cara en las condiciones más adversas. Y a sabiendas de que entre la artillería verbal de la grada y el desempeño de nuestras mejores facultades futbolísticas en el campo, los retos se superaban. Ganábamos casi todos los pulsos. Y la confianza que se tejía entre los incondicionales y el equipo era tan brutal que nos proponían viajar a Marte en la noria de la Feria y lo comprábamos. Hemos sido capaces de doblarle la mano a las previsiones más nefastas que nos condenaban a la derrota.

Pero, los resultados hablan, parece que ese afán de salir al cuadrilátero a dejar KO al rival en un simple intercambio de golpes es pura historia. Carne de vídeo y foto de nuestros mejores álbumes. Esta liga la hemos hecho asombrosamente irregular. Tanto que los del Bocho nos echan el aliento en el cogote tras estar coqueteando con el segundazo durante parte de la Liga. Y los murciélagos quieren echarnos del nido del cuarto. ¿Tienen los de San Mamés mejores jugadores que nosotros? ¿Y el Getafe? ¿Acaso el Valencia los tiene cuando su virtud es acularse a la italiana y devolver contras velocísimas? Por cierto, el árbitro de hoy es valenciano, los chés cumplen este año su centenario, lo del penal a Gonalons cuesta digerirlo. Y, aunque lo que digo no justifica nada, si me gusta comentarlo por aquello de que un centenario es cosa de hombres y los hombres que dependen de la superestructura de nuestro fútbol suelen ser muy generosos con estas efemérides…

Fuimos líderes, le sacamos a nuestros perseguidores naturales un colchón que no se lo saltaba Lorenzo Lamas, el rey de las camas. Hasta diciembre todo el mundo hablaba de un equipo que hacia dibujos de colores en el campo y yo, sin excusas de ningún tipo, llegué a proclamar en estas páginas que el mejor fichaje del Sevilla esta temporada se llamaba Machín. No contaba con el hecho de que aquellos que hacen bandera de morir con sus propias ideas (funcionen o no) están en su derecho de hacerlo, pero no en un club con un presupuesto de doscientos millones de pegamoides. ¿Qué no le trajeron lo que pedía? ¿Por qué no adaptó su sistema a lo que tenía en el vestuario? ¿Le pudo más sus conocimientos teóricos que prácticos?

Todo eso se vino abajo como un edificio al que menea con violencia un terremoto. Y perdimos liderato, cuarta plaza, colchón y, lo que a mi juicio es lo peor, la fe. La fe en un equipo que nos necesita más que nunca y que nunca le fallamos. No puedo perder la fe en los míos. Por muy canalla que haya sido el tramo último de una temporada exageradamente intensa. Con más bajas que en Afganistán y con fichajes de inviernos que no mejoraron a los del verano. Eso nadie lo puede discutir. Pero no puedo dejar a nuestros jugadores al albur de una tormenta que si los hunde, hunde, igualmente, a todas nuestras ambiciosas ilusiones. Nos quedan nueve partidos. Nueve finales. En una Liga que tampoco es nada de cara. Hoy nos jugamos otra. Y hay que ganarla como el que va a la guerra y quiere volver vivo para disfrutar de la victoria final.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión