El delantero del Lyon Mariano (foto: AFP)
El delantero del Lyon Mariano (foto: AFP)

Parole, parole, parole

Que aquí entendemos perfectamente que tu amor sea real y capitalino y no una pasión roja y blanca del sur
Por  11:00 h.

A principio de los setenta Italia vivía en plena efervescencia artística. El cine y la canción ligera marcaban tendencia y exportaban al mundo sus logros más atractivos. Uno de ellos, en el mundo de la canción, fue un tema cantado a dúo por Mina y Alberto Lupo. Se llamaba Parole. Que haciéndose estribillo le dio fama y kilómetros de ventas al disco. En síntesis, el argumento de la canción no era otro que un diálogo entre una chica en la resaca de su desamor y un donjuan, que en palabras de Rocío Jurado en aquel otro tremendo tema, era un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso. Bueno, la ojana con la que Lupo le daba a Mina para justificar sus engaños, esta le contestaba con el famoso estribillo; parole, parole, parole. Palabras, palabras, palabras.

A mí, las últimas declaraciones de Mariano, el chico por el que el Sevilla FC suspiró este pasado mes de agosto, me suenan a eso. A parole, parole, parole. En una entrevista en la Cope confesaba la otra noche que esperaba que el Sevilla entendiera su decisión y eligiera, yendo del corazón a sus asuntos, el Real Madrid para abandonar el fútbol francés, donde había jugado y destacado como nunca. Mariano no conoce mucho este terruño. Aquí lo comprendemos todo. Incluso las decisiones más opacas. O las reacciones más obtusas. Y las entendemos porque mi club no quiere al que no lo desea. No juega con quien no quiere jugar. No camina con quien cojea más que un palomo impedido. No te preocupes, chaval. Que aquí entendemos perfectamente que tu amor sea real y capitalino y no una pasión roja y blanca del sur. En cuestiones sentimentales no hay tu tía. Otras cosas es que las palabras de tu presidente, ese hombre capaz de dejar a la selección española sin entrenador a dos días de un mundial, te guarde ley y no acabes como un comepipas en la grada del Bernabeu durante toda la temporada. Fichar es una cosa. Jugar otra muy distinta. Cambiar Lyon por un oso no blinda tu vulnerabilidad.

Pero ese, insisto, no es el problema. En todo caso, es el problema de Mariano. Que ha venido para jugar y le han dado la camiseta del ídolo caído para que se la ponga, ojalá no se cumpla el vaticinio, para las barbacoas de fin de semana en el jardín de los olvidados. El problema es que Mariano formó parte de una trama rocambolesca para salir de su equipo diciendo que venía al Sevilla, cuando la realidad y el presidente del Olympique lo denunció, jugaba tras las cortinas con los muñecos del circo de guiñol de Tito Floro. Y eso, querido amigo, es ya más difícil de entender. Se entiende que ames por encima de todas las cosas a tu real ilusión; lo que jamás se te va a perdonar es que jugaras con una navajita plateá en la espalda del club al que confesaste vendría por encima de todo. Manejar estas claves musicales orquestadas en la oscuridad del pentagrama florentiniano nos llena de razones para imitar a Mina. Y cantarte, cada vez que abras la boca no para disculparte, ni tan siquiera para reconocer que se te fue la mano con el buril plateado, lo de parole, parole, parole. Que juegues mucho, muchísimo. Pero no a las bolas. Aunque es posible que la toques poco…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión