Pablo Machín da instrucciones desde la banda de San Mamés durante el Athletic-Sevilla (Serrano Arce).
Pablo Machín da instrucciones desde la banda de San Mamés durante el Athletic-Sevilla (Serrano Arce).

Parte de bajas

Sevilla y Barcelona se enfrentan esta noche en la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey
Por  9:44 h.

Es probable que, algún día, se lesione el tío del marcador, que aunque sea electrónico, siempre habrá alguien que tenga que enchufarlo. Bueno, ese tío, corre peligro de romperse la uña del dedo o algo así. Igual puede pasar con el que vende las salchichas rojas de pollo en los descansos. Un mal día, al abrir el pan, le puede dar un tirón en la mano, porque en el Pizjuán hay tirones hasta de las orejas. La de hoy debería ser una previa para meter jierro y moral en los corazones rotos de los jugadores sevillistas que andan transitando por la mala racha del bajón invernal. Pero veo que lo que necesitan es una pila de agua bendita para despojarse y quitarse de encima el osorbo (mal bajío en lenguaje antillano) que nos condena a ser víctimas del parte de guerra. Porque el Sevilla no es un club de fútbol. Es un batallón de infantería asolado y desolado por las bajas, que son continuas y de largo alcance. ¿Son de cristal o de porcelana nuestros jugadores? Cabe la misma pregunta para los wanda de Madrid, que llevan la friolera, desde que comenzó la competición, de treinta lesionados. Y los merengones de Concha Espina tampoco se quedan atrás, con una veintena larga de tocados. Una de dos: o nos asociamos los tres clubes y pagamos a los trescientos brujos aquellos que inauguraron el mundial de Sudáfrica o seguimos haciendo rico a Mapfre.

Ni cristal ni porcelana. Toda esta lista de bajas que le da a la competición un aire de hospital de campaña no tiene nada que ver con el bajío. O sí. Vaya usted a saber. Pero realmente con lo que tiene que ver es con la dinámica desbordante de partidos que hay que afrontar. Llevamos encima ocho partidos más que el resto. Ocho. Lo que convierte nuestro calendario en dos maratones cuesta arriba. Yo creo que tantas lesiones son las secuelas de un nivel de exigencia competitiva máxima que se cobra lo que le toca. En el Leganés no se lesionan tanto y tantas veces…Hace unos días, un escéptico, me recordaba, sobre el bache invernal de nuestro equipo, que Nadal lo juega todo y no atraviesa ciclos de forma. Y dos huevos duros. Nadal, como cualquier deportista de élite, pese a su calidad de fibra y a una condición física aquilatada por miles de horas de entrenamientos, también se vuelve selectivo cuando entiende que su cuerpo le envía mensajes conservadores, de prudencia y descanso. Más de una vez ha rechazado jugar en algún gran premio para poder estar en otro. So pena de correr riesgo de romperse y perder más que ganar. Las élites deportivas están así de expuestas. Y pensar que un futbolista tiene menos nivel de desgaste abrasivo que un tenista son ganas de equivocarse y demostrar que se tiene poca información de un deporte y del otro

Hoy nos toca jugar con lo que tenemos. Y lo que tenemos, si lleva el sevillismo en vena, la casta en la boca y en los pies el compromiso con los compañeros caídos, ya se puede ir el Barcelona a su casa con un par de chícharos con berza en la tarrina. A mi estas situaciones extremas, con todo perdido, con menos ventajas que un patinete en el Dakar, me vuelven loco de remate y me hacen ser más optimista que nunca. Esta noche, los que salgan ahí, como si fueran los últimos de Filipinas, se van a comer a los favoritos, a los que lo son todo si juega el marciano y no son casi nada si la pulguita galáctica se queda en casa. ¡¡Bingo!! La pulguita se queda en casa. No nos hará falta un francotirador, como pedía ayer Machín, para darle con una posta de menudo con garbanzos y desactivarlo. El chico se queda en Tabarnia viendo el conflicto de los taxistas, que está la mar de entretenido. El Barça tiene una dependencia deportiva y sicológica absoluta de un solo hombre. De un tipo que es de otra galaxia. Pero sin él, ausente el innombrable, ese equipo se desinfla como un pastel sin levadura.

En mitad del hospital de campaña se nos enciende una luz. Ganemos este partido para quitarnos de encima la racha chunga y el osorbo rencoroso. Y pensemos que la leña marismeña que nos lleva a Europa está en la Liga. Y ahí tenemos que olvidarnos de brujas y de escobas. Y convertir las lesiones en ilusiones. De eso, amigo, nos encargamos nosotros. Los de la grada. Los que nunca fallan. Los que no se lesionan. Los que no tienen bajones invernales. Los que acuden a apretar las filas y a cantar por el Arrebato para llenar la noche de sueños de mayo. Los que nunca, de verdad de la buena, se rinden animando a un club que forma parte de su religión deportiva. A por ellos. Que vamos cojos sí, pero nos sobran motivos para dejar a los del Espartero como los de las codornices…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión