Chicharito en el partido ante el Getafe. Foto: Sevilla FC
Chicharito en el partido ante el Getafe. Foto: Sevilla FC

Que se muevan las sombras

En el escudo del Valencia nos encontraremos hoy con el murciélago de nuestras noches más felices y con el de nuestras tardes más amargas
Por  9:39 h.

Cuando aún no se han borrado de la caja de los recuerdos las luminarias preciosistas del juego de los nuestros contra el Getafe, me aterra pensar que no se han empacado en las maletas y se han echado en el olvido, como si fueran el sueño de una noche de otoño. Esa noche la he convertido en la marca de este equipo. En su versión más noble y excelente. Y estamos obligados a ser nosotros mismos recuperando las mejores sombras de aquella noche infalible, los recuerdos, las imágenes gigantescas de una noche tan mágica frente a un equipo de soldados prusianos, tan disciplinados y minerales, que resultaba lesivo para la salud chocarte tan solo con algunos de sus apellidos. Tiene ese equipo de Getafe jugadores con apellidos tan contundentes que al leerlos te partes la tibia y el peroné. Ese partido que muchos lo deseamos volver a ver con la misma intensidad y anhelo con el que un quinto le escribía a la novia desde el Muriano. Es tan hermoso ese recuerdo, es tan vibrante y feliz, tan deseable volverlo a recobrar, como uno de esos veranos indescriptibles donde la luna nos enseñó el ombligo y las estrellas se volvieron cómplices de nuestros sueños. Inolvidable el partido contra el Geta porque, a base de besos y determinación, de estopa y seda, domamos a un equipo que por tosco y engorroso debería llevar en su escudo la imagen de una espiocha. Con todo lo bueno y menos bueno que lleva ese símbolo.

 

En el escudo del Valencia nos encontraremos hoy con el murciélago de nuestras noches más felices y con el de nuestras tardes más amargas. Ese murciélago lo hemos vuelto loco dejándolo fuera de una final europea y se nos cagó encima cuando más ventaja le llevábamos. No lo minusvaloren nunca. Porque simboliza la capacidad para salir de las cuevas y ver en la oscuridad de su presente. He dejado dicho que Lim, ese chino que lo maneja y que parece sacado de la estupenda novela del compañero Paco Pérez “El bróker,” ha hecho tanto por el Sevilla como el León de San Fernando. El León construyendo un edificio con arquitecto nuevo y rechazado por amplios sectores de la afición. Al que pronto sacarán bajo palio y lo coronarán en solemne ceremonia cuasi religiosa. Y Lim destruyendo el sólido e inteligente edificio que Marcelino levantó a pies del Turia. Bendito sea Lim y todas sus castas. Porque ha terminado dejando al murciélago que tanto nos asustaba, borracho, sin orientación y a merced de su propia tragedia. Convirtiendo a un equipo que jugaba de memoria y que tenía el sentido de la verticalidad metido en el cerebro, en un recuerdo de hemeroteca.

Para colmo el murciélago tiene más bajas que los mossos en el paseo de Gracia y de milagro no se les ha lesionado el que pone las vendas y los esparadrapos en los tobillos de los jugadores. Más desgracia no cabe. Y si cupiera es para que sonaran por los altavoces de Mestalla las penas de la Lirio. La ocasión es perfecta para que los de Lope se vayan directo a la caja registradora y sumen. Tres más a la buchaca. Tres más al zurrón. Que el camino hacia el cuarto puesto de la Liga es empinado y repleto de agujeros traicioneros donde se suelen caer ilusiones, expectativas y sueños. Lo tenemos tan fácil que miedo me da. Pero trato de que el murciélago no me intimide y espanto los canguelos recordando lo que hicimos ante el Getafe. Nunca lo que manchamos en Éibar.

 

 

Que saquen hoy de la caja de la memoria las sombras bonitas del pasado domingo en Pizjuán. Y que la suelten por Mestalla. Que esas sombras recobren vida y alma. Que nos devuelvan al paraíso del fútbol. Para salir del campo de los ché como la otra noche salían los felices palanganas del Pizjuán: cantando eso de estamos locos de la cabeza. Que se muevan las sombras. Que se muevan…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión