Banega, André Silva, Amadou, Navas y Promes, en el Lazio-Sevilla (EFE)
Banega, André Silva, Amadou, Navas y Promes, en el Lazio-Sevilla (EFE)

Salgan del valle de lágrimas

"Salgan cuanto antes. Olvidando lo que, desde el cabreo más justificado, os escupimos en la cara. Salgan de ahí y escuchen la música del sevillismo"
Por  9:42 h.

No se puede ir por esos campos de Dios como la Zarzamora, llorando por los rincones. Porque llorar, llorar aquí solo llora el que ya sabemos. Y no es la lágrima, el mohín y el moco tendido una imagen que nos cuadre. Que nos represente. Siempre hemos dicho que, incluso caídos, llevamos en la herida mortal la señal de la victoria, la solicitud de la venganza. Así que salgan ya de ese valle de lágrimas, de esa depresión de arranque de año, de un mal sueño que nos quiere robar el mes de mayo. Salgan cuanto antes. Olvidando lo que, desde el cabreo más justificado, os escupimos en la cara. Salgan de ahí y escuchen la música del sevillismo. Esa que hoy debería estar sonando ya en los vestuarios. Cómo canta Sevilla. Cómo grita Sevilla. Cómo siente Sevilla. Alguien os debería meter, antes o después de la sesión de pizarra, un audiovisual como el que les digo. Y todos más serios y firmes que en una misa de campaña. Mirando cómo las venas de los cuellos de Nervión se inflan como si fuera cohetes de feria. Viendo cómo los corazones más rojos se funden con el escudo. Contemplando cómo uno de los mejores orfeones futbolísticos del mundo convierte al canto gregoriano en una canción de la OTI. La pizarra gana o pierde partidos. De lo que os hablo los gana siempre. Porque la estrategia es el compromiso, el escudo y la afición. Y sobre esas tres legiones basamos un juramento indeclinable. Víctor o victoria. Hemos nacido para eso: para enseñaros a ganar, futbolistas. Para que no perdáis de vuestra frente la señal a fuego del sevillismo: no servimos para perder.

Hoy el masaje previo al partido en los vestuarios os lo deberían de dar con el linimento que guarda las esencias del frasco mágico del Arrebato; hoy la charla pre partido os la deberían dar con el esfuerzo agónico de un padre de familia que se gasta lo que no tiene para no dejaros solo; hoy en los prolegómenos del partido, en esos minutos de hielo donde aún el sudor no quema y la responsabilidad congela las huevos, os deberían de poner en la boca una palabra sagrada, un término incontaminado: Sevilla Fútbol club. Y creyendo en ese nombre, pronunciándolo para adentro como el mantra de una lejana religión oriental, os aseguro que se sale del valle de lágrimas. O las lágrimas se vuelven felices como una noche de boda. Olvidaros del colchón de la Liga que ese se lo ha quedado el presidente de gobierno. Todos los colchones para el guapo. Vosotros tenéis un colchón eterno que abarca todo el campo. Mullido, confortable, dulce y placentero. El colchón de vuestros sueños. El colchón de las mejores horas de amor con la victoria. El colchón donde lo prosaico se vuelve rima becqueriana invocando al amor de nuestros amores.

Salgan ya de ese valle de lágrimas. Abandonen ese secuestro donde la luna de hielo de estos meses de frío os tiene secuestrado. Porque, pese a nuestro estupor, pese a nuestra vergüenza, pese a nuestro desamparo, a vosotros nadie os va a abandonar en mitad del camino como a los perros se abandonan en verano en mitad de la carretera. Podemos sentir cosas sobre vuestros últimos partidos que resultan inconfesables airear. Cosas horribles sobre vuestro comportamiento y abulia. Cosas brutales sobre cómo abandonáis la bandera en mitad de la cancha sin que nadie se encabrone y la recoja. Pero hoy toca otra cosa. Hoy toca salir, de una puñetera vez, de ese valle infernal de lágrimas que comenzó en Bilbao y ha llegado hasta Villareal. Tocado fondo se proyecta uno hacia arriba. Porque ese es el sitio que no corresponde. Con o sin pizarra. Pero con una afición que nació para no aprender a perder.

Dicen que hay victorias que necesitan del liderazgo de un hombre. Hay cuarenta mil palanganas en Nervión dispuestos a liderar lo que siempre lidera. El largo y tortuoso camino hacia la victoria. Esa que ya hemos empezado a conquistar con el escudo, la bandera y una afición capaz de derretir a la luna de nieve que desde enero alumbra una desgracia que detestamos.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión