Ben Yedder celebra el primer gol anotado ante el Real Madrid (Foto: Raúl Doblado)
Ben Yedder celebra el primer gol anotado ante el Real Madrid (Foto: Raúl Doblado)

Sevilla FC: cosas serias

Viene el Real de Madrid. Pero esto no es la ONU. Aquí el que quiere carne tiene que atreverse a matar el león que llevamos dentro
Por  10:37 h.

Hoy tenemos delante uno que embiste a la femoral. O a la misma cara para dejarte como a Padilla. Hoy no hay perfiles bajos, ni escudos de boy scouts encima de la camiseta. Hoy la cosa va de sería. Muy seria. Con un equipo que tiene más copas que el Antique. Y más laureles que la paellera de Villabajo. Hoy no viene a Nervión el juvenil del Alcoyano. Viene el Real. El Real de Madrid como con guasa, arte y estilo libre y directo lo bautizara Manolo Aguilar para los restos. Real de Madrid. Con todo el significante y significado que encierra el bautizo. Esos son los que saltarán esta noche a la grama de Nervión. A la bendita hierba sevillista que podría haberla cantado Walt Whitman. Porque sobre esa grama se han escrito en los últimos años la mejor poesía épica del Sevilla y el sevillismo.

Centímetro a centímetro, metro a metro la pradera nervionense rebosa gestas como la de César en Alesia, como la de Aníbal en Cannas, como la de Marco Aurelio en el Danubio. Viene la gloria y el poder. La fama y el cheque en blanco. Viene uno de los equipos que representa la bipolaridad del futbol español. Esa duplicidad tan difícil de romper porque no son fáciles de romper los intereses creados. Viene el equipo que casi todo lo puede. Dentro, fuera y a la vera del Var. Viene el equipo que borda el fútbol, que hace temblar a Europa y que pone de rodilla a los rebeldes.

Mientras que los especialistas se empeñan en encajar el puzzle de las alineaciones probables, especulando sobre si mi arma favorita, mi cañonero tunecino juega o no, si lo hará, en cambio, el lusitano Silva, si el equipo será un corazón abierto en canal o un depredador persiguiendo a los lobos blancos por todo el campo; mientras, digo, pasa todo eso, lo nuestro no es pasar. Lo nuestro es lo de siempre. La pelea. La batalla. El coraje. Y la rebeldía. Los estetas suelen tenerle cierto reparo al arte rupestre, al barullo de las ganas, a las ansias de la rebelión. Cada vez que le hemos ganado a estos millonarios lo hemos hecho sublimando las armas del pobre. O sea, echándole más ganas que ellos, metiendo el pie donde te juegas la fractura, corriendo el doble que sus peones camineros, obturando hasta la desesperación las vías oficiales de su fútbol de seda y recordándole a los recogepelotas que el bilardismo es un argumento y no un recurso. Con los de colorao. Siempre y hasta el aliento final con los de colorao. Quiere decir esto que, desde la grada, como siempre, fiel a nuestros principios, llegará hasta allá abajo un clamor de guerra deportiva, un aliento necesario, un compuesto vitamínico con testiculina incluida. Esta noche no valen los encajes de bolillos. Eso para las clases de labores, como diría mi Luisa Antúnez de mis entretelas rojas y blanca. Hoy vale lo que tú vales…

Nadie nos pone de rodillas en Nervión si desterramos de nuestro espíritu el quejío del achantao, la servidumbre de la gleba, el alma rota por el desamor propio. Ante esta clase de envites no queda otra que sacar lo mejor de nosotros mismos para pelear, combatir y ganar. La guerra no es contra el marinanismo, ni contra el ceballismo, ni contra el piniponi metrosexual. Todo eso son tatuajes. Garabatos en la piel del aire que te hacen perder la noción de lo único importante. Anécdotas para difusos. Tiempo perdido. Nuestra pelea es el otro, el otro equipo que manda en Europa, en Madrid y quiere hacerlo en Nervión. Vais dados. Porque los de colorao han bebido la pócima mágica del nervioneo, el elixir de los ojos inyectados en sangre, el cocimiento que engorda las venas del cuello hasta convertirte en lo más parecido a Rancapino por bulerías. Viene el Real de Madrid. Pero esto no es la ONU. Aquí el que quiere carne tiene que atreverse a matar el león que llevamos dentro. Que ni se doma ni se agatuna, como los que tiran del carro de Cibeles…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión