Los jugadores del Sevilla celebran el gol de Ben Yedder en Vitoria
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Los trece de la fama

«Si le quitamos la paellera a Mestalla estaremos en condiciones de mirar el futuro con cierto desparpajo y más convencidos de que las flores y el trabajo hacen realidad los sueños»
Por  9:42 h.

De eso se trata hoy, palanganas. De ir hasta Valencia, hacer un sábado sabadete futbolístico y dejarlos con la boca floja, como si se hubieran encontrado con su más negro pasado. Con aquel minuto final en el que Mbia les quitó la paellera y dejó a Mestalla hambrienta de risas y desahuciada de felicidad. Qué mala es el hambre cuando se tiene la mesa llena y te prohíben comer un solo pico. Y más si la mesa es tuya, la casa es tuya y la paellera es tuya. Todo eso nos lo llevamos para ganar otro paragüero. Con las flores que tanto nos gustan. Con la épica que tanto nos niegan. Con la suerte de la lotería de la Navidad y con el trabajo de una obra de once pisos. Todo eso hace falta para ganar en la vida. Flores y trabajo. Suerte y tesón. Buen bajío y ningún miedo a la mezcla. En pocas palabras: hoy no hay más opción que dejarlos nuevamente sin paellera. Y traernos para Nervión tres puntos la mar de cebaditos que pondrían una distancia de autopista entre uno de los de nuestra Liga. Tres puntos gorditos como tres lechones. Tiernos y apetitosos. Crujientes y dorados al horno de nuestra ambición. No hay otra.

Porque la otra es delictivamente implanteable. Solo pensarlo te penaliza. Te condena. Te lleva al rincón de los castigos. Hoy se empieza a ganar desde antes de salir de vestuarios. Cuando te estén vendando los tobillos, cuando pases por la camilla de masajes, cuando cierres la taquilla después de haberte encomendado a tu santo de cabecera. Desde ese mismo momento los dientes se aprietan contra los dientes, los puños se cierran hasta que las uñas te hagan sangre y las exclamaciones en silencio o a voz en grito tienen que ser tan ganadoras como irreproducibles. Se sale a ganar el partido con el partido ganado en los vestuarios. Con la convicción plena de que este es uno de los partidos de nuestra Liga donde no se puede tontear.

Stop a una primera parte de mamoneo. Stop a un primer tiempo contemplativo. Stop a los cuarenta y cinco minutos del primer asalto de tanteo y tonteo. Se sale con decisión. A intimidar. A meterle candela en el orto. A buscar al contrario con puños de hierro colado y dejarlo abatido en el rincón como si fuera un polichinela. Y que cuando intente levantarse no quiera hacerlo porque el miedo y el ridículo le piden un rincón oscuro para esconderse.

Juega el Sevilla con trece jugadores de plena confianza. Y con otros rezagados que están en proceso de incorporación a los elegidos o de convertirse en carne para otros mercados. Con trece jugadores más o menos Machín está tocando las maracas cantándonos “Dos gardenias para ti”. Que con ellas quiere decir Sevilla, te quiero… con parches necesarios. Con jugadores que eleven nuestra capacidad de respuesta. Pero Machín está obrando un milagro. O más terrenalmente dicho: un trabajo muy bien hecho. Hoy todos aspiramos a ver a ese equipo competitivo, cabreado, corajudo y bravísimo que pone los huevos sobre el verde y pelea hasta con los recogepelotas. Hoy ese equipo que Machín espigue de sus trece de la fama tiene que ser más solidario que nunca y más colectivo que nunca. Y eso el Sevilla lo sabe hacer bien. Pese a las bajas, a las lesiones de larga duración, a los deshechos de tienta y a los que son incapaces de sobresalir incluso ante un segunda B. Si le quitamos hoy la paellera a Mestalla estaremos en condiciones de mirar el futuro con cierto desparpajo y más convencidos de que las flores y el trabajo hacen realidad los sueños.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión