Monchi, en una rueda de prensa (Vanesa Gómez)
Monchi, en una rueda de prensa (Vanesa Gómez)

Sevilla FC: Hasta el perro de Monchi

La tarde del domingo tenemos una cita con lo que somos. Y con lo que queremos ser. Será tarde de pegar bocados
Por  11:09 h.

Como nos quedemos engatillados en la vergonzosa corrida nocturna del pasado jueves, pura charlotada del torero bombero, con la taleguilla huera y los alamares de farolillos, se puede ver un ejemplar. Porque despeñamientos como el de Anduva son de los que corroen las partes más sensibles de la fe y la autoconfianza de un equipo, sembrando dudas desde la grama al mármol, noqueando a un grupo que, hasta que se cruzó con el Mirandés, salía al campo tan confiado en sus posibilidades que parecía que lo entrenara Clint Eastwood. Más vale mirar hacia adelante, pasar tan humillante página y dejar la equipación moral de aquella noche tan triste en la lavandería. Para intentar que a base de jabón y agua nos quiten el manchurrón delator de una colitis futbolística tan deshonrosa. Miremos para adelante y olvidemos a Cantinflas. Pensemos que seguimos en manos de Clint Eastwood, que ese vestuario es una escuela de hombres y como hombres saldrán mañana domingo al campo a pegarse de tortas con el Alavés.

La Copa del 20 ya no será nuestra. Tampoco sé si alguna vez pudo serla. Pero desde el jueves es pasado. Y en la vida ni el pasado ni el futuro se viven. Solo existe el presente. Y este domingo el presente se llama Alavés y olvido. Alavés y superación. Alavés y revancha. Una revancha contra nosotros mismos. Porque nos tenemos ganas. Porque nos debemos cosas. Porque hay que recobrar mucho orgullo. Porque hasta el honor lo pisoteamos. Porque se nos olvidó lo que somos. Y nos convirtieron en el payaso de la noche del circo de los estrellados. De todo eso hay que vengarse. De todo lo que nos hicimos hay que desprenderse.

De todo lo que no supimos defender como hombres hay que volver a reconquistarlo. Y eso no se hace mirando hacia atrás. Y haciendo crecer, como ortigas en los labios, el murmullo de la duda cuando pasa el tiempo y el equipo no encuentra portería. O cuando el rico beduino pierde una pelota donde las pelotas nunca deben de perderse. O cuando el holandés, reventado de subir y bajar, no es capaz de saltar más que uno con un metro setenta. Creedme, palanganas, el partido del domingo es muy importante. Perderlo sería peor que la peste. Y abriría un infinito de posibilidades para que el meteorito cayera sobre Nervión.

Hay que mirar hacia adelante. Y olvidarse de las cuestas abajo. Las rampas hacia el inferno para otros. Lo nuestro es seguir buscando escaleras para subir al cielo. Y apalancarnos en una tercera o cuarta posición que nos devuelva a la mejor Europa. Para estar ahí arriba hay que ser como somos. Como hemos venido siendo hasta que nos comimos la burundanga en Miranda. ¿Se os ha olvidado que ganar, cuesta? ¿Se os ha olvidado que nadie es más que nadie hasta que no lo demuestras? ¿Se os ha olvidado que los regalos no existen, los Reyes son los padres y la vida es una agónica pelea para estar entre los mejores? El escudo no impresiona. Asusta cómo late tu corazón. La camiseta no intimida. Acoquina verla empapada de intensidad y compromiso. Salid al campo y decomisar el aire del contrario; empujad al adversario hasta hacerlo salir por gol norte; saltad en las áreas como si hubiera fuego bajo vuestros pies. Nadie regala nada. Nadie. Y la tarde del domingo tenemos una cita con lo que somos. Y con lo que queremos ser. Será tarde de pegar bocados. Y, en serio, nos jugamos tanto que yo bajaba al vestuario a la perra de Monchi… Por si alguno es vegano y no le gusta la carne.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión