Imagen del partido de la eliminatoria de la Copa del Rey de 2003 entre Osasuna y Sevilla
Imagen del partido de la eliminatoria de la Copa del Rey de 2003 entre Osasuna y Sevilla

Solo para hombres

"En la memoria de los más veteranos está aquella eliminatoria de Copa bajo un frío ártico y un césped convertido en pista de hielo"
Por  10:00 h.

El Sadar resuena en la memoria sevillista como un choque de trenes con parte de baja múltiple. Hay partidos jugados en el predio pamplonica donde se registran bocados de lobos, jalones de pelos, entradas clamando cloroformo y chaquetas de entrenadores con un lugar en el tinte para limpiarla de tanto espumarajo bucal con la que las castigaron los más iracundos sentados tras el banquillo. Nuestras salidas al Sadar nunca fueron primeras comuniones ni banquetes de bodas. Fueron auténticos combates a cara de perro, donde jugar al fútbol como un estilista, fue un propósito tan vano como buscar nieve en un palmeral del Sáhara. En la memoria de los más veteranos está aquella eliminatoria de Copa bajo un frío ártico y un césped convertido en pista de hielo. Donde se sacaron más tarjetas que en un congreso médico y el árbitro pitó setenta faltas de unos y otros. Muchas de ellas propiciadas por la inestabilidad de un campo tan deslizante como una navaja de barbero. Otras provocadas por esa encendida pasión bélica con la que uno y otro equipo interpreta la mayoría de las veces estos encuentros. No le viene grande a estos partidos el lema de Churchill a la población inglesa para soportar el asedio nazi durante la segunda gran guerras: sangre, sudor y lágrimas…

Javi Navarro aún debe soñar con la dentadura de Webo, aquel punta africano que daba bocados de fiera. A Pablo Alfaro no se le debe olvidar un nombre tan percusivo como el de Bakayoko, que le dio una tragantá al bravo central blanco que la hubiera firmado el mismísimo Saul “Canelo” Álvarez, un cuate demoledor campeón del mundo de los medios. ¿Recuerdan a Alfredo Santaelena? ¿Aquel chico que vino del Deportivo para hacer sus últimas invernadas futbolísticas con nosotros? Pues en Osasuna, dónde si no, salió a patadas en el túnel de vestuarios con un técnico sanitario pamplonica. Al menos no hubo problemas con el esparadrapo… Realmente los partidos allá arriba, ya sean en primavera ya en invierno, solo son aptos para hombres. Porque ambos equipos tienen la carpeta de ajustes de cuentas rebosantes de facturas por cobrar. Puede pasar el tiempo, los años, las temporadas. Pero da la impresión de que nada se enfría. Por el contrario todo sigue tan caliente como si los últimos partes de guerra se hubieran firmado ayer tarde.

El actual Osasuna no ha perdido sus señas identitarias. Continúa fiel a su mejor espíritu guerrero. Y sigue practicando sus hazañas bélicas. Este año solo ha perdido un partido en su casa, donde entrar y salir con algo que es suyo, es una tarea heroica y a la altura de los comandos especiales de los marines. El Sevilla tampoco se ha dormido en sus muchísimos laureles. Ha vuelto a vitaminizar y muscular al equipo, prescindiendo de gansos y vikingos metro sexuales que se arrugaban con un empujón en una bulla de Semana Santa. Hemos recobrado el espíritu combativo de las mejores fotografías de guerra, donde la testosterona viaja siempre en la valija del equipo. Hay bajas fundamentales. Cierto. En mi modesta opinión, definitivas a la hora de ser o no ser el equipo que más garantías preste. Pero lejos de ser una excusa esas ausencias deberían corroborar que hay más equipo que nombres. Para el final de este domingo de largo puente, no busquen en ninguna plataforma televisiva, una película de acción y de percusión. La guerra no va a venir por un reportaje de Al Jazeera, ni por un coche ardiendo en la Diagonal de los antisistemas. El domingo, solo para mayores sin reparos, la batalla del norte comenzará a las nueve de la noche. Donde esperamos de los nuestros que den la talla, que sean hombres. Algo fundamental para ganar la guerra de siempre en Pamplona…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión