Sarabia se lamenta durante el Huesca-Sevilla (AFP)
Sarabia se lamenta durante el Huesca-Sevilla (AFP)

Sevilla FC: Ni una torrija más

Una catarsis que baja desde las gradas por los escalones de las notas de las canciones de los guardianes de Nervión y un hasta la muerte de los jugadores en el campo
Por  9:48 h.

Aunque acaba de comenzar la Cuaresma y las pastelerías rebosan de miel y vino, no tenemos más remedio que dejar la torrija. Esa torrija que, en números, nos llevaría a ocupar en Liga puestos de descenso. De batacazo y bajada a los infiernos. Que no quiero verlo, que diría el vate. Regresar al pasado no es opción alguna. Ni siquiera para los pesimistas de profesión o los alarmistas incendiarios que esconden torcidas intenciones de golpe de estado hablando de un ruso en Madrid. Así que las torrijas y los pestiños los olvidamos y ponemos el paladar en ganar y el sabor en el dulce gusto de la victoria. Mientras escribo esto escucho hablar por la radio a Carriço, un camisa vieja del sevillismo que lleva en vena lo que significa Nervión. Un veterano que tiene el pecho lleno de medallas de plata y que subió a lo más alto de su estima profesional con los títulos que ganó entre nosotros.

Medio cuerpo lo tiene tatuado con heridas de guerra. Y su rostro siempre lleva pintado los colores de guerra. En la radio, el portugués deja claro que el partido de hoy es una cuestión de garganta en la grada y sangre en la cancha. La garganta que nunca le ha fallado al equipo. La de su gente, la que no necesita Listerine para atiplarse, la que se sienta en la gradona y cae sobre el estadio como una bendición en rojo y blanco. Cuando Nervión ruge, el adversario se encoge. Quizás por eso se ha perseguido siempre lo que se gritaba en el Pizjuán. A sabiendas de que el coro de los fieles de Nervión gana partidos y amohína a los de fuera. Esas gargantas no fallarán tampoco hoy. Esas gargantas siguen ahí para hacer que el equipo olvide la torrija y se instale en la ruta del bacalao futbolístico y haga botar a Nervión. Esos cañones disparan con el alma. Y es el coro más hermoso que profesa la fe de los nuestros en el templo rojo de Nervión.

Pedía Carriço el apoyo de los de siempre. Y el capitán no se olvidaba de expresar con sevillistas maneras lo que el equipo tiene que hacer ahí abajo: despellejarse. Despellejarse para alcanzar la victoria y mandar a los checos de vuelta a casa con la vista nublada y la sensación de que necesitan un psicólogo, como les pasó a los de la Lazio. Despellejarse hasta la propia inmolación porque esa siempre ha sido una de nuestras señas de identidad, innegociables, no perecederas, inmutables y eternas. Hasta el punto de que se aprende con el himno en la edad de los danones, cuando ya se es capaz de distinguir entre el blanco y otros colores, para convertirse en principio identitario de un club que no se reconoce en versión light ni gastando terciopelo. Casta y coraje. De eso les hablo. A eso se refería Carriço cuando arengaba a sus compañeros a despellejarse esta misma tarde. Y de esos pellejos, de esas tiras de cuero de la piel del compromiso y los sentimientos, es de donde ha salido siempre nuestra mejor versión, nuestra fotografía más guapa. Los amaneramientos no nos pegan.

No somos bailaores pintureros. Somos, en todo caso, guerreros bailando antes de ir a la batalla, danzando sobre la tierra de los mil fuegos y los volcanes de nuestra ambición. Y la ambición no es otra que seguir en esta competición que, dicen, es la nuestra, porque la hemos hecho grande a base de pelear hasta la extenuación por la plata que nos debía el tiempo y la historia. Hoy será como siempre. Un idilio entre la gente de arriba y la de abajo. Una catarsis que baja desde las gradas por los escalones de las notas de las canciones de los guardianes de Nervión y un hasta la muerte de los jugadores en el campo. No hay más. No hay otra. Victoria o funeral. Gloria o infierno. Cielo o suelo para embarrarse en la miseria de los perdedores. Cantemos y que se despellejen. Ni una torrija más. Para que los checos regresen a su patria pidiendo psicólogos porque vieron en Sevilla que un equipo y una afición están locos de la cabeza…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión