Los futbolistas del Sevilla celebran uno de los goles al Osasuna
Los futbolistas del Sevilla celebran uno de los goles al Osasuna

Unión

La mestallización de cierto sector de la afición les han impedido ver algo tan normal en una liga como son los dientes de sierra
Por  9:35 h.

Si alguien pide unión, la reivindica y la reclama, es por que no debe existir o, acaso, si existe, es débil. ¿Es el Sevilla FC un club desunido? Me choca la petición institucional de la Casa pidiéndola como agua en el desierto cuando, desde mi humilde entender, no veo tanta desunión como sí expresión diversa y convulsa de opiniones. En nuestro club se ha inscrito, a fuego y jierro, una máxima que pasa por mandamiento rigurosamente obligatorio. El sevillista debe ser exigente, autocrítico, severo y con tal ambición que incluso el cielo le parezca poco. Esa filosofía se ha inyectado con las jeringuillas del poder del club, antes y ahora, sin calibrar quizás que un estadio no lo abarrotan intelectuales ni premios especiales fin de carrera, sino gente la mar de corriente y moliente, a la que semejantes mensajes se les puede ir de las manos. Yo creo que el club está unido, que la gradona es igual de sevillista y antipática que siempre, gracias a Dios, pero que ha reaccionado a la crisis de juego y de nublado técnico, de forma excesiva. Es lo que tiene creer a pie juntillas que la exigencia, la autocrítica, la severidad y la ambición sin medidas, te alejan del manqueperdismo y te instalan en la elevada consideración de nuestra esencialidad, a la que sólo se la satisface con victorias ininterrumpidas. Si es por encima de tres goles a favor, mejor que mejor. Una auténtica desmesura.

 
La mestallización de cierto sector de la afición, consecuencia directa de extrapolar hasta lo hiperbólico los mensajes fuerzas de nuestra identidad, les han impedido ver algo tan normal en una liga como son los dientes de sierra. La curva de rendimientos, alta y en depresión, que soportan todos los clubes que pelean por algo. No creo que tenga que ponerme a espigar cómo en los pisos superiores de la clasificación, todos los que por allí lucen su fútbol y su garbo, han pasado y pasan esas ciclotimias ligueras. Aquí nos ha pasado lo mismo. Y hemos respondido a la eventualidad como si fuera una bajada al infierno. Como si el equipo, en lugar de seguir en Europa y dentro de los objetivos ligueros, tuviera dieciséis puntos menos y acariciara con su culo el desfiladero del segundazo. Claramente que desde Anduva todo dejó de ser tan bonito como cuando llegamos a pisar la alfombra mullida y roja de los pisos de lujo. Pero no hemos abandonado el barco y la nave, todavía, va. Hoy en el Wanda veremos si el equipo es capaz de salir del estadio de Los Monchis con la cara alta y los puntos en la buchaca.
Pero habría que ir explicándole al personal algunas cosas. Como por ejemplo, que en el fútbol se sufre, se pasa mal, te comes las pipas y las uñas, dan jamas, te expresas sin filtros, te elimina el Mirandés y te salva un milagro moro en el último minuto frente a un rupestre Osasuna. Y si la frustración es de aurora boreal te llevas al inodoro (metafóricamente) al mismísimo León de San Fernando. De Lope de Tegui ni hablamos. Pero, tras el calentón, hay que rebajar la intensidad, analizar situaciones, apagar el horno y pensar que el barco sigue la travesía.
A mí no me extraña que el equipo juegue en casa con los pañales manchados. La exigencia la hemos transformado en intransigencia, la autocrítica en cainismo, la severidad en inclemencia y la ambición es un complejísimo cuadro siquiátrico de proyección de frustraciones vitales y personales que queremos balsamear con las victorias de nuestro equipo. En ese clima le tiemblan las piernas al mejor Cassius Clay. Y se vuelve inseguro y timorato el mismísimo general Patton. Sigo pensando que el sevillismo no está desunido. Que sigue ahí, hecho una piña y a cañón con los de colorao, pero quizás indebidamente informado. Bajar la tensión y la presión no es renunciar ni a la casta ni al coraje. Ni a la exigencia ni a la crítica. Es hacer un poco más racional un estado de cosas que forma parte de lo cotidiano en el fútbol donde ganar, perder y empatar son variables que hacen de este deporte una adicción. Una bendita adicción blanca y roja que nos une en la fe de Nervión para creer que los sueños existen y los alcanzamos. Ojalá se cumpla el de hoy en el estadio madrileño de nuestro vecino de planta…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión