Franco Vázquez controla el balón durante el Villarreal-Sevilla FC
Franco Vázquez controla el balón durante el Villarreal-Sevilla FC

Sevilla FC: Vivir peligrosamente

Nzonzi es el nuevo escollo. Importante escollo. Ha sido la piedra angular del equipo hasta que él mismo se ha borrado de la nómina
Por  9:31 h.

Definitivamente al Sevilla FC le crecen los enanos. Y pese a todo, la pista sigue funcionando. Sigue dando muestras de profesionalidad. Los saltos sin red, los números de fieras y hasta algún que otro juego de manos, en la venta de acciones, previo a la trascendental Junta del próximo día 11, los va sacando adelante como, muchas veces, hace Lenglet con el balón. Para dejar la cueva y ponérselo al que mejor la trata y salir en busca de pelea. Con limpieza, serenidad (o bien disimulado estrés) y sin desmayo, el equipo y la institución, siguen forjándose en la fragua de Vulcano,  emplando el hierro de sus mejores armas que no son otras que la fuerza de su carácter y una intratable fe en sus posibilidades. Vivimos en plena montaña rusa. Las caídas del vagón son cada vez más verticales. Pero ni se escucha un chillido histérico ni nadie se tapa los ojos para quitarle al miedo una sensación tan vertiginosa. Se aprietan los dientes y se sigue el camino. Que nos llevará a ser más fuertes.

El sevillismo se ha acostumbrado a vivir a doscientos por hora. Con curvas cerradas y piso deslizante. No hay piedad para el sosiego. Parece que lo hemos desterrado de nuestras vidas. No solo es ya la obligación de convertir en una odisea cada principio de temporada, rehaciendo cada año un equipo. No solo es ya la obligatoria venta de sus mejores valores para seguir siendo fiel al marco económico del club. No solo son ya las lesiones claves de jugadores importantes que hay que superar con parches Sor Virginia. No solo es ya la ambición confirmada de jugar las grandes ligas
europeas. Es también que se te va el mejor secretario técnico; es también que en mitad de temporada te desestabilizan la normalidad con una oferta, patrióticamente irrechazable, para su entrenador; es también que los que hicieron grande al club quieren volver fuera de su tiempo histórico, provocando más olas que sosiego; es también que a su entrenador le entra con los tacos por delante el destino; y es también que, en mitad de toda esta turbonada, va un buen futbolista y se te convierte en un mal profesional. Lo del cigarrón francocongoleño solo tiene una palabra. Como ya la sabéis, la omito.

Nzonzi es el nuevo escollo. Importante escollo. Ha sido la piedra angular del equipo hasta que él mismo se ha borrado de la nómina. Seguramente porque quiere irse. Lo viene pregonando desde hace muchos meses. Su indolencia y su apatía en determinadas secuencias de su fútbol invitaban a pensar que no estaba a gusto. Era un pregón tan evidente como el que se da en el Maestranza el domingo de Pasión. Y ese malestar no se quedaba encerrado en su casa con él y su mismidad. Lo llevaba a cuestas allá donde iba. Lo desparramaba por el campo, por los potreros de entrenamiento y por el vestuario. El pasaje desagradabilísimo que propició su agrio desencuentro con Berizzo el día del Liverpool, conocida por la plantilla la enfermedad del mister desde el partido del Celta, solo habla de su falta de sensibilidad o del grado indeseable de su compromiso profesional. O de ambas cosas a la vez. Sabemos que no es una carreta rociera. Que no tiene en su alma las seis cuerdas de una guitarra. Ni la facultad de Caracol de cantar por zambras con la alegría del cielo. Retraído, tímido, difícil, el vasco Unai lo mandó cuatro días a su casa a que reflexionara, recapacitara y regresara cuando la normalidad de sus emociones lo permitiera. Bien es verdad que entonces, el cigarrón, andaba de pleitos con una chica y no tenía la cabeza en su sitio. Pero ahora no es esa la cuestión. Ahora sus motivaciones son otras. Y ya ni siquiera pesa la renovación ventajosa de su compromiso profesional para esperar a que la temporada concluya. Se quiere ir. Aspira a más. En su derecho está. Como lo están el club y el sevillismo de sentirse respaldados por los acuerdos legales alcanzados. Para casos de rebeldía o desafección con el escudo, la bandera y la afición yo aplicaría siempre el 155. Y tan contentos. ¿Nos puede preocupar este asunto cuando llevamos tanta fatiguita asimilada y tenemos por delante al Depor, al Maribor y al Madrid del desafortunado Bale? ¿No vamos a remontar un episodio de cables cruzados de un futbolista cuando de aquí se han ido estrellas mundiales indiscutibles? Estamos en nuestra zona de bienestar. Donde mejor resolvemos. Nos hemos acostumbrado a vivir peligrosamente. Y eso es muy loable.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión