Joaquín Caparrós y Pablo Machín en el acto de Fieles de Nervión (Foto: J. J. Úbeda/ABC)
Joaquín Caparrós y Pablo Machín en el acto de Fieles de Nervión (Foto: J. J. Úbeda/ABC)

Caparrós, estandarte inesperado

Si antes de marcharse Monchi a los sevillistas les dicen que Caparrós y Machín iban a encabezar el proyecto, muchos se hubieran llevado las manos a la cabeza
Por  9:48 h.

Joaquín Caparrós siempre ha sido un ídolo para el sevillismo. De eso no hay dudas. Y, evidentemente, por méritos propios. Apareció en una época muy delicada y consiguió llevar al equipo a unas cotas que pocos podía imaginar. Luego, durante años y años, siguió pregonando su amor al Sevilla FC por todos los lugares en los que estuvo. Por eso se sabía que, si algún día volvía a Nervión, lo iba a hacer con el apoyo de la grada. Y así ha sido. El utrerano, que ya tenía pactado su regreso al club para un cargo intermedio entre la dirección deportiva y el banquillo, se tuvo que «comer» el marrón de la recta final de LaLiga. Y cumplió. Con creces, además. Pero él mismo dejó claro que ni iba a ser el entrenador para la próxima campaña ni iba a ser el sustituto de Óscar Arias. Es más, sobre este asunto dijo que no estaba preparado para el cargo. Pero todo cambió cuando el Sevilla se puso a buscar y se encontró con negativas por diferentes aspectos, llegándose al punto de que Caparrós ha tenido que aceptar ser el director deportivo de la entidad, por más que le hayan puesto otro nombre: director de fútbol.

No sólo eso. Ahora, sin lugar a dudas, el utrerano es el estandarte de la entidad. Sólo hay que ver lo que ocurrió el pasado miércoles en el acto de Fieles de Nervión. Caparrós fue el único vitoreado por los asistentes. Hasta tal punto que José Castro tuvo que romper con el protocolo y dejó al ahora director de fútbol, en presencia también de Pablo Machín, cerrar el acto con unas palabras que fueron más una arenga que un discurso. Agradeció el cariño y «encendió» a los sevillistas, los cuales muestran una ilusión que, hace un año, nadie hubiera imaginado. Porque, lógicamente, no voy a ir de adivino. No sé cómo lo va a hacer el utrerano en una parcela en la que no tiene experiencia, ojalá tenga suerte, pero sí tengo claro que, si justo antes de marcharse Monchi, a los aficionados se les hubiera dicho que poco más de un año después su director deportivo iba a ser Caparrós y su entrenador, Machín, muchos se hubieran llevado las manos a la cabeza. Nadie lo hubiera esperado y casi todos hubieran pensado que el nivel, a priori, había descendido. Eso es una realidad. Pero ahora serán dichos protagonistas los que demuestren, con hechos, si todos esos se habrían equivocado o no.

Ramón Román

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