Joaquín Caparrós, José Castro y Gabriel Ramos, en la sala de prensa del Sevilla (Raúl Doblado)
Joaquín Caparrós, José Castro y Gabriel Ramos, en la sala de prensa del Sevilla (Raúl Doblado)

Caparrós, revulsivo y paraguas

La decisión, a la desesperada, quizás es la más correcta vista la situación
Por  10:18 h.

El Sevilla necesitaba cambiar de entrenador. Era algo evidente después de la bochornosa derrota contra el Barcelona en la final de la Copa del Rey. Pero el club, con José Castro a la cabeza, tiró por el camino de en medio. Anunció medidas, pero se quedó en una destitución en diferido del director deportivo, Óscar Arias, y el anuncio de la confianza en Vincenzo Montella. Es decir, nada inmediato. Ningún golpe encima de la mesa para revertir la situación. Y pasó lo que era previsible que pasara. Los de Nervión volvieron a perder en LaLiga, esta vez ante un Levante que se jugaba la permanencia, complicándose todavía más la clasificación europea. Entonces sí, con una semana de retraso, el consejo de administración actuó para intentar evitar el fracaso. Y la acción, como suele ocurrir a estas alturas y cuando ya se han dado varios bandazos, ha sido a la desesperada. La decisión tomada no tiene por qué ser equivocada, de hecho, para cómo están las cosas, quizás sea la mejor posible, pero lo que queda claro que era la última bala de Castro y su consejo.

El elegido para salir de esta crisis ha sido Joaquín Caparrós, sevillista de los pies a la cabeza que ya estaba previsto que volviera la próxima temporada pero lejos de los banquillos. Es más, se puede decir que ya estaba retirado de ellos. El tiempo del utrerano como entrenador ya pasó y él mismo tenía claro que la vuelta a su casa debía ser lejos del terreno de juego, aunque ha aceptado «comerse» este marrón. Los números como técnico, los más recientes -los que tuvo en el Sevilla en su primera etapa siempre serán recordados-, no invitan al optimismo (acumula 19 jornadas sin ganar en Primera, catorce de ellas con el Granada y cinco con el Osasuna), pero lo cierto es que con el equipo muerto en lo físico y en lo mental todo eso va a importar poco. Los de Nervión necesitaban que alguien agitara el vestuario, que llegara una persona que intentara levantar el ánimo de los jugadores. Y para eso Caparrós, quizás, es el mejor. Y también para servir de escudo, de paraguas, al presidente. Porque no hay que esconder que la figura de José Castro ha quedado muy tocada después de los últimos acontecimientos.

Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes en ABC de Sevilla
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Carolina Alés pide perdón: “Soy de todo menos clasista” https://t.co/mMjm4wXj89#SevillaFC vía @muchodeportecom @Orgullo_Nervion - 13 horas ago