Reyes celebra su gol al Villarreal en el Sánchez-Pizjuán
Reyes celebra su gol al Villarreal en el Sánchez-Pizjuán

Dolor

Reyes vivió con la intensidad de un niño y con el balón en los pies pudo ser lo que quiso
Por  21:18 h.

Se quiebra el corazón como se resquebrajaban aquellas defensas ante sus amagos. Se va una vida demasiado pronto. Dos, en realidad. Con mucho por hacer y regando de dolor a los que nos quedamos. Precoz en su fútbol, adelantado a su tiempo sobre el campo y diciendo adiós antes de lo esperado. José Antonio Reyes tuvo en sus botas el don de convertirse en el ídolo que cualquiera hubiera soñado. Y lo fue. Porque la catarata de reacciones a su muerte así lo atestigua. Tanto cariño no es casual. A veces la muerte nos hace mejores pero Reyes ya lo era sobre el terreno de juego.

Vivió con la intensidad de un niño que se fue haciendo grande. También con sus dosis de inocencia o picardía convertidas en irresponsabilidad en situaciones como la que retrata su triste final. Esos pómulos marcados, esos ojos brillantes, esa sonrisa de bienvenida y esa capacidad innata de escapar hacia sus lugares de seguridad. El balón era su lenguaje. Pocos fueron más locuaces a tan corta edad como cuando se estrenó para convertirse en un futbolista que ajustó los cimientos del Sevilla que sería campeón. Y lo supo de tal manera que tenía que volver para levantar él mismo las copas que se acercaron a Nervión gracias a la millonada que dejó el Arsenal por sus servicios. Mucho se ha hablado de su experiencia en Londres y quizás en esa embajada de Utrera que era su casa inglesa se condensa lo que era una persona tan peculiar y tan querida allá por donde fue.

Su fútbol lo vieron todos. Su sentido del humor era más íntimo. Recuerdo una anécdota de joven periodista con imberbe futbolista. En el aeropuerto de San Pablo llegaba Reyes de jugar con las categorías inferiores de la selección española. En la zona de recogida de maletas esperábamos con la libreta preparada para tomar unas declaraciones. Reyes se acercó, nos tomó el bolígrafo y nos firmó un autógrafo. Con una sonrisa en los labios. Luego chocó las manos y comenzó la charla. Ahí era más comedido e iba con el discurso preparado pero en ocasiones se soltaba y su sinceridad a veces le jugó malas pasadas.

Reyes se ha ido sin despedirse. Ni siquiera le dio tiempo a colgar las botas. Deja en la retina golazos y amistades inolvidables. Pero también un debe en su carrera. No está en la foto de los campeones del mundo de 2010. Era su generación. Por sus condiciones tenía que estar en esa selección pero Reyes había decidido no ser el más grande para todos sino sólo para los suyos. Buscó el acomodo y el refugio de jugar donde se sentía querido y arropado, donde podía ser él mismo. Unai Emery lo explica perfectamente con sus activaciones y desactivaciones en función de lo que le motivara el partido (derbi) o el momento de la temporada (cerca de las finales). Ahí sacaba a pasear su enorme calidad. Futbolista de trazo fino y gotas de oro. Cuando quería. Porque eso es un don. Hay tantos que quieren y no pueden…

Se ha ido Reyes pero sigue estando en las cuatro esquinas de Nervión. No se puede olvidar a quien emocionó tantas veces a esa grada. El último que levantó un título con el Sevilla. Lo alzó al cielo, allí donde está Antonio Puerta. Coinciden dos grandes que se fueron demasiado pronto cruzando el umbral del Sánchez-Pizjuán. Tantos recuerdos en la capilla ardiente de ayer con respecto a aquel día de 2007. Qué dolor para un sevillismo que no quiere despedir así a más ídolos. Que sueña con que se hagan viejos recordando esas batallas ganadas junto a ti, Jose. Descansa en paz.

Mateo González

Mateo González

Jefe de Sección de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Mateo González

@Matglez

Periodista / Journalist. Redactor Jefe de Deportes de @abcdesevilla, @AFDLP y @Orgullo_Nervion RT no significa estar de acuerdo
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