Caparrós y Setién se saludan antes del derbi (Foto: J. J. ÚBEDA)
Caparrós y Setién se saludan antes del derbi (Foto: J. J. ÚBEDA)

Equilibrio

Caparrós, Setién, Sarabia o Jesé, cruces y caras de un derbi que no dejó indiferente a nadie, otra vez
Por  10:15 h.

Cada vez es más difícil ser equilibrado. No digamos estarlo. En el fútbol todo lo justifican las pasiones. En el saco de impulsos, arrebatos y sentimientos cabe cualquier cosa. Pero no. Hay cosas que no. Aunque nos hayamos acostumbrado a ello. A que las bandas sonoras incluyan deseos de muerte y otras lindezas. Ya sea en los dos campos como en los veinte estadios. No es un asunto local, va más allá. Pero, claro, Sevilla es lo que nos importa en esta esquina. Y también lo que utilizan otros para dar ejemplo. Tantas veces. Por ello resulta de una torpeza supina meter balas en el tambor de aquellos que están pendientes de las pasiones de Sevilla para alimentar el estereotipo folclórico, chabacano o troglodita. Sobran los que insultan. Pero también los que desde una posición privilegiada no saben comportarse. Quizás tengan más culpa éstos que aquellos. Los que llevan medio millar de días saliendo a competir. Ni la broma de Joaquín con Praga fue graciosa ni Caparrós supo comportarse tras ganar el derbi. Con lo bonito que es un partido tan equilibrado como el que vimos el sábado, qué necesidad había de darle una patada a los diques de contención de los desatados. Sobre todo después de una semana de buenos mensajes. No son errores infantiles. Ni piques sanos. No hay por dónde cogerlo.
Valorar un derbi es como pasear por el alambre sin red. Sobre todo cuando es tan igualado, tan parejo. Cada día son más acusadas las dioptrías entre quienes miran a través del cristal de los colores de su equipo. Y los debates se multiplican hacia dentro. Lo mejor para el Sevilla es que en una temporada que pudo ser mejor (fue líder algunas jornadas y aspiraba a mayores cotas pero el equipo se cayó y tuvo que cambia de técnico) ya está distanciando a nueve puntos a su eterno rival y acaricia la zona de Liga de Campeones gracias a la fenomenal reacción con Caparrós. Mientras que para los verdiblancos todo son lamentos por las ocasiones falladas mientras, en frío, queda la sensación de que ya pasó el tiempo en el que no competía de igual a igual al Sevilla. Cuando algunos despreciaban los derbis, que se celebran como siempre. En dos años ha conseguido mirarle cara a cara con la diferencia abismal de presupuesto. No es un consuelo. Es la realidad. También que sigue fuera de su objetivo y que cada vez tiene más rivales directos que vienen desde abajo.
Desequilibrio es el que inyecta Sarabia cuando coge la pelota y de la misma manera te fabrica un regalo de gol que lo empuja a la red. Su temporada no baja del sobresaliente. Difícil de entender que no aparezca en los planes de Luis Enrique. Poco más puede hacer ya para merecerlo. Le mirará con envidia Jesé, que pudo salir del derbi a hombros por la puerta grande hasta su casa para que los aficionados béticos lo arroparan con cariño y lo hace hundido y denostado por sus seguidores. En clave bética quedará como el derbi que falló Jesé, vivo ejemplo de la falta de equilibrio en la plantilla de un equipo que perdió a su delantero centro en enero y que reparte dudas por igual en las dos áreas, lo que más castiga el fútbol, sin duda, porque ahí está el éxito de los triunfos y los fracasos. Ahora mantener el equilibrio es una cuestión clave en seis jornadas que pondrán a cada uno en su sitio. Y también después para valorarlas. En el Sevilla flotan con el efecto Caparrós y en el Betis esperan a ver si hay un salto final para saber con qué nota acabarán un curso al que cada vez le quedan menos espacios grises.

Mateo González

Mateo González

Jefe de Sección de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Mateo González

@Matglez

Periodista / Journalist. Redactor Jefe de Deportes de @abcdesevilla, @AFDLP y @Orgullo_Nervion RT no significa estar de acuerdo
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