Pablo Machín
Pablo Machín

Al Sevilla lo alcanzan con el tren de la bruja

Lo nuevo, tras el numerito de Villarreal, es la aparición del presidente entre los exigidos por los seguidores a ofrecer soluciones al mal momento
Por  23:14 h.
Ya conocen el chiste: van Iñakí y Patxi por el bosque en busca de setas; el primero encuentra un rolex de oro y el segundo, enfadado, le pregunta: ¿a qué vamos, a setas o a rolex? Pues en la mañana de ayer, tras la nueva cantada en Villarreal, los sevillistas amanecieron divididos: ¿a qué vamos, a sensaciones o a clasificación?, se preguntaban en el desayuno. Aún se puede fardar de puesto en la tabla (antes de surf en la cresta de la ola, ahora a punto de convertirse en de planchar) y de buen palmito en Europa. Pero llegan Lazio y Barcelona al Sánchez-Pizjuán y el colchón de que se gozaba en la Liga ya no es sino una fina lámina de gomaespuma.
Lo cierto es que las sensaciones son horribles y la clasificación y rendimiento global de la temporada, buenos. ¿Qué ocurre entonces? Pues que la mayoría son ya pesimistas: siendo optimistas se cuidaron de informarse bien. Seis puntos de veinticuatro posibles denotan una crisis notable y si el Sevilla se ha mantenido en el cuarto puesto en su transcurso es más por demérito de sus perseguidores, empeñados en alcanzarlo montados en el tren de la bruja, que por méritos propios.
Cómo será la problemática, que Pablo Machín ha conseguido algo complicado: poner de acuerdo a la afición y a los medios. Ambos opinan que algo habrá que hacer. Lo nuevo, tras el numerito de Villarreal, es la aparición del presidente entre los exigidos por los seguidores a ofrecer soluciones al mal momento. Sólo si el entrenador nos las tiene, no las sabe, no las encuentra, claro, pero todo el mundo sabe adónde lleva eso.
El tiempo cura muchas cosas, pero entre ellas no está el fútbol. Machín se remitía a los veinte disparos a puerta de su equipo para argumentar que el gol llegará, pero no decía nada del desastre defensivo en el estadio de la Cerámica, de la pusilanimidad de los suyos en los primeros veinticinco minutos y del mal juego en todo el primer tiempo, del asco que algún jugador le parecía tener al partido, de la crónica ineficiencia de su sistema fuera de casa, del flojo papel de los no habituales, de su invisibilidad como responsable del sempiterno grupo de náufragos en aguas ajenas. Hay tiempo para reaccionar. ¿Ideas también?
Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla